Las lluvias tardías y tempranas: significado espiritual


Las lluvias tardías

En la alegría del rostro del rey está la vida, Y su benevolencia es como nube de lluvia tardía. Proverbios 16:15

Entre enero y febrero, o incluso a veces hasta los primeros días de marzo, se presentaban las lluvias tardías, que cerraban la estación lluviosa y servían para completar la maduración de los granos como el trigo y la cebada, entre otros. Estas lluvias eran leves y se alternaban con días de sol.

Sin las lluvias tardías las cosechas simplemente no maduraban, pues su alternancia con el sol permitía que el grano alcanzara su nivel ótimo para el consumo. Por eso, las lluvias tardías simbolizan la presencia de nuestro Dios en los momentos que son decisivos para nosotros.

Las lluvias tempranas 

Y no dijeron en su corazón: Temamos ahora al Señor Dios nuestro, que da lluvia temprana y tardía en su tiempo, y nos guarda los tiempos establecidos de la siega. Jeremías 5:24

Llegaban entre septiembre y octubre. Se llamaban así porque con esas primeras lluvias se daba inicio al ciclo agrícola. Solo duraban unos días, quizá hasta una semana. Su importancia era vital, pues preparaban el terreno para ser sembrado. Eran ligeras y les precedían fuertes vientos y descenso en la temperatura.

Así como la lluvia temprana, que sensibiliza la tierra y la dispone a ser sembrada, la Palabra de Dios, es una lluvia espiritual e invisible (Juan 3:8) que viene del Altísimo y sensibiliza los corazones de los hombres (Juan 3:27). Los efectos de la Palabra en el corazón del hombre son los mismos que los efectos de la lluvia en la tierra. Así como la lluvia hace que la tierra produzca fruto en abundancia, la Palabra hace dar frutos espirituales que producen salvación (Gálatas 5: 22-26 / 2 Pedro 1:5-8).


En función a nuestros meses

Visto de otra manera, si adecuamos el ciclo agrícola en función a nuestros meses quedaría una tabla más o menos así:

    septiembre - octubre:  lluvias tempranas
    noviembre - diciembre:  lluvias torrenciales
    enero - febrero:  lluvias tardías
    marzo - abril:  siega
    mayo - junio:  verano y trilla
    julio - agosto:  cosecha

Todo esto en el entendido, claro está, de que en asuntos del clima no hay absolutos. Por lo que esta tabla es solo para darnos una idea de cómo se sucedían los tiempos en el ciclo agrícola de la tierra santa. De ninguna manera hay que pensar que los tiempos todos los años se cumplían puntualmente acorde a mi tabla, pues el inicio del ciclo dependía enteramente de las lluvias que a veces, como ya dijimos arriba, se retardaban más de la cuenta (Amós 4:7 / Hageo 1:10), e incluso no llegaban (1 Reyes 17:1-7).

La estación lluviosa y la Palabra de Dios

En el pensamiento de los hombres en tiempos bíblicos, las lluvias procedían de depósitos en el cielo, cuyas compuertas eran controladas por Dios (Génesis 7:11 / Malaquías 3:10).

...si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Malaquías 3:10

Cuando El Señor dice a través del profeta Malaquías que abrirá las ventanas de los cielos, se refiere precisamente a esos depósitos cuyas compuertas Él controla, mismas que al ser abiertas, se derraman hacia la tierra como una bendición en forma de lluvia, sin la cual, como ya dijimos, era imposible que los campos se llenaran de pastos verdes para el ganado; que los manantiales fluyeran con agua viva; y que la tierra volviera a ser fértil. En otras palabras, sin la lluvia que Dios daba, la vida no era posible.

Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié. Isaías 55:10-11

Esta misma lluvia sin la cual, la vida en lo terrenal no era posible, en lo espiritual significa la Palabra de Dios (Juan 3: 5), que es nuestro Señor Jesucristo (Juan1:1-3) y también su Espíritu Santo (Gálatas 4:6).

Las lluvias simbolizan pues, a nuestro Señor Jesucristo, que descendió del cielo para darnos vida eterna.

No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios. Mateo 4:4 / Deuteronomio 8:3
De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Juan 3:5
Señor, esperanza de Israel, todos los que te abandonan serán avergonzados; los que se apartan de mí serán como nombres escritos en la arena, por haber abandonado al Señor, que es manantial de aguas vivas. Jeremías 17:13 RVC
Cuando llegue ese día, de Jerusalén brotarán aguas vivas, y la mitad de ellas se irá hacia el mar oriental, y la otra mitad se irá hacia el mar occidental, lo mismo en verano que en invierno. Zacarías 14:8 RVC
Jesús le respondió: «De cierto, de cierto te digo, que el que no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios.» Nicodemo le dijo: «¿Y cómo puede un hombre nacer, siendo ya viejo? ¿Acaso puede entrar en el vientre de su madre, y volver a nacer?» Jesús le respondió: «De cierto, de cierto te digo, que el que no nace de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne, carne es; y lo que nace del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije que es necesario que ustedes nazcan de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y lo puedes oír; pero no sabes de dónde viene, ni a dónde va. Así es todo aquel que nace del Espíritu.» Juan 3:3-8 RVC
Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber”; tú le pedirías a él, y él te daría agua viva.» Juan 4:10 RVC
En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y en voz alta dijo: «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. Del interior del que cree en mí, correrán ríos de agua viva, como dice la Escritura. Juan 7:37-38 RVC 

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