Parábola del hombre rico: las riquezas verdaderas


Honra a El Señor con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; Y serán llenos tus graneros con abundancia y tus lagares rebosarán de mosto. Proverbios 3:9-10


La alegría de Tabernáculos

Este pasaje alude a la época de Tabernáculos, al final del año (Éxodo 23:16) cuando los graneros rebosaban llenos y en los lagares, donde ya se comenzaba a pisar la uva para convertirla en vino, se cantaban las mismas canciones de júbilo (Jeremías 25:30 / Jeremías 48:33) que todo el pueblo, una vez reunido en Jerusalén, cantaría al unísono (Salmo 133:1) en el festival más feliz del año (Salmo 118:15). (Justamente las coloridas danzas que ahora vemos en muchas congregaciones pertenecen a esta celebración).

En esta época, como en ninguna otra, los corazones de la gente rebosaban de alegría, porque todo el año habían trabajado arduamente y esta era la estación en la que se disfrutaba de lo que con tanto esfuerzo se había sembrado.

Y el Señor Jesús, (como en todas sus enseñanzas, las cuales son interpretaciones de la Ley) nos habla de esta fiesta:

También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios. Lucas 12:16-21

Esta enseñanza está ubicada precisamente en la época de Tabernáculos, en la que, ya lo dijimos, los graneros rebosan llenos, por lo que la algarabía se desbordaba en el ambiente. Pero lo curioso es que, aunque el hombre de la historia aparentemente hace lo que la Ley manda, que es estar verdaderamente alegre (Deuteronomio 16:15) el Señor Jesucristo le llama necio. ¿Por qué?

Estarás verdaderamente alegre

Siete días celebrarás fiesta solemne a El Señor tu Dios en el lugar que Él escogiere; porque te habrá bendecido El Señor tu Dios en todos tus frutos, y en toda la obra de tus manos, y estarás verdaderamente alegre. Deuteronomio 16:15

Nuestro Señor le llama necio, porque lo que el hombre de la historia hace no es estar verdaderamente alegre, como lo manda la ley de Moisés.

Para saber lo que significa estar verdaderamente alegre deberemos entender antes qué son las verdaderas riquezas.


Las riquezas verdaderas 

¿Qué sucedía en el corazón de los israelitas cuando veían los graneros repletos de grano, y el vino estaba a punto de estar listo? Pues lo mismo que en el nuestro cuando recibimos abundancia de bienes terrenales, que estallamos en júbilo a más no poder.

Las riquezas de aquellos tiempos consistían en tener para comer, porque al no estar el alimento asegurado, la mayor preocupación y afán de los hombres era el qué iban a comer ese día (Lucas 12:29), pero una vez teniendo el problema resuelto, las preocupaciones terminaban.

Y ese es precisamente el efecto que causan las riquezas terrenales en el corazón de los hombres de todas las épocas. Por eso los hombres nos afanamos tanto buscando las riquezas terrenales: porque, aunque sea por tan solo un breve lapso de tiempo, sí que nos quitan las preocupaciones y nos dan felicidad. Pero el Señor quiere que entendamos, que las riquezas terrenales ni duran, ni nos van a servir en la otra vida (Mateo 6:19). Así es que lo que nos conviene más es sembrar en esta tierra, para cosechar con júbilo en la otra vida (Mateo 6:20 / Salmos 126:5). Por que lo que cosechemos allá, nos va a durar para siempre (1 Pedro 1:4). Así que las riquezas verdaderas son las que nos van a durar por toda la eternidad.

El Señor Jesucristo, en su vocación de profeta, nos enseña así que cuando la Ley habla en términos de abundancia bienaventurada debemos ser muy cuidadosos en entender exactamente lo que quiere decir, pues a menudo, cuando Dios habla de riquezas, lo primero que el corazón del hombre desea entender son riquezas terrenales.

La alegría no debe surgir en nuestros corazones porque nuestros graneros terrenales estén llenos. Sino porque nuestros graneros celestiales, los que estamos llenando para la otra vida, están rebosando cada día más (Marcos 10:21 / Lucas 12:33  / Lucas 18:22).

Nuestro gozo no debe basarse en la cantidad que traigamos en la billetera, o el auto que tengamos en la cochera, o por el monto en nuestra cuenta del banco; si tenemos bienes materiales, ¡gloria a Dios! compartámoslos con los necesitados (1 Juan 3:17 /  Lucas 14:13-14 / 2 Corintios 9:8); pero más bien nuestra alegría debe provenir de la abundancia de la Palabra de Dios morando en nuestros corazones.

Porque aquellos graneros llenos de grano que se comía, simbolizan nuestros corazones llenos del alimento espiritual, que es la Palabra de Dios; y ese mosto -también tan característico de la estación-, es el Espíritu, que nos da el entendimiento de la Palabra y la paz, la fe, la alegría, el regocijo y el júbilo que vienen de ello.

Estaréis verdaderamente alegres 

Estar verdaderamente alegre es pues, la alegría por las verdaderas riquezas, que no son de esta tierra porque son espirituales y eternas (2 Corintios 4:18). El hombre de la historia era necio porque no quería entender que las riquezas verdaderas no son de esta tierra (Juan 4:23).

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Mateo 6:19-20

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