La prueba del oro: ¿Por qué padecemos los hijos de Dios?


Una vez que los joyeros han de comprobar el verdadero valor de una pieza que se presuma como oro, la sumergen en ácido nítrico, el cual tiene la capacidad de consumir todo metal que no sea oro. A esta prueba se le conoce como la “Prueba del ácido”.

Algo muy parecido se hacía en la antigüedad para comprobar si alguna pieza era en verdad de oro o solo era una pobre aleación con otro metal: le llamaban la “Prueba de fuego”, y consistía simplemente en derretir la pieza y el oro que era más pesado se iba al fondo del recipiente, mientras que cualquier otro metal flotaba.

Cuando los cristianos de las provincias comenzaron a sufrir la horrible persecución a manos del emperador Nerón, el apóstol Pedro les escribía:

En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo. 1 Pedro 1:6-7

A veces quizá nos preguntemos porqué razón si somos hijos de Dios tenemos qué padecer. Seguramente los cristianos del primer siglo se hacían la misma pregunta, por lo que Pedro se apresuró a escribirles su preciosa carta que a nosotros también nos da respuesta: Ese es el propósito de las pruebas, refinar la fe del creyente y limpiarla de impurezas. A través de las pruebas, como al oro, Dios nos perfecciona. Por que es necesario que nuestra fe, que para Dios es todavía más preciosa que el oro, también sea purificada (Hechos 14:22).

El Señor Jesucristo en su mensaje a la iglesia en Esmirna le dice:

Yo conozco tus obras, y tu tribulación y tu pobreza, pero tú eres rico…Apocalipsis 2:9

Debido a la persecución, la iglesia en Esmirna, no era rica en bienes materiales, pero las pruebas que habían limpiado de impurezas su fe, le había llenado de tesoros en el Cielo.


Por el contrario, a la iglesia en Laodicea, no muchos kilómetros separada de la iglesia en Esmirna, le dice:

Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto yo te aconsejo que de mí compres ORO REFINADO EN FUEGO, para que seas rico…Apocalipsis 3:17-18

Los de la iglesia en Laodicea basaban su vida cristiana en la seguridad que dan los bienes terrenales, y eran reacios a soportar las pruebas que necesariamente debían limpiar su fe. El Señor Jesucristo les recomienda hacerse de riquezas verdaderas, que son las que nos esperan en la siguiente vida (1 Pedro 1:4), y no darle tanta importancia a las terrenales.

Mejor es mi fruto que el oro, y que el oro refinado; Y mi rédito mejor que la plata escogida. Proverbios 8:19

¿Quién apreciará más el gozo de la vida eterna? ¿Alguien que en esta vida lo tuvo todo y no pasó carencias y penas? ¿O aquellos que sufrieron y padecieron?

Pienso que alguien que no ha tenido carencias y problemas en la vida difícilmente va a apreciar la verdadera felicidad. Solo alguien que ha sufrido en la vida puede apreciar la dicha perfecta que nos espera al lado de nuestro Señor, allá en el Cielo.

Así que nuestro apóstol Pedro nos dice que no debemos extrañarnos  que a nuestra vida lleguen las pruebas, ya sea en forma de persecución, necesidad, enfermedad, o la pérdida de seres queridos, pues es parte de la vida cristiana y es la forma en al que Dios limpia nuestra fe.

Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. 1 Pedro 4:12

Y por su parte nuestro apóstol Pablo también nos consuela con la esperanza de la vida venidera:
Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Romanos 8:18

Si bien, en este mundo hallamos consuelo al estar llenos del Espíritu Santo, en realidad solo seremos plenamente dichosos al entrar en nuestra herencia que no está aquí, donde el ladrón hurta y el orín corrompe, sino en el Cielo.

Para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en el cielo para vosotros. 1 Pedro 1:4

Nada en esta vida está fuera del control de nuestro Padre que está en los Cielos y que nos ama más que nadie. Descansemos en Él, y que en medio de la tribulación de nuestra boca solo salgan alabanzas sabiendo que la dicha que nos espera allá arriba, en nada se comparará a lo que padecimos en esta tierra. Porque a los que amamos a nuestro Señor todas las cosas nos ayudan a bien (Romanos 8:28).
Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Filipenses 4:6-7

¡Comparte!

Anuncio