Las catacumbas


Las catacumbas son redes de túneles subterráneos donde la iglesia cristiana del primer siglo en Roma se reunía clandestinamente.

En sus paredes se han encontrado muchos dibujos representando a un pez. Esos dibujos eran usados como una marca para que los nuevos creyentes supieran que ahí era el lugar de reunión. Esto debido a la persecución que sufrían los cristianos.

Hoy día cuando asistimos a nuestras reuniones y nos damos cuenta de que alguien ha faltado podemos pensar que se le ha presentado alguna contingencia, quizá algún compromiso ineludible o algo imprevisto. Jamás se nos ocurre pensar que algo grave pudiera haberle ocurrido a esa persona que no se congregó.


Pero en la iglesia de las catacumbas no era así. Si alguien faltaba ellos sabían que era porque lo habían arrestado o porque lo habían matado. Y es que durante mucho tiempo en el imperio romano ser cristiano era un delito.

Así, a muchos de nuestros hermanos cristianos que fueron perseguidos por el imperio romano los asaron vivos, los decapitaron, los crucificaron o les hicieron sufrir alguna otra muerte horrenda; hubo inclusive familias enteras devoradas por los leones en el circo.

Sin embargo ellos soportaban morir y ver morir a sus seres queridos por una sola razón: en cada reunión recibían la poderosa presencia de nuestro Señor Jesucristo.

Y es que cuando hay tribulación, El Señor se mueve de una forma especial en medio de su pueblo.

Cuando las dificultades vienen a mi vida, pienso en mis hermanos que murieron martirizados y aun en aquellos que hoy día están siendo maltratados en otras partes del mundo. Y entonces mis problemas ya no se ven tan grandes. Es cuando se me ocurre pensar que a veces me fijo más en lo poco que me hace falta y no veo lo mucho que tengo.

En medio de la tribulación llamemos a Jesús y Él, igual que hace dos mil años, caminará entre su iglesia y dará consuelo a quienes invoquen su Nombre.

Lectura: Mateo 18:20 / Juan 17:14

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