¿Por qué la entrega de la Ley fue un compromiso matrimonial?


Cuando yo subí al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que El Señor hizo con vosotros, estuve entonces en el monte cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua; y me dio El Señor las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios; y en ellas estaba escrito según todas las palabras que os habló El Señor en el monte, de en medio del fuego, el día de la asamblea. Sucedió al fin de los cuarenta días y cuarenta noches, que El Señor me dio las dos tablas de piedra, las tablas del pacto. Deuteronomio 9: 9-11

Seguramente todos los hijos de Dios tenemos en la mente una idea de cómo pudo ser la entrega de las tablas de la Ley en manos de Moisés. Lo que quizá no todos sepan, es que la Palabra enseña que ese fue -acorde a los usos y costumbres de la época- un acto en el que El Señor formalizaba el pacto matrimonial con Israel, consagrándola, esto es, apartándola de las demás naciones y declarándola ante todos su elegida y prometida única.

Por ello, las tablas de la Ley son una prueba, una garantía -acorde, insistimos, a los usos de la época- del amor de Dios por Israel, pues puso por escrito, de su propio puño y letra (Éxodo 32:16 / Éxodo 31:18 / Deuteronomio 9:10) en ellas, aquellas Palabras de matrimonio que había hablado al pueblo a los cincuenta días de salir de Egipto (Éxodo 20:1-17). Palabras con las que nuestro Dios, al ser Eterno, le estaba ofreciendo a Israel la posibilidad de vivir juntamente con Él, también eternamente.

Así, en las tablas de la Ley, Dios le muestra a Israel lo que hay en su corazón: amor por ella; y al entregárselas, legalmente le entrega también lo que hay en su corazón.

Según la costumbre de la época a la que hemos aludido, la carta de compromiso -la cual expedía el esposo- debía contener las responsabilidades de la esposa para con éste, y era en sí misma, una garantía legal del compromiso que adquiría el hombre, garantía ésta que -en caso de ser necesario por algún incumplimiento del esposo- la esposa podía usar como una prueba ante los tribunales, a fin de obtener una indemnización. Estamos hablando de los principios de lo que hoy conocemos como contrato matrimonial, o pacto matrimonial, como se le conocía en la antigüedad.


...el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones. 2 Corintios 1:22

Esta carta de compromiso matrimonial usada como garantía, a través del tiempo ha tenido variantes. Por ejemplo, en los días de Jacob, a raíz del suceso entre Judá y Tamar, vemos otra costumbre antigua, la de otorgar como prenda el sello personal del hombre (Génesis 38:11-26 / Efesios 1:13) que era el que hacía la oferta matrimonial; ya en los tiempos del que conocemos como Nuevo Testamento, a esta prenda que quedaba en garantía se le conocía como arras (Efesios 1:13-14 /2 Corintios 1:22 / 2 Corintios 5:5), que no era otra cosa sino una joya propiedad de la familia del novio. Estas arras son lo que hoy conocemos como anillo de compromiso.

Esta costumbre surge de la necesidad de poner una prenda en garantía de la palabra de matrimonio dada por el hombre a la pretendida (Génesis 38:18) y no dejarla en el desamparo, ya que en caso de incumplimiento, la agraviada podía conservar la prenda como una indemnización, o en el caso de la carta de compromiso, acudir a los tribunales.

El pacto matrimonial de Dios e Israel

Y te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia. Oseas 2:19

Repetidamente la Palabra nos enseña que el acto de entregar a Moisés las tablas de la Ley fue la formalización de la petición de matrimonio que se había hecho en el Sinaí, aquí ponemos solo unos ejemplos:

No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice El Señor. Jeremías 31:32
Y pasé yo otra vez junto a ti, y te miré, y he aquí que tu tiempo era tiempo de amores; y extendí mi manto sobre ti, y cubrí tu desnudez; y te di juramento y entré en pacto contigo, dice El Señor, y fuiste mía. Ezequiel 16:8 

Israel y Judá invalidan el pacto matrimonial con sus infidelidades

El Señor, por tanto, se airó en gran manera contra Israel, y los quitó de delante de su rostro; y no quedó sino sólo la tribu de Judá. 2 Reyes 17:18

Sin embargo, no obstante las reiteradas amonestaciones (2 Reyes 17:13) a causa de las continuas infidelidades (Oseas 2:2-13), a Judá se le reprendió con toda severidad (2 Crónicas 36: 17-23), mientras que a Israel se le dio carta de divorcio, por lo cual fue despedida y esparcida entre las naciones (2 Reyes 17:6 / 2 Reyes 17:18-23).

Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa. Deuteronomio 24:1
Ella vio que por haber fornicado la rebelde Israel, yo la había despedido y dado carta de repudio; pero no tuvo temor la rebelde Judá su hermana, sino que también fue ella y fornicó. Jeremías 3:8
...porque no me compadeceré más de la casa de Israel, sino que los quitaré del todo. Mas de la casa de Judá tendré misericordia, y los salvaré por El Señor su Dios...Oseas 1:6-7

Dios mantiene firme su pacto de matrimonio con Israel y Judá: El nuevo pacto

Sin embargo, Dios mantiene firmes sus intenciones de llevar a Israel consigo a la eternidad, por lo que, aunque Israel y Judá invalidadron el primer pacto, el Señor refrendará el primer pacto con la Casa de Israel y la Casa de Judá.

Antes yo tendré memoria de mi pacto que concerté contigo en los días de tu juventud, y estableceré contigo un pacto sempiterno. Ezequiel 16:60
Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice El Señor: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Jeremías 31:33
Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí. Jeremías 32:40

Este pacto con la Casa de Israel es la Gracia, bajo la cual vivimos los cristianos. Que es diferente al pacto matrimonial con la Casa de Judá, bajo el cual viven los judíos. La razón de esto se debe a que Israel recibió carta de divorcio y fue esparcida entre las naciones perdiéndose entre ellas (Lucas 15:8-10- 32) y ahora, por Misericordia, por la Gracia de Dios, se le vuelve a aceptar, sin necesidad de circuncidarse (Gálatas 5:2-4), esto es, sin necesidad de hacer una conversión, sino solo mediante un arrepentimiento (Hechos 5:31 / Hechos 11:18), que es la circuncisión de nosotros los cristianos (Romanos 2:29), la Casa de Israel. No así a los judíos, quienes siempre conservaron su identidad y hasta que venga El Señor Jesucristo, deberán guardar la circuncisión (1 Corintios 7:18-20).

También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño y un pastor. Juan 10:16
Apacenté, pues, las ovejas de la matanza, esto es, a los pobres del rebaño. Y tomé para mí dos cayados: al uno puse por nombre Gracia, y al otro Ataduras; y apacenté las ovejas. Zacarías 11:7 

El Cayado con ataduras: La Casa de Judá

Las ataduras del cayado o rama, representan los mandamientos de la religión judía en la Ley, cuya esencia  (Deuteronomio 6:4-5) debía escribirse y atarse a la frente y en la mano (Éxodo 13:9).

Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos. Deuteronomio 6:8

Muy brevemente diremos que estas ataduras se refieren a los artículos llamados tefilin o filacterias (Mateo 23:5) artículos que en los tiempos de nuestro Señor, todo varón judío -incluidos nuestro Señor y sus discípulos, por supuesto- debía llevar colocados diariamente, excepto en Shabat. Estos tefilin o filacterias, hoy día son unas cajitas de cuero unidas a unas correas del mismo material. Las cajitas efectivamente tienen dentro (tal como el arca de la alianza guardaba las tablas de la Ley) estos pasajes: Deuteronomio 6:4-9 / Deuteromonio 11:13-21 / Éxodo 13:1-10 / Éxodo 13:11-16, y sus correas se atan -igual que en aquellos días- a la frente y en la mano.

Esto en sí es un vasto simbolismo del judaísmo, por ello la Casa de Juda es el cayado o rama con ataduras, pues ellos, los judíos -por voluntad Divina- deben vivir tanto bajo los preceptos rituales como espirituales de la Ley, en tanto que la Casa de Israel, los cristianos (Gálatas 3:29 / Romanos 24-26 / Oseas 1:10- 11), somos el cayado libre de las ataduras rituales, la Gracia (Oseas 14:4-5), pues nosotros los cristianos -a diferencia de los judíos- somos traídos a Dios únicamente bajo los preceptos espirituales de la Ley, mas no los rituales. Porque ambos preceptos de la Ley, rituales y espirituales, definen a la religión judía (Casa de Judá), no así a la fe cristiana (Casa de Israel), la cual se sustenta solo en los principios espirituales de la Ley (Lucas 10:25:28 / Gálatas 5:14), como ya lo dijimos, esto es LA GRACIA.

