Cómo reconocer a un falso profeta


Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Mateo 7:15

Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. Mateo 24:24

Al final de los días muchos de los que invocaron el nombre de Jesucristo -aun teniéndose a sí mismos por cristianos o judíos- por causa de la enseñanza maligna de los falsos maestros (Mateo 24:24 / 2 Pedro 2:1-3 / 2 Tesalonicenses 2:10-12) en la resurrección serán rechazados por El Señor (Mateo 7:21- 23 / Mateo 24: 45-51 / Mateo 25: 31-46). De ahí la importancia de reconocer a los falsos maestros. Aquí abordamos unos cuantos puntos en que la Palabra nos ayuda en tal fin.


Los falsos profetas: ¿Cómo saber si la persona que nos enseña la Palabra es un falso ministro de Dios?

Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. 1 Juan 4:1

A causa de los falsos profetas (falsos ministros en general) que han salido por el mundo, la Palabra de Dios nos hace un LLAMADO URGENTE a probar a TODOS los que nos enseñan (1 Timoteo 4:1 / 2 Timoteo 4: 3-4 / 1 Juan 2:18 / 1 Juan 4:1 / 2 Juan 7-8). E inclusive los que enseñamos, tenemos el deber santo de examinarnos, no sea que haya permeado en nuestros corazones alguna levadura maligna (1 Corintios 5:8) que afecte a los que nos escuchan (Gálatas 5:7-10).

Uno de los propósitos que la Palabra ha establecido es el de evaluar el camino andado (Proverbios 15:24 / Proverbios 16:25) y si encontramos que nos hubiésemos extraviado regresar a la senda correcta (Santiago 5:19-20).

Al igual que cuando vamos al médico, al cual acudimos para conocer su diagnóstico y, si estamos enfermos, sin más le ponemos remedio, también cuando acudimos a la Palabra nos examinamos para saber el diagnóstico de nuestra salud espiritual y, en caso de encontrar alguna anomalía asimismo ponerle remedio.

Pero por más que someterse al examen de la Palabra en nuestras vidas sea un ejercicio saludable y necesario, el poner a escrutinio a quienes nos enseñan la Escritura no deja de ser un asunto sumamente doloroso y por demás delicado, pues hemos desarrollado hacia ellos un lógico vínculo de amor y lealtad. Pero nuestro amor y lealtad siempre deberá ser hacia Dios antes que hacia los hombres (Mateo 10:37 / Hechos 5:29). Y si has leído hasta aquí es porque te interesa hacer la voluntad  de Dios antes que cualquier otra cosa, aún por encima de ti o de quienes amas.

Por lo anterior, este brevísimo análisis voy a tratar de hacerlo con sumo tacto y el mayor de los respetos hacia tu persona y hacia quien te enseña la Palabra.

No vamos a hacer un estudio exhaustivo, pues eso es obra de mucho tiempo y espacio, pero en cambio vamos a examinar unos cuantos puntos que la propia Palabra nos da en principio para reconocer a los falsos ministros (2 Corintios 11:13-15)  en general (apóstoles, maestros, profetas, pastores y evangelistas).

1.- Los falsos ministros no retienen la doctrina de los apóstoles

En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo. 1 Juan 4:2-3

En los tiempos en que se escribió esta carta, los gnósticos, falsos maestros a los que alude el apóstol Juan en este pasaje, mezclaban la doctrina de los apóstoles con el tema de interés de aquella época, la filosofía griega. El resultado fue la falsa doctrina que establecía que Jesús no había padecido la crucifixión en su carne, sino que había sido una especie de espíritu (2 Juan 1:7). 

Hoy en día sucede lo mismo, los falsos ministros mezclan la Palabra de Dios con el tema de interés de esta época, que es la filosofía empresarial.

Por eso vemos al falso profeta de nuestros días siempre pronunciando frases de éxito empresarial revueltas con la Palabra. Porque no es de su interés enseñar la saludable doctrina, sino cautivar a su audiencia diciéndole cosas agradables y atractivas para el humano común (Mateo 23:5-7).

El enseñar correctamente la verdadera Palabra de Dios nos hace impopulares (Lucas 6:22 / Juan 6:66), es por ello que los falsos ministros mezclan la Palabra con doctrina de superación personal, obteniendo como resultado un amasijo de meros mensajes motivacionales (2 Pedro 2:18). Nunca los veremos llamando al pueblo al arrepentimiento por el Juicio que se avecina; nunca los veremos hablando de las cosas saludables que la Palabra manda, por temor a perder popularidad.

