Tabernáculos y nuestra morada provisional


En tabernáculos habitaréis siete días; todo natural de Israel habitará en tabernáculos, para que sepan vuestros descendientes que en tabernáculos hice yo habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo El Señor vuestro Dios. Levítico 23: 42-43

Los tabernáculos a los que se refiere la Palabra, no son otra cosa sino tiendas, carpas, chozas, cabañas, etc., confeccionadas precariamente con material silvestre encontrado en los alrededores, tal cual la que Jonás se hizo para contemplar la destrucción de Nínive (Jonás 4:5), o como las que Jacob elaboró para su ganado en Sucot (Génesis 33:17), que por cierto, la palabra hebrea sucot o sukkot significa "tabernáculos" o "cabañas" y es el término que da nombre a la Fiesta de las Cabañas, Enramadas o Tabernáculos.

Como nos instruye el párrafo, para el israelita el propósito de habitar en cabañas o enramadas, era rememorar que sus antepasados habitaron en tabernáculos en el desierto y con ello, cobrar conciencia de lo frágil y fugaz que es el paso o peregrinaje por esta vida. Nuestro apóstol Pablo también nos enseña a este respecto:


Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual...Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. 1 Corintios 10:1-11

La enseñanza de Tabernáculos para nosotros los creyentes en Cristo Jesús que pertenecemos a la Casa de Israel, quienes ya no debemos efectuar ni ese ni ningún rito (Colosenses 2:16-17), sino simplemente, como cualquier rito de la Ley, entenderlo, explicarlo y darle su debido cumplimiento espiritual (Hebreos 5: 11-14), es primero saber que al igual que Israel, que acampaba en el desierto esperando entrar a la Tierra Prometida, nosotros también acampamos provisionalmente en este mundo, a la espera de entrar en nuestra propia Tierra Prometida que es el cielo (Hebreos 4:8-9 / Hebreos 11:13-16). Por ello es que los apóstoles nos hablan del paso por este mundo, en términos de peregrinaje:

Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; 1 Pedro 1:17
Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, 1 Pedro 2:11

Nuestro cuerpo es un tabernáculo

Para quienes escribieron lo que conocemos como Biblia, el cuerpo humano es una morada en la que se habita:

Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Mateo 12:43-44

Uno de los términos en los que se nos comunica la fe, es precisamente que el cuerpo humano es un tabernáculo o morada meramente provisional, y nosotros los creyentes debemos confiar en que nuestro cuerpo actual, a su debido tiempo, será transformado en un cuerpo eterno (1 Corintios 15:35-58).

Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. 2 Corintios 5:1

La Fiesta de Tabernáculos nos recuerda que nuestra estancia en este mundo es pasajera, y en ello debemos alegrarnos. Porque llegará un día en el que nos sera dado un cuerpo igual al del Señor, eterno y perfecto.

Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos. Apocalipsis 7:15

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