Esperando con paciencia la bendición



A la espera de la lluvia

Si viviéramos en el antiguo Israel, ahora mismo estaríamos mirando al cielo.

Estaríamos impacientes, suplicando al Altísimo, aguardando ansiosos; sin poder hacer otra cosa que esperar. Miraríamos una y otra vez en dirección del mar, deseando que aunque fuera de lejos, aparecieran las nubes cargadas de lluvia. Nuestra lluvia. LA LLUVIA TEMPRANA.

Tendríamos ya todo listo para que al comenzar a llover, la tierra, seca por el caluroso verano desértico, se ablandara lo suficiente para poder comenzar a arar esa tierra en surcos e inmediatamente dar inicio, alegres, agradecidos e ilusionados, a la siembra de las semillas de cebada y trigo (Salmo 65:9-13).

Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Santiago 5:7 

Santiago, o mejor dicho Jacobo, hermano del Señor (Gálatas 1:19), nos pone como ejemplo a aquellos agricultores, quienes no teniendo más remedio que haber aprendido a esperar con paciencia la lluvia, aguardaban expectantes la promesa del Señor (Salmo 147:8 / Jeremías 5:24 / Ezequiel 34:26 / Joel 2:23).

Es esa misma paciencia la que debemos tener para con todas las promesas del Señor. Si bien, en la era en que vivimos, estamos acostumbrados a lo automático, pues tenemos hornos de microondas para cocinar los alimentos más rápido; gozamos de tiendas de autoservicio para no perder tiempo comprando lo que necesitamos; tenemos restaurantes de comida rápida en los que se nos atiende a una velocidad vertiginosa, los cuales, si no deseamos acudir, hasta nos ofrecen su rápido y eficiente servicio de entrega a domicilio... El problema es que a veces, confundidos y mal acostumbrados como estamos, esperamos que Dios se comporte de la misma manera hacia nosotros: queremos que Dios nos conteste al instante nuestras peticiones o nos satisfaga inmediatamente nuestras necesidades, como si fuera un servicio de rápida entrega a domicilio.

A veces nuestras peticiones no son contestadas porque son egoístas y mundanas, y El Señor no desea reforzar un comportamiento así (Santiago 4:3-4); Pero a veces también, nuestro Padre celestial a propósito se retrasa en contestar nuestras peticiones, simple y sencillamente para que aprendamos a tener paciencia (Romanos 8:25 / Hebreos 10:36 / Santiago 1:2-4), la cual es uno de los frutos sobrenaturales del Espíritu (Gálatas 5:22 / 2 Pedro 1:6). Aprendamos pues, a esperar en El Señor. Aprendamos a tener paciencia, y ¿quién sabe?, tal vez así demoren menos en llegar las nubes cargadas de agua.

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Filipenses 4:6
...echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. 1 Pedro 5:7
Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal. Mateo 6:30-34
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Las palabras paciencia, pasivo, pacífico, etc. provienen de la misma raíz: paz.