Levitas: la enseñanza literal de la Ley


Cuando se lee al pueblo la Palabra de Dios

En la entrada anterior, hablamos brevemente del papel que en el antiguo Israel tenían tanto levitas como profetas en la enseñanza de la Palabra al pueblo. En esta ocasión nos extenderemos un poco más en el trabajo que llevaban a cabo los levitas, y en la siguiente hablaremos del de los profetas.

La Palabra de Dios esta escrita para ser leída en voz alta al pueblo. El efecto sobrenatural de esta acción se puede ver en el libro de Nehemías.

Y los levitas Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías, Maasías, Kelita, Azarías, Jozabed, Hanán y Pelaía, hacían entender al pueblo la ley; y el pueblo estaba atento en su lugar. Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura. Nehemías 8:7-8

En este pasaje, el pueblo judío había regresado de su cautiverio en Babilonia (entre el 500 y el 400 a.C., aprox. ). Casi todos los judíos que llegaron de Babilonia habían nacido y se habían criado ahí, por lo que ya no tenían al hebreo como su idioma. Esta era la razón por la cual no entendían la Ley que se les estaba leyendo en voz alta, pues estaba escrita en hebreo. Pero los levitas, quienes sí habían conservado su conocimiento del hebreo y por lo tanto eran bilingües, traducían al pueblo del hebreo al arameo. A eso se refiere el pasaje cuando dice que «ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura»

Y Nehemías el gobernador, y el sacerdote Esdras, escriba, y los levitas que hacían entender al pueblo, dijeron a todo el pueblo: Día santo es a El Señor nuestro Dios; no os entristezcáis, ni lloréis; porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley. Nehemías 8:9

Lloraban porque se dieron cuenta que, 800 años antes, la ley de Moisés había profetizado justamente lo que a ellos les había venido sucediendo (Deuteronomio 28:47-58 / Deuteronomio 31:16-21), pues debido a su desobediencia, Judá fue conquistada, el templo en Jerusalén destruido, y el pueblo judío llevado cautivo a Babilonia (2 Crónicas 36: 14-23).

Al ser leída en voz alta entre la asamblea, la Palabra de Dios hizo su efecto sobrenatural: Aquellos hombres comprendieron que Dios estaba entablando un diálogo con ellos, mediante el cual, les estaba haciendo entender que, por su forma de conducirse, estaban lejos de Él.

Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte. 2 Corintios 7:10

Cuando entendemos que nuestras acciones nos han alejado de Dios, nos entristecemos. Sin embargo, es una tristeza necesaria (2 Corintios 7:10), pues provoca en nosotros el ferviente deseo de pedir perdón y cambiar, para volver a poder estar en comunión con nuestro Padre en el cielo.

Luego les dijo: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque día santo es a nuestro Señor; no os entristezcáis, porque el gozo de Dios es vuestra fuerza. Los levitas, pues, hacían callar a todo el pueblo, diciendo: Callad, porque es día santo, y no os entristezcáis. Y todo el pueblo se fue a comer y a beber, y a obsequiar porciones, y a gozar de grande alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado. Nehemías 8:10-12

Nehemías, Esdras y los levitas, instruyeron al pueblo para que no dejaran en mera tristeza y llanto su entendimiento del pecado. Sino en gozo, pues si bien el pecado nos aleja de Dios, el perdón y el arrepentiemiento nos vuelven a acercar a Él. Arrepentirse es cambiar nuestro modo de pensar, pues cambiando nuestro modo de pensar cambiamos nuestras acciones.

Por su propia maldad, el pueblo había elegido vivir bajo el engaño de los falsos profetas (Jeremías 23:9-40) despreciando, escarneciendo y asesinando a los profetas que Dios les enviaba (2 Crónicas 36:15-16). Fue esa actitud la que dirigió las acciones del pueblo en la dirección contraria a Dios, y como consecuencia el reino de Judá había caido en cautiverio. Pero ahora los judíos estaban de regreso, Dios les estaba dando una nueva oportunidad para oír su Palabra y entender dónde había estado su falta; pedir perdón y arrepentirse cambiando su forma de ser y actuar:

Al día siguiente se reunieron los cabezas de las familias de todo el pueblo, sacerdotes y levitas, a Esdras el escriba, para entender las palabras de la ley. Y hallaron escrito en la ley que El Señor había mandado por mano de Moisés, que habitasen los hijos de Israel en tabernáculos en la fiesta solemne del mes séptimo; y que hiciesen saber, y pasar pregón por todas sus ciudades y por Jerusalén, diciendo: Salid al monte, y traed ramas de olivo, de olivo silvestre, de arrayán, de palmeras y de todo árbol frondoso, para hacer tabernáculos, como está escrito. Salió, pues, el pueblo, y trajeron ramas e hicieron tabernáculos, cada uno sobre su terrado, en sus patios, en los patios de la casa de Dios, en la plaza de la puerta de las Aguas, y en la plaza de la puerta de Efraín. Y toda la congregación que volvió de la cautividad hizo tabernáculos, y en tabernáculos habitó; porque desde los días de Josué hijo de Nun hasta aquel día, no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo alegría muy grande. Y leyó Esdras en el libro de la ley de Dios cada día, desde el primer día hasta el último; e hicieron la fiesta solemne por siete días, y el octavo día fue de solemne asamblea, según el rito. Nehemías 8:13-18

Fue la lectura en voz alta lo que hizo comprender a aquellos hombres que habían estado viviendo en desobediencia a la Palabra de Dios. Pero fue también la oportuna y correcta instrucción de los levitas y demás hombres de Dios, lo que ayudó a entender al pueblo que todos podemos volver a la presencia del Padre simplemente pidiendo perdón y cambiando nuestras acciones, esto es, arrepintiéndonos.

Igualmente, la lectura de la Palabra en voz alta permitirá que Dios, mediante su Santo Espíritu (Juan 16:8), lleve al pueblo a tomar conciencia de su pecado; mientras que la oportuna y correcta intervención de los hombres de Dios, guiarán a la congregación al arrepentimiento.
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Este artículo pertenece a la serie
PROFETAS Y LEVITAS EN LA ENSEÑANZA:

  1. Levitas y profetas: la enseñanza literal y espiritual de la Ley 
  2. Levitas: la enseñanza literal de la Ley [es este mismo artículo, en el que estás.]
  3. Profetas: la enseñanza espiritual de la Ley 
  4. Falsos profetas: la enseñanza torcida y errada de la Ley