El fin de un ciclo y el inicio de otro


Desde tiempos muy antiguos -y hasta la fecha- existe la costumbre de leer en las sinagogas cada Shabat por la mañana, el fragmento correspondiente (Parashat Hashavúa / Párrafo de la semana) de la Ley (Torá / Instrucción) para esa semana, de tal manera que en un año toda la Ley -desde Génesis hasta Deuteronomio- sea leída.

En los días de nuestros padres, la lectura en voz alta de la Ley concluía con gran regocijo el último día de la fiesta de Tabernáculos, que también era el último día del ciclo agrícola (Juan 7:37-38).

De tal manera que el día en que se terminaba de leer la Ley (Simjat Torá) coincidía con el fin del ciclo agrícola. En este día no solo se hacía la última lectura del año que concluía, sino que inmediatamente se daba inicio a la primer lectura del siguiente año o ciclo agrícola.

Como ya hemos dicho antes, esto no era casual, sino tenía un propósito Divino específico -mismo que con gran regocijo igualmente retomamos en este blog-, pues la Palabra, escrita en un principio para gente sencilla del campo, gira en torno al ciclo agrícola para su mejor asimilación.

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