Levitas y profetas: La enseñanza literal y espiritual de la Ley


Los oficios de levita y profeta en la enseñanza: la enseñanza literal y espiritual de la Ley

Estamos acostumbrados a pensar en levitas y profetas como oficios que se dedicaban al cuidado del templo por parte de unos y el vaticinio del futuro, por parte de otros. Sin embargo, estas funciones no eran la actividad primordial de tales oficios, sino la enseñanza de la Ley.

Para tal fin, el propósito principal del templo en Jerusalén, era fungir como un santuario destinado a preservar y difundir la Palabra que moraba en él. La Palabra que residía en el Templo no solo era el núcleo de éste, sino de todo Israel. La esencia de la Palabra de Dios eran las tablas de la Ley (Deuteronomio 9:10), las cuales estaban a buen recaudo dentro del arca de la alianza, que a su vez residía en el lugar santísimo.

Absolutamente toda la actividad anual de la nación israelita, siegas, cosechas, ritos, festivales, peregrinaciones, y demás cumplimiento de preceptos, giraban en torno a la comprensión y aplicación de la Palabra de Dios. De ahí la importancia que tenía el que toda la nación acudiera a congregarse en el templo de Jerusalén durante las tres peregrinaciones anuales, pues, como ya lo dijimos, el templo funcionaba como un instituto en el que se impartía al pueblo la enseñanza de la Palabra.

Para este propósito, Dios habilitó dos oficios: levita y profeta. Tanto levitas como profetas, estaban llamados a enseñar al pueblo la ley que escribió Moisés (Éxodo 24:3-4), quien era levita y también profeta (Éxodo 2:1-9 / Deuteronomio 18:15). Ambos oficios, el de levita y el de profeta, se complementaban. A continuación vamos a hablar, muy brevemente, de la forma en la que colaboraban.


El oficio del levita: la enseñanza literal de la Ley

...cuando viniere todo Israel a presentarse delante de El Señor tu Dios en el lugar que él escogiere, leerás esta ley delante de todo Israel a oídos de ellos. Harás congregar al pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman a El Señor vuestro Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley; y los hijos de ellos que no supieron, oigan, y aprendan a temer a El Señor vuestro Dios todos los días que viviereis sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para tomar posesión de ella. Deuteronomio 31:11-13
Y dijo a los levitas que enseñaban a todo Israel...2 Crónicas 35:3

El levita servía dentro del templo y al principio solo él tenía acceso a los rollos de la Ley (Deuteronomio 31:9 / Deuteronomio 31:26), los cinco libros que escribió Moisés (Éxodo 24:3-4): Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

La función del levita, en cuanto a la enseñanza de la Palabra (Deuteronomio 6:1), era ocupar los atrios del templo (Salmo 65:4 / Salmo 84:2 / Salmo 84:10), donde el pueblo se congregaba, para leer en voz alta lo escrito en los rollos de la Ley (Deuteronomio 31:11-13). De la misma manera, guiaba al pueblo en el aprendizaje haciéndolo recitar de memoria (Isaías 56:7) y a menudo cantando (Deuteronomio 31:19 / Salmo 51:14 / Salmo 101:1) diferentes porciones de esos mismos rollos (Deuteronomio 6:7-9) para que a su vez los padres de familia lo hicieran igual con sus hijos a su regreso a casa (Deuteronomio 6:4-6 / Deuteronomio 11: 18-20), por lo que la responsabilidad del levita incluía la delicada tarea de enseñar tanto a leer como escribir.

El trabajo de los levitas era pues, el de asegurarse que el pueblo aprendiera correctamente la Ley en su forma literal, esto es, palabra por palabra (Deuteronomio 31:11-12).

El oficio del profeta: la enseñanza espiritual de la Ley

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta. Deuteronomio 18:18-19

Para no interferir con la labor del levita, el profeta debía ejercer su oficio de preferencia siempre fuera del Templo (Jeremías 7:2 / Jeremías 19:2 / Juan 1:23), aunque en ocasiones también podían hacerlo en sus atrios (Jeremías 19:14). Esto es, que donde terminaba la labor del levita, comenzaba la del profeta.

El profeta, a diferencia del levita, que, como ya dijimos, enseñaba la Ley en su forma literal, aleccionaba al pueblo en el significado espiritual de todo lo que habían oído, recitado y memorizado dentro del templo.

Es decir, se encargaba de explicar al pueblo el significado espiritual detrás de los ritos y preceptos de la ley de Moisés -que no son otra cosa sino amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo (Deuteronomio 6:5 / Levítico 19:18 / Gálatas 5:14 / Lucas 10:26-28 / Marcos 12:28-34 / Mateo 22:34-40)-; y también por supuesto, advertía al pueblo sobre las implicaciones futuras de persistir en la maldad (lo que entendemos como “profecías”).

Para el profeta no había secretos ni confusión en la Palabra, porque Dios le hacía entenderla completamente (Amós 3:7), por lo que comprender y enseñar el mensaje era su delicia (Salmo 1:2 / Salmo 119:24).

Aplicación en la iglesia de hoy

La finalidad tanto del levita como del profeta era pues, que el pueblo no pereciera por falta de conocimiento (Amós 2:12 / Oseas 4:6). Mientras más profetas y levitas había entre el pueblo (Números 11:29) mejor alimentado y más preparado estaba en el conocimiento de la Palabra; y menos propenso era a caer en las mentiras de los malos siervos y falsos profetas quienes trabajaban solo por amor al dinero y engañaban al pueblo (Miqueas 3:11).

En nuestros días, Dios sigue esperando que el lugar en el que la iglesia se congrega tenga como propósito fundamental el servir como santuario para la Palabra, en donde no solo se le preserve sino se le difunda con amor desinteresado y esmero.

Debe haber hombres que, tal como los antiguos levitas, ayuden al pueblo a conocer en toda su extensión la Palabra de Dios; transmitiéndoles el amor por su conocimiento.

Pero también debe haber hombres que, tal como aquellos profetas, Dios les revele el significado espiritual de su Palabra y así lo enseñen al pueblo.

Así como en el corazón del templo en Jerusalén -el arca de la alianza-, se resguardaba las tablas de la Ley, así también la iglesia, que es la Casa espiritual de Dios (1 Pedro 2:5 / 1 Corintios 3:16 / Efesios 2: 20-22) debe resguardar en su mente y su corazón la Palabra de Dios (Apocalipsis 3:10).

En las siguientes entradas hablaremos de cómo la Palabra nos enseña lo poderoso que es leer en voz alta en la congregación la Palabra de Dios, tal como lo hacían los levitas; y también cómo los profetas enseñaban al pueblo a interpretar los simbolismos de los ritos de la Ley, esto es, la interpretaban espiritualmente.


Este artículo pertenece a la serie
PROFETAS Y LEVITAS EN LA ENSEÑANZA:
  1. Levitas y profetas: la enseñanza literal y espiritual de la Ley [es este mismo artículo, en el que estás.]
  2. Levitas: la enseñanza literal de la Ley 
  3. Profetas: la enseñanza espiritual de la Ley 
  4. Falsos profetas: la enseñanza torcida y errada de la Ley 

    ¡Comparte!

    Anuncio