He aquí que vienen días, dice El Señor, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice El Señor. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice El Señor: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Jeremías 31:31-33

El cayado sin ataduras: La Casa de Israel

La renovación que Dios hace de aquel primer pacto matrimonial con Israel en el Sinaí, ahora la efectúa con LOS DESCENDIENTES (Jeremías 31:32 / Jeremías 31:36-37) de aquellos quienes salieron de Egipto. Tales descendientes son la Casa de Judá (judíos) y la Casa de Israel (cristianos). EL NUEVO PACTO (Mateo 26:26-28) SE HACE SOLO POR MEDIO DE AQUÉL QUIÉN ES LA LEY Y EL ESPÍRITU: JESUCRISTO, HIJO DE DIOS.

Nadie viene al Padre sino por mí. Juan 14:6

La promesa

Si bien a la Casa de Israel se le dio carta de divorcio, por lo cual la nación fue tomada por el ejército asirio y esparcida entre las naciones (2 Reyes 17:1-41 / 2 Reyes 18:9-12) se le promete por Gracia, por Misericordia, hacerla volver -como ya dijimos, no a ellos sino a sus descendientes (Jeremías 31:32 / Jeremías 31:36-37)-, para refrendar el pacto que nuestros padres invalidaron y por lo cual fueron esparcidos.

Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. Ezequiel 36:26-27

La promesa cumplida

Así como la Ley, el pacto matrimonial con Israel, fue establecido cincuenta días después de la salida triunfante de Israel de Egipto (*), en la que previamente se inmoló el cordero sin mancha; de la misma manera, el nuevo pacto con las Casas de Israel y Judá -los descendientes de aquellas tribus-, es cumplido también cincuenta días después de la resurrección en la que Jesucristo -Cordero de Dios sin mancha- sale triunfante de la tumba, y tras Él todos nosotros -el Israel de Dios (Efesios 2:11-13 / Efesios 3:4-6 / Gálatas 6:16 / Colosenses 1:25-27 / Romanos 16:25)-, judíos y cristianos quienes creemos en su Nombre.

La Promesa de derramar su Espíritu sobre las Casas de Israel y de Judá en la que re-iniciaría el proceso con una nueva propuesta matrimonial -tal como aquella vez al pie del Sinaí- iba a ser cumplida en la Fiesta de Pentecostés, la Fiesta de los Cincuenta días.

Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días. Hechos 1:4-5
Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Hechos 2:1-4

El Espíritu Santo y las tablas de la Ley

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Moisés pasó cuarenta días en el Sinaí, luego de ese lapso le fueron dadas las tablas de piedra (Deuteronomio 9:11) con aquellas Palabras de Vida escritas, las cuales habían oído los israelitas a su llegada al pie del monte Sinaí (Deuteronomio 9:10 / Éxodo 20:1-17).

De la misma forma, la Palabra se completó por escrito cuarenta años después del derramamiento del Espíritu Santo sobre la iglesia, pues es hacia el año 90 d.C. que se escriben los últimos libros de la Biblia, el evangelio de Juan y el Apocalipsis.

Así, nuestras Biblias son, ni más ni menos, esas mismas tablas de la Ley entregadas a Moisés como una garantía de la Nueva Propuesta Matrimonial, o Nuevo Pacto, que Dios ha hecho a su pueblo elegido, apartandolo de entre las naciones para pasar la eternidad juntos.

De tal manera que tanto judíos como cristianos debemos cumplir la Ley, pues constituye el pacto matrimonial con la Casa de Judá (judíos) y la Casa de Israel (cristianos). Sin embargo mientras que los de la Casa de Judá -los judíos- deben cumplir la Ley tanto en su aspecto ritual como el espiritual, la Casa de Israel -los cristianos-, debemos cumplir la Ley solo en su aspecto espiritual (Gálatas 5:14), pues eso es la Gracia.

¡Por tanto, lo que Dios unió, que el hombre no lo separe (Marcos 10:9)!

Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Éxodo 19:5
Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo. 2 Corintios 11:2

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