Marta y María


Jesús y sus discípulos pasaron por un pueblo. Allí, una mujer llamada Marta recibió a Jesús en su casa. En la casa también estaba María, que era hermana de Marta. María se sentó junto a Jesús y escuchaba atentamente lo que él decía. Marta en cambio, estaba ocupada en preparar la comida y en los quehaceres de la casa. Por eso, se acercó a Jesús y le dijo:

—Señor, ¿No te importa que mi hermana me deje sola haciendo todo el trabajo de la casa? Dile que me ayude.
Pero Jesús le contestó:

—Marta, Marta, ¿Porqué te preocupas por tantas cosas? Hay algo más importante. María lo ha elegido y nadie se lo va a quitar.

Hasta hace un tiempo yo no podía evitar portarme como Marta. Vivía preocupado por demasiadas cosas que ahora sé no eran realmente importantes.

El Señor pacientemente trató esto conmigo más de una vez. Él sabía que mi felicidad estaba de por medio.

Un día de pronto me di cuenta porqué no podía dejar de afanarme por las cosas materiales. Y era que mi estado de ánimo estaba en función del dinero que había en mi bolsillo.

Cuando tenía dinero era alegre y optimista, pero cuando me faltaba, me portaba gruñón e impaciente. Por eso es que me afanaba por tantas cosas, porque ellas me daban una falsa sensación de seguridad y alegría.

Y ahora he entendido que mi alegría debe venir del Señor y no del dinero que tenga en mi cuenta de banco o en mi cartera. De los autos que haya en mi cochera o de lo grande que sea mi casa.

Dios me ha enseñado que si busco primero el reino de los Cielos todas las cosas, a su debido tiempo, me serán añadidas.
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Pasaje: Lucas 10:38-42


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