La Palabra, el alimento espiritual por excelencia



La Palabra de Dios es el ÚNICO alimento espiritual que da vida eterna.

Cada alimento mencionado en la Palabra es un símbolo cuyo significado debemos conocer: el fruto prohibido del Génesis, el maná que caía del cielo, las codornices que codiciaban los israelitas; la cebada, el trigo, la sal, la levadura, el vino, los frutos, el aceite, los peces…

La ley de Moisés, además del fruto del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal (Génesis 2:15-17), menciona en Levítico 11 una serie de alimentos prohibidos como el cerdo, la rata, el conejo, etc. los cuales también guardan cada uno en sí mismos un interesantísimo simbolismo que a la brevedad posible nos es necesario abordar, pues es información vital para una vida espiritual saludable.

No solo de pan vivirá el hombre


 …para hacerte saber que no solo de pan vivirá el hombre. Deuteronomio 8:3


La Palabra de Dios enseña que no solo debemos alimentar el cuerpo físico, sino que también nuestro ser interior necesita alimentarse. Pero el alimento que necesita nuestro ser interior es diferente al físico, que entra por la boca, pues al ser espiritual -como lo veremos más adelante- ha de entrar por el oído.

Así como nuestro cuerpo físico requiere buen alimento, también nuestro ser interior necesita alimentarse correctamente. Si no comemos a nuestras horas comenzamos a desfallecer y no estamos listos para los desafíos que la cada vez más exigente vida cotidiana nos presenta.

De la misma manera, sin el alimento espiritual sano, nuestro ser interior desfallece y cuando viene la prueba, caemos en tentación.

Alimento espiritual chatarra

Asimismo, como tampoco es bueno comer comida chatarra en la calle y a toda hora, pues nuestro cuerpo al estar mal alimentado enferma. Tampoco debemos ni acercarnos a comer de la porquería de alimento espiritual defectuoso y lleno de inmundicias que ofrecen los falsos profetas, que además de ser caro es malo.

Solo basta saber cómo se expresa nuestro Señor de las enseñanzas de los falsos profetas que son inmundas y abominables (En parte a ellos se refiere el capítulo de Levítico 11 que ya mencioné atrás).
…toda mesa está llena de vómito. Isaías 28:8


Acostumbrarse a comer de las suciedades que sirven los falsos profetas es tan mortal como comer diariamente para desayuno, comida y cena, hamburguesas y pizzas grasosas elaboradas con las manos sin lavar, llenas de pelos y todo tipo de secreciones de quien las cocinó; y visitadas por asquerosos animalejos aborrecibles (no exagero, la bendita ley de Moisés nos muestra que así de abominables son sus enseñanzas de ellos, ya lo verán cuando estudiemos a los chefs de la antigüedad que son los levitas).


La importancia de alimentarse sanamente

Si comemos alimentos dañinos, a la larga nuestro cuerpo engorda y nos exponemos a los infartos o enfermedades como la diabetes; se nos pican los dientes, se nos infecta el intestino, etc.

Pues así como tenemos cuidado al alimentarnos físicamente debemos ser exigentes para la comida que nos alimenta el espíritu. También debemos tomar el buen hábito de comer alimento espiritual sano y limpio.


El alimento espiritual sano

En resumen, la Palabra nos enseña que existen dos clases de alimento espiritual: el sano y el que mata. Por supuesto la Palabra nos insta a tomar el alimento espiritual puro y sin levadura que de Ella misma emana y que además, a diferencia del que ofrecen los falsos profetas, es gratuito y sano, pues da vida eterna:

A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura. Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David. Isaías 55:1-3

Como ya dijimos, este pasaje nos muestra que a diferencia del alimento físico, el alimento espiritual sano, limpio y gratuito entra por los oídos, pero igual va para adentro y nos nutre y fortalece.

Chefs y comensales

La Palabra de Dios nos enseña que tanto los que preparan el alimento espiritual, como los que lo comen deben ser exigentes. No está nada mal que los maestros de la Palabra profundicen en las ordenanzas a los levitas quienes servían en el altar. Ordenanzas que por cierto hoy día aplican los modernos chefs, como lavarse las manos, usar gorro, bata, etc., y que también, por supuesto, como todo rito, tienen implícito un significado espiritual.

Todos sabemos lo exigentes que son en su alimentación aquellos judíos obedientes a la ley de Moisés. Nosotros los cristianos, que de la ley de Moisés solo debemos extraer su significado espiritual, necesitamos ser igualmente exigentes en nuestra alimentación espiritual. 

No es que debamos abstenernos de comer cerdo o conejo (Marcos 7: 19 / Hechos 15:1-24). Sino debemos abstenernos de comer el alimento espiritual inmundo que esos animales representan (Marcos 7:18-23) (Al final de esta entrada dejo el enlace del artículo titulado "Los alimentos prohibidos" en el que ahondamos un poco más en esto).


Así que la Palabra no solo exige que los alimentos espirituales que se llevan al pueblo sean preparados con amor, excelencia y limpieza, sino también requiere de los comensales espirituales desarrollar buen gusto por la comida; que seamos más exigentes en lo que nos llevamos al corazón y evitar en lo posible comer alimento malo; hacerle gestos al alimento espiritual sucio, mosqueado y lleno de inmundicias de los falsos profetas.


Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Señor Dios de los ejércitos. Jeremías 15:16
Me dijo: Hijo de hombre, come lo que hallas; come este rollo, y ve y habla a la casa de Israel. Y abrí mi boca, y me hizo comer aquel rollo. Y me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre, y llena tus entrañas de este rollo que yo te doy. Y lo comí, y fue en mi boca dulce como miel. Ezequiel 3:1-3
Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Mateo 4:4