La puerta estrecha


Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. Mateo 7:13-15

La puerta estrecha y el camino solitario

El imperio romano se distinguía por las estupendas y amplias vías que construía para conectar los territorios conquistados. La tierra de Palestina, como le llamaron en ese tiempo a la tierra de Israel, no fue la excepción. Hasta Jerusalén llegaban las amplias vías construidas por el emperador, las cuales desembocaban en los enormes pórticos principales de la ciudad. Vías que en épocas de festival, se atestaban de gente que subía a Jerusalén desde los diferentes puntos del territorio (Lucas 2:41-44).

Desde lejos las amplias vías lucían rebosantes de coloridas multitudes cantando, danzando y alabando gozosa dirigiéndose al templo en la ciudad santa.

Así dijo El Señor: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos. Jeremías 6:16

Sin embargo, había unos pocos judíos que se negaban a arribar a Jerusalén usando las vías construidas por Herodes y los romanos, prefiriendo usar los antiguos senderos aledaños a la ciudad, senderos que si bien siempre habían estado ahí, ahora además de solitarios -pues casi todos preferían las nuevas vías amplias-, por lo mismo se habían vuelto peligrosos.

Las personas que se reusaban a transitar por esas nuevas y deslumbrantes vías amplias, prefiriendo usar las antiguas sendas estrechas que los padres habían hecho andando por ellas, actuaban así porque estaban convencidos de que a Dios no le gustaba que anduvieran por los caminos construidos por los paganos, que si bien eran más cómodos, seguros y agradables, no eran lo que Dios quería para su pueblo, que siempre debía distinguirse por ser diferente a los demás.

El Señor Jesús, usando esta vivencia tan vieja pero tan sorprendentemente actual, nos habla del camino que debe recorrer el creyente que en verdad desea encontrar la vida eterna.


Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén. Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán. Lucas 13:22-24


Es simple cuestión de sensatez y lógica: un camino amplio, pensado en que va a ser transitado por multitudes, jamás desembocará en una puerta estrecha, pues se formaría un cuello de botella. De la misma manera un camino estrecho, por el cual transita poca gente, no necesita desembocar en un gran portal, sino es suficiente para éste una puerta estrecha. Indefectiblemente todo aquel que escoja un camino amplio irá a dar a una puerta amplia; lo mismo aquel que escoja un camino estrecho irá a dar con una puerta estrecha. El asunto es que El Señor nos dice lo que ya deberíamos todos los creyentes saber: La puerta al cielo es estrecha, por lo que el camino que conduce a ella también lo es. Y si el camino que conduce a ella es estrecho es porque no hace falta sea amplio, ya que pocos están dispuestos a transitar por él.

El camino que la Palabra nos marca debemos transitar no es del agrado de la mayoría de los creyentes actuales, quienes insensatamente prefieren engañarse a sí mismos optando por caminos más placenteros, caminos mundanos, que aunque llenos de multitudes, danzas y cantos, sin embargo -no lo digo yo sino el Señor-, van directo a la perdición. El verdadero camino del Señor es estrecho y solitario, casi nadie quiere transitarlo, y los pocos que lo transitan están condenados a hacerlo alejados de la bulla que producen las alegres multitudes que van por aquella amplia vía, que sin embargo, nuestro Señor nos advierte que irremediablemente desemboca en las también amplias y espaciosas puertas del infierno (Mateo 7:13).

Nada de malo hay en congregarse y ofrecer cantos y danzas al Señor, pero nuestro Dios desea que lo amemos a Él y su Justicia, y no a la bulla, los cantos y a las danzas:

Quita de mí la multitud de tus cantares, pues no escucharé las salmodias de tus instrumentos. Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo. Amós 5:23-24

El camino y la Palabra

En la Palabra se usa con frecuencia la expresión “el camino” para significar la conducta, el modo de los hombres. Y cuando se dice “camino” o “caminos de Dios”, se quiere expresar el modo de proceder de Dios y también cómo quiere Dios que los hombres se porten.

La forma en que es usada tal expresión significa especialmente la conducta hacia Dios y hacia los hombres y, en este sentido nos habla siempre del apego de los hombres a las normas de conducta que establece la Palabra de Dios para nosotros sus hijos.

Los primeros cristianos fueron llamados “los del Camino” (Hechos 9:2 / Hechos 19:9 / Hechos 22:4), queriendo decir, de un nuevo camino, un nuevo modo de vida, a una nueva forma de relacionarse no solo con los hombres, sino también con Dios.

El arrepentimiento

Arrepentirse significa pensar diferente, reconsiderar nuestra conducta y enmendarla; a esto se refiere la Palabra cuando nos manda abandonar un camino y andar por otro. Así, los que recorremos el camino cristiano debemos saber varias cosas acerca de éste:

   1.- Es estrecho y solitario

Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. Mateo 7:13-15.

Si en verdad le damos valor a las Palabras de nuestro Señor, entonces debemos desconfiar de los caminos por donde acostumbran transitar la mayoría. El verdadero camino cristiano es estrecho y casi nadie quiere andar por éste. Hoy, desgraciadamente muy pocos creyentes están dispuestos a andarlo, pero insisto, es el único que lleva a la vida eterna.

   2.- Podemos extraviarnos


Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados. Santiago 5:19-20


Santiago se dirige a los hermanos, a los creyentes, nunca a los incrédulos. Por tanto el texto nos advierte que cualquier creyente es susceptible de extraviarse en el camino, y que ese error puede desembocar en la muerte del alma, en la perdición eterna.

La actividad incesante de los falsos profetas que se ganan la estima de los creyentes para iniciarlos en atractivos pero falsos evangelios, hace que el cristiano desapercibido se extravíe del camino de la verdad.

   3.- Es necesario revisarlo de tanto en tanto y arrepentirnos del camino mal andado

Hay camino que al hombre parece derecho; Pero su fin es camino de muerte. Proverbios 16:25


De nada sirve a nuestras almas engañarnos a nosotros mismos. Si en verdad nos ocupa el destino final que tendremos en la eternidad debemos oír las reiteradas advertencias que la Palabra nos hace acerca del arrepentimiento.

por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. 1 Corintios 15:2

Este es el tiempo que El Señor marca para que analicemos honestamente el camino por el que estamos andando, antes que sea demasiado tarde; y no nos engañemos: no porque la amplia vía por la que transitamos esté atestada de gente gozosa, significa que ese sea el camino correcto.


Hijo mío, no desprecies la disciplina del Señor, ni te ofendas por sus reprensiones. Porque el Señor disciplina a los que ama, como corrige un padre a su hijo querido. Proverbios 3:11-12 (NVI).


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