¿Qué son los frutos espirituales?


Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Mateo 7:16

La Biblia y las comparaciones con los frutos

Dios nos explica su Palabra como un árbol cuyos frutos son alimento y sus hojas medicina (Ezequiel 47:12). La Palabra es pues un árbol que produce fruto que da vida eterna (Génesis 3:22 / Apocalipsis 2:7), y cuyas hojas (tal como hoy día todavía usamos hojas de diferentes árboles para preparar tés medicinales a fin de aliviar algún dolor o malestar) son una infusión que sana de la muerte por el pecado al espíritu enfermo. Así que la Palabra no solo alimenta al espíritu, sino también lo sana.

Haciendo uso de otras formas de comparación, Elisabet -por medio del Espíritu- bendice el fruto del vientre de su prima María (Lucas 1:42); y el mismo Espíritu anuncia que el Mesías es el retoño de David (Isaías 11:1), aludiendo a los pequeños brotes que se dan alrededor del viejo olivo que no son otra cosa sino sus propias raíces pasando por debajo de la tierra y surgiendo no muy lejos del tronco.

Pero la Palabra de Dios también compara a los árboles y sus frutos con los hombres. Tal como un cardo o espino no pueden dar frutos buenos para comer, del corazón de los hombres malos, por muy religiosos y notables que sean, no puede surgir una conducta que agrade al Padre celestial (Mateo 7:17-23 / Mateo 12:33-35 / Mateo 23:3 / Mateo 15:13-14).

Por ello, los festivales anuales, durante los cuales se llevaban las ofrendas de los frutos de la tierra al templo en Jerusalén, constituían una vasta fuente de enseñanza para que el pueblo de Israel, año con año, avanzara en el entendimiento del propósito espiritual de dichas ofrendas. Mismo que, por cierto, nos atañe también a los cristianos, pues igualmente debemos presentar las mismas ofrendas -solo que en forma espiritual- al Dios de Israel.

Los frutos espirituales y las fiestas de Israel

Los festivales anuales eran llamados que Dios, desde la Casa de su Nombre en Jerusalén (1 Reyes 5:3-5), hacía a su pueblo santo. Las tribus debían presentarse puntualmente al festival correspondiente con los frutos de la época (Deuteronomio 8:7), ya fuera cebada, en el caso de las fiestas de Pascua, Panes sin levadura y Gavilla mecida; trigo, en el caso de la fiesta de Pentecostés (también conocida como fiesta de las Semanas); o vino, aceite, y frutos dulces -entre otros productos-, en el caso de las fiestas de Trompetas, Día del Perdón y Tabernáculos.

Así que cada festival giraba en torno a los diferentes frutos que se obtenían de la tierra según la estación del año. Nadie en Israel podía presentarse ante el Dios Altísimo con las manos vacías (Deuteronomio 16:16), o sea, que todos sin excepción, POR LEY debían llevar la ofrenda correspondiente.

Significado espiritual de los festivales

Para nosotros los cristianos, quienes a diferencia de los judíos servimos (es decir obedecemos) a la Ley solo en su forma espiritual (Filipenses 3:3) -pues vivimos bajo la Gracia-, significa que el Señor Jesucristo -que es el Templo Eterno (Juan 2:19-21 / Apocalipsis 21:3 / 1 Corintios 3:16 / 1 Pedro 2:5) - hace el mismo llamado a su pueblo santo para presentarnos en torno a Él llevándole los FRUTOS ESPIRITUALES que con nuestras acciones hemos cosechado de nuestra buena tierra, que es nuestro corazón.

Significado espiritual de los frutos

Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay Ley. Gálatas 5:22-23
Porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad, comprobando lo que es agradable al Señor. Efesios 5:9-10

La cebada, el centeno, el trigo, los dátiles, los granados, los higos, las uvas, las olivas (o aceitunas), el vino y todos los frutos y productos de la época de siega y cosecha que los hijos de Israel extraían de la tierra y llevaban ante Dios, representan a los FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO, los cuáles surgen abundantemente solo si estamos unidos al Señor Jesucristo (Juan 15:5 / Juan 15:8).

Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la Ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. Romanos 7:4

Tal como las tribus, que acudían a Jerusalén a presentar sus frutos, nosotros también acudimos al llamado Divino que se nos hace y nos presentamos ante el Padre celestial llevando los frutos espirituales (Filipenses 1:10-11 / Tito 3:14 / Santiago 3:17-18 / 2 Pedro 1:5-11/Hebreos 13:15-16) que la lluvia milagrosa y misericordiosa, su Santo Espíritu (Oseas 6:3) hace brotar de la semilla que es la Palabra (Lucas 8:11), plantada en la buena tierra que -ya lo dijimos-, es nuestro corazón (Mateo 13:8 / Lucas 8:15).

Y cuando por fin partamos de este mundo, acudiremos al festival eterno y nos presentaremos ante su trono llevando lo mejor de esos frutos espirituales los cuales presentaremos ante su Justicia:

Para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios. Filipenses 1:10-11

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