Los tiempos de siega y cosecha, ¡Época de festival!

Mi amado habló, y me dijo: Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Porque he aquí ha pasado el invierno, se ha mudado, la lluvia se fue; Se han mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción ha venido, y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola. Cantares 2:10-12

La estación seca en el antiguo Israel

Si viviéramos en el antiguo Israel, poco a poco estaríamos dejando atrás la estación lluviosa y nos acercaríamos a la estación seca, en la que se recogen los frutos de la esplendorosa tierra que fluye leche y miel (Levítico 20:24 / Ezequiel 20:15).

Si estuviéramos ahí, veríamos los manantiales que repletos del agua de la lluvia fluirían alegremente al exterior alimentando los ríos y arroyos que correrían a todo su caudal.

Porque es el agua de la lluvia, que se filtra a través de la tierra, la que brota a la superficie en forma de surtidor o manantial, yendo a alimentar después algún lago o río, que la conduce al mar, de donde pasa en forma de vapor a las nubes, las cuales, a su tiempo, nos la devuelven convertida en agua nuevamente bajo la forma de lluvia.

Porque El Señor tu Dios te introduce en la buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales, que brotan en vegas y montes; tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel. Deuteronomio 8:7-8

La estación seca por lo general comenzaba entre nuestros meses de marzo o abril y se extendía hasta septiembre u octubre.

Al contrario de la estación lluviosa, en la que los caminos se volvían intransitables, la estación seca era ideal para viajar. Por ello el Dios de Israel, en su infinita sabiduría, determinó que las tres peregrinaciones anuales a Jerusalén se efectuaran en esta etapa del ciclo agrícola:

Tres veces cada año aparecerá todo varón tuyo delante de El Señor tu Dios en el lugar que Él escogiere: en la fiesta solemne de los panes sin levadura, y en la fiesta solemne de las semanas, y en la fiesta solemne de los tabernáculos. Y ninguno se presentará delante de El Señor con las manos vacías. Deuteronomio 16:16

Significado espiritual de las peregrinaciones

Las peregrinaciones eran llamados que Dios, desde la Casa de su Nombre en Jerusalén (1 Reyes 5:3-5), hacía a su pueblo santo. Las tribus debían presentarse puntualmente al festival correspondiente con los frutos de la época (Deuteronomio 8:7), ya fuera cebada, en el caso de las fiestas de Pascua, Panes sin levadura y Gavilla mecida; trigo, en el caso de la fiesta de Pentecostés (también conocida como fiesta de las Semanas); o vino, aceite, y frutos dulces -entre otros productos-, en el caso de las fiestas de Trompetas, Día del Perdón y Tabernáculos.

Así que cada festival giraba en torno a los diferentes frutos que se obtenían de la tierra según la estación del año, y como ya leíamos arriba, nadie en Israel podía presentarse ante el Dios Altísimo con las manos vacías.

Para nosotros los cristianos, quienes a diferencia de los judíos servimos, (es decir obedecemos) a la Ley solo en su forma espiritual (Filipenses 3:3), significa que nuestro Señor Jesucristo, que juntamente con nosotros su iglesia, es la Casa del Espíritu de Dios (Juan 2:19-21 / Apocalipsis 21:3 / 1 Corintios 3:16 / 1 Pedro 2:5) nos hace un llamado a su pueblo santo para presentarnos ante Él con los FRUTOS ESPIRITUALES de la época.

Significado espiritual de los frutos

La cebada, el centeno, el trigo, los dátiles, los granados, los higos, las uvas, las olivas (o aceitunas), el vino y todos los frutos y productos de la época de siega y cosecha que los hijos de Israel extraían de la tierra y llevaban ante Dios, representan a los FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO (Gálatas 5:22-23), los cuáles surgen abundantemente de la buena tierra que es nuestro corazón (Mateo 13:8 / Lucas 8:15).

Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. Romanos 7:4

Así como las tribus acudían a Jerusalén a presentar sus frutos, nosotros también acudimos al llamado Divino que se nos hace y nos presentamos ante el Padre celestial llevando los frutos espirituales (Filipenses 1:10-11 / Tito 3:14 / Santiago 3:17-18 ) que la lluvia milagrosa y misericordiosa, su Santo Espíritu (Oseas 6:3) hace brotar de la semilla que es la Palabra (Lucas 8:11), plantada en la buena tierra que -ya lo dijimos-, es nuestro corazón (Mateo 13:8 / Lucas 8:15).

Y cuando por fin partamos de este mundo, nos presentaremos ante su trono llevando lo mejor de esos frutos espirituales los cuales presentaremos ante su Justicia (2 Pedro 1:5-11).

Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Gálatas 5:22-23
Porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad, comprobando lo que es agradable al Señor. Efesios 5:9-10



Significado espiritual de los sacrificios de esos frutos

El significado espiritual de los sacrificios en el altar es basto, y ya hemos hablado un poco de ello en artículos anteriores; por ahora solo añadiremos que, aunado al sacrificio del cordero de pascua, los sacrificios en el altar de tales productos simbolizan tanto el sacrificio de nuestro Señor -que es el Cordero de Pascua- efectuado con el fin de limpiar nuestros pecados (Juan 1:29 / 1 Juan 1:7), como el de nosotros su iglesia, quienes participamos de sus padecimientos (1 Pedro 4:12-13).

Cada Festival y el fruto que se ofrecía durante estos, guarda un simbolismo que su iglesia debe saber , por eso, de todo ello hablaremos -si Dios quiere- de ahora en adelante y con mayor detalle.

¡Maranata! ¡El Señor ya viene!

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