2.- Les mueven las riquezas terrenales

Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme. 2 Pedro 2:1-3

La profecía anuncia que será la avaricia el principal motor de los falsos maestros de los últimos tiempos. Cualquier diccionario define la avaricia como el “deseo y afán de atesorar riquezas”. El motivo por el cual los falsos ministros trabajan son las riquezas terrenales.

A pesar de que la Palabra manda que los ministros estén contentos con abrigo y sustento (1 Timoteo 6:8-10), los falsos ministros sencillamente no pueden estar contentos con lo que tienen y siempre los vemos acumulando más y más bienes terrenales (Mateo 6: 19-20) tratando de llenar el vacío que tienen en el corazón (Mateo 6:21).

3.- Son soberbios y buscan ser servidos

...no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. 1 Pedro 5:4

No obstante que el Señor Jesucristo nos manda a no hacer ostentación de título alguno (Mateo 23:8) ellos insistentemente se auto promueven como apóstoles, profetas, maestros, y demás títulos. No significa que en la iglesia no deba haber de los tales ministros, o personas altamente capacitadas para el servicio, sino que los que servimos debemos hacerlo con toda humildad, tal como el Señor nos lo puso como ejemplo (Juan 13:12-17).  Los falsos ministros usan los títulos para obligar a los creyentes a servirles haciéndoles creer que eso significa estar sujetos. Desdichadamente para quienes están bajo su influencia, los falsos profetas sobresalen por ser abusivos, controladores y manipuladores  (Mateo 20:26-28 / Mateo 23:11-12 / Mateo 24: 48-49 / 2 Corintios 11:20 / 1 Pedro 5:2-3 / 3 Juan 9-10, etc., etc…)

4.- Son lascivos, mentirosos y en general abundan en todo fruto de la carne

Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición. 2 Pedro 2:14

El falso ministro no tiene al Espíritu Santo en él, por lo que es presa fácil de sus concupiscencias. Siempre los vemos atraídos hacia las mujeres, lanzándoles piropos, besándolas disimuladamente pretextando que son cariños fraternales y ósculos santos; tocándoles los hombros o la espalda; invitándolas a tomar a solas un “inocente” café. ESA NO ES UNA CONDUCTA NORMAL DE UN SIERVO TEMEROSO DE DIOS (2 Timoteo 3:6).

Pero también tienen grandes problemas con todos los frutos de la carne en general, los cuales abundan en su carácter y a toda costa tratan de ocultarlos viviendo una doble vida, para lo cual mienten con gran facilidad y ante el menor pretexto (Colosenses 3:9 / Santiago 3:11 / 2 Timoteo 3: 1-5 / 1 Tito 1:5-9 / Gálatas 5:19-21 / Juan 8:44 / Mateo 7:15-16, etc., etc., etc… ).

¿Qué hacer si descubres que quien te está enseñando la Palabra es un falso ministro?

Primero que nada debes entender que tu relación con Dios está en peligro (2 Crónicas 19:2). Y que las emociones no deben interferir en tus decisiones. Es natural que el cariño por nuestros líderes nos ciegue a la verdad (Jeremías 17:9) pero El Señor nos manda ponerlo a Él por encima de todos nuestros afectos (Lucas 14:26 / Deuteronomio 6:5 / Deuteronomio 13:3). Si has descubierto que eres discípulo o discípula de un falso ministro debes saber que, si continúas con esa relación, lo más seguro es que a la larga tú termines convirtiéndote también en uno de ellos (Mateo 23:15).

Por experiencia propia sé lo difícil que es poner a Dios por sobre todas las cosas, inclusive por encima de aquellas personas quienes nos enseñan la Palabra, pues yo mismo fui enseñado durante años por un auténtico siervo de Dios que paulatinamente fue convirtiéndose en un falso apóstol; a quien no solo le agradezco haberme distinguido con su amistad, sino el haberme abierto de par en par las puertas de su casa. Los falsos ministros no tienen que ser necesariamente malas personas, como todos, tendrán virtudes y defectos, sin embargo su enseñanza es aborrecida por Dios, porque va a llevar a muchos a la muerte (Mateo 7:15-23) y no debemos participar con ellos (2 Juan 1: 9-11).

Así que, como todo en los asuntos de Dios, finalmente es tu decisión, es tu camino a la eternidad, y solo concierne a ti y a nadie más que a ti. Que el Señor ilumine tu camino y te de fuerzas para lo que viene.

Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras. 2 Juan 1: 9-11


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