Los campos blancos y listos para la siega

¿Porqué el pasaje de Juan dice que los campos ya están blancos y listos para la siega?



El pasaje dice así:
¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos  para la siega. Juan 4: 35

En realidad lo que el pasaje quiere dar a entender no es que los campos se hagan de color blanco, sino que se aclaran.



Y es que cuando el trigo empieza a brotar, su color es verde, pero conforme comienza a madurar va a adquiriendo su característico color dorado.

Es el mismo caso del pasaje de la cizaña.

Esa misma analogía, El Señor Jesucristo la usa para enseñar cómo se diferenciarán los falsos cristianos de los verdaderos al final de los tiempos, cuando se sieguen los campos y se recoja la cosecha (Apocalipsis 14:14-20).

El les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? El les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero. Mateo 13:28-30

Esto porque mientras que el trigo no madure conservará su color verde, pero conforme va madurando va haciéndose diferente a la cizaña, pues ésta es siempre verde.

La fe inmadura es como el trigo verde

El proceso de maduración del trigo nos ofrece una bella lección de cómo la fe del creyente debe transformarse.

Al comenzar alguien en algún oficio metafóricamente se dice "aún está muy verde" o "aún no se le ve color", "todavía no pinta" o "está tierno aún" estas frases provienen de la enseñanza que la maduración del trigo nos da y se refieren a quien todavía no ha acabado de desarrollar su potencial.


Algo parecido sucede con todos los que iniciamos el camino de la fe. Cuando nuestra fe acaba de surgir, se parece a las espigas de trigo aún verdes, porque ha iniciado un proceso de maduración.

Así como las espigas de trigo se espera que un día maduren, así también nuestra fe debe transformarse para dar muestras de un crecimiento espiritual.

La inmadurez espiritual: el egoísmo

El color verde del trigo, que denota su inmadurez, simboliza el egoísmo de todo creyente nuevo. Todos al comenzar nuestro camino en la fe estamos dominados por el egoísmo. Nos distinguimos por buscar lo nuestro.

Los falsos maestros enseñan que en el servicio a Dios debemos anhelar tener abundante dinero, bienes materiales o popularidad, y engañan a los cristianos inmaduros enseñándoles a lucrar con la Palabra, reforzando de esa manera su egoísmo.

Sin embrago la Palabra manda ir hacia el lado contrario: el amor incondicional que no busca lo suyo (1 Corintios 13).

Nada mejor para ejemplificar a los falsos maestros y su influencia nociva que la cizaña, pues con sus enseñanzas venenosas no permiten a la gente madurar en su fe provocando que sus discípulos se queden siempre estancados en su inmadurez egoísta.

La madurez espiritual está del otro lado del egoísmo: es el amor.

El color dorado del trigo, el cual denota su grado de madurez total, es el amor en el que se ha transformado nuestra fe.

Así como la cizaña nunca cambia, los falsos cristianos permanecen siempre igual: en sus inmaduras malas obras de las que nunca se arrepienten.

Pero nosotros, como el trigo, vamos madurando conforme se acerca la siega, y al momento de esta, ya somos completamente diferentes a la cizaña.

Esa es la diferencia entre lo plantado por el Padre celestial y lo plantado por su enemigo: la maduración. El crecimiento espiritual constante.

El trigo y la espiritualidad

Por eso el Señor nos relaciona con el trigo, porque al contrario de la cizaña, que casi no crece, el trigo crece hacia el cielo y va despegando su cabeza de la tierra. La cizaña siempre está en lo terrenal, el trigo busca lo espiritual. Así como la semilla de trigo muere y es enterrada y luego brota la espiga hacia el cielo, de la misma manera si morimos a nuestros propios deseos, a nuestra propia vida en este mundo, comenzaremos nuestro camino hacia la espiritualidad.