La puerta del cielo está por cerrar


Y tuvo miedo y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo. Génesis 28:17
La puerta en el cielo se cierra definitivamente el Día del Perdón

En el curso de cada uno de los Diez Días Temibles (Levítico 23:24-27), en el antiguo Israel se tocaba una vez la trompeta. Ese toque era para advertir que la puerta en el cielo aún estaba abierta, pero que ya estaba por cerrar. 

Durante esos días, se considera en el judaísmo que la puerta en el cielo permanece abierta como una oportunidad para que cualquiera pueda arrepentirse de sus malos caminos y entrar por ella, pero en el Día del Perdón esta puerta se cierra.

En el lenguaje bíblico, una puerta abierta simboliza una oportunidad, de ahí que Pablo, el apóstol de nosotros los gentiles nos escribe:

Porque se me ha abierto puerta grande y eficaz y muchos son los adversarios. 1 Corintios 16:9

En concreto, esa puerta en el cielo que permanece abierta, y que en el Día del Perdón se cierra definitivamente, es la oportunidad que todos tenemos de arrepentirnos mientras todavía se pueda hacerlo, es decir, mientras estemos vivos.

Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar y no podrán. Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois. Lucas 13: 24-25

La iglesia en Filadelfia y la puerta que nadie puede cerrar

Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre. Apocalipsis 3:8

Apocalipsis nos enseña acerca de la fidelidad y perfección de dos iglesias: Esmirna y Filadelfia. Es a esta última que El Señor le dice:




Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra. Apocalipsis 3:10

Ni las persecuciones de paganos y judaizantes, ni los engaños de falsos profetas, ni las tentaciones de falsos apóstoles, pudieron hacer caer a la victoriosa iglesia en Filadelfia, la cual fue siempre fiel a la Palabra en todas sus pruebas.

La puerta que el Señor le dice a la iglesia en Filadelfia que nadie puede cerrar sino solo Él, no es otra que la misma que vio Jacob (Génesis 28:17), es esa puerta en el cielo, y por eso, nadie la puede cerrar (Apocalipsis 3:7), excepto quien la abrió: Dios mismo (Génesis 7:16 / Mateo 25:10).

Así, la iglesia en Filadelfia es el perfecto modelo para que entendamos cual es la iglesia a la que el Señor va a abrirle de par en par las puertas del cielo: Es la iglesia que guarda la Palabra de Dios por sobre todas las cosas.

De nada sirve engañarnos a nosotros mismos: la única garantía de tener las puertas abiertas en el cielo es oír y hacer la Palabra (Lucas 8:21). Porque los que verdaderamente son la madre y los hermanos del Señor no solamente son los que oyen la Palabra de Dios, sino los que la oyen y la hacen, y Filadelfia significa precisamente "amor entre hermanos". 

Ese es el urgente mensaje de arrepentimiento que El Señor hace durante los Días Temibles a los de Efeso, Sardis, Pérgamo, Tiatira y Laodicea, quienes pretendían practicar el cristianismo a su propia manera; adaptar la Palabra a sus vidas y no al contrario, como es debido (Juan 12:25) y como sí lo hicieron Filadelfia y Esmirna.

Y ese es el mismo mensaje que El Señor hoy hace a su iglesia: mientras estemos vivos, es la oportunidad que tenemos de arrepentirnos de los malos caminos por los que nos hubiesen llevado los falsos maestros (1 Timoteo 4:1 / 2 Timoteo 4:3-4) quienes solo hablan de lo que a la gente le gusta oír y nunca llaman al pueblo a arrepentirse (2 Pedro 2:18); de reparar el daño que hubiéremos hecho a otros y de perdonar para que seamos perdonados (Mateo 5: 23-24 / Mateo 6:14-15). Porque cuando cerremos estos, nuestros ojos por última vez, también la puerta en el cielo, nuestra última oportunidad de arrepentirnos, se cerrará definitivamente.

Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: !Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir. Mateo 25: 10-13

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