Según la Biblia ¿porqué estamos aquí?


¿Porqué estamos aquí? ¿Cuál es el propósito de mi vida? ¿Existe un destino?

Desde siempre la humanidad se ha hecho preguntas tales como ¿De dónde venimos antes de nacer? ¿A dónde vamos después de morir?

Todo está en la Biblia. Es ahí donde hallaremos las respuestas que buscamos acerca de nuestra procedencia antes de nacer y nuestra trascendencia después de morir, pues fue para eso que la Palabra ha sido fijada por escrito: para que quienes vamos arribando a este mundo -confundidos y desorientados- obtengamos la información necesaria hacia dónde continuar nuestro rumbo.

Antes que te formase en el vientre te conocí... Jeremías 1:5


Antes de nacer ya estábamos en la mente de Dios (Efesios 1:4-5), por su voluntad fuimos formados en el vientre de nuestra madre. Al nacer cumplimos un propósito Divino el cual nos es necesario conocer a fin de tomar el camino correcto de regreso a nuestro Creador (Eclesiastés 12:7).

Mis días son como sombra que se va, y me he secado como la hierba. Salmo 102:11
Porque: Toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae. 1 Pedro 1:24 

Nuestra permanencia en este mundo es necesariamente breve. Y ello se debe a que -al igual que las tribus en el desierto- solo estamos de paso al que será nuestro destino definitivo y eterno, el cual nosotros tendremos la oportunidad de decidir aquí, en esta estancia.

El camino de la vida es hacia arriba al entendido, para apartarse del Seol abajo. Proverbios15:24

El llamado de Dios a su pueblo por medio de su Mensaje

Tal como el salmón, el cual -oyendo el llamado de la naturaleza- tiene que sortear inmensas dificultades río arriba para llegar a su reposo y destino final, los hijos de Dios debemos pasar por las pruebas de este mundo -engaño, aflicción y tentación (Mateo 4:1-11)- antes de llegar ante el Padre, desde cuya morada nos hace su llamado para encontrarle ahí mismo, donde reposaremos de nuestro arduo trayecto (Apocalipsis 14:13). Pero igual que el salmón, los de cuya especie no todos llegan a su destino sino solo los mejores y los más aptos, no todos los que sean llamados llegarán al Cielo (1 Corintios 10:1-14).

Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos. Mateo 20:16
Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. Mateo 7:13-14
No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Mateo 7:21 

La Palabra de Dios nos guía hacia nuestro destino en la vida eterna. Son las instrucciones precisas y directas que, desde su morada, Dios -en su infinita Misericordia- nos extiende para seguir el camino que nos llevará ante Él.

Quiénes somos y a dónde pertenecemos

Al llegar a esta vida y comenzar a adquirir conciencia, intuimos que hay algo importante lo cual deberíamos conocer. Sin sosiego, muy comunmente comenzamos a buscar en otros lugares la respuesta que desde hace miles de años está escrita en la Palabra aguardando por nosotros:


QUIÉNES SOMOS Y A DÓNDE PERTENECEMOS


Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas

Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. Génesis 15:5

La Palabra dice que somos los hijos de la Promesa dada a Abraham (Romanos 9:6-11 / Romanos 9:24-27 / Efesios 3:3-6 / Gálatas 3:29). Somos los hijos de Abraham, las tribus de Israel.

No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes. Porque la palabra de la promesa es esta: Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo. Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama). Romanos 9:6-11

El pueblo de Dios disperso entre las naciones

Dios hizo un pacto con su pueblo, pero su pueblo no permaneció en él, por lo que fueron dispersados entre las naciones (Deuteronomio 29:24-29 /  2 Reyes 17:6 / 2 Reyes 17:23-24). Sin embargo, por su gran Amor, Dios ha enviado un Salvador que rescate a los miembros de sus tribus perdidas entre los gentiles: nosotros.

Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Lucas 19:10

Ese Salvador o Yoshua (Josué) en Hebreo, Yeshúa en Arameo, Ieshu en Griego, es Jesucristo (YeshuaHaMashiaj), el Ungido León de la tribu de Judá; Jefe de todas las tribus destinado por el Altísimo (1 Pedro 1:19-20) para llamarnos en torno a Él y una vez congregados, introducirnos en la Tierra Prometida: el Cielo (Oseas 1:6-11 / Ezequiel 34:6-12 / Ezequiel 34:22-24 / Mateo 15:24 / Hebreos 4:1-13).

Jesucristo es la Palabra de Dios (Juan 1:1-3) y también su Santo Espíritu (Gálatas 4:6 / Romanos 8:9 / 1 Pedro 1:11). El llamado de Dios a su pueblo santo lo hace por medio de su Palabra y su Espíritu, que también son su Vara y su Cayado (Salmo 23:4). Como ovejas suyas que somos, con su Vara y con su Cayado nos corrige (Apocalipsis 3:19 / Salmo 94:12), nos separa de los que no son suyos (Mateo 25:32-33), nos agrupa (Juan 10:16) y nos conduce por el camino al Padre (Juan 14:6).

La Palabra y su propósito

Así, el propósito de nuestro breve pero definitorio paso por este mundo es hallar el camino angosto y recto que conduce al Padre -el cual la Palabra nos muestra- y no desviarnos de nuestro andar, ni a izquierda, ni a derecha (2 Reyes 22:2).

Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. Mateo 7:13-14

Para ello, es esencial conocer a su vez el sentido de cada parte de la Escritura, la cual TODA gira en torno a la Ley de Dios, las Palabras de Vida (Hechos 7:38), las instrucciones para encontrar nuestro camino a la vida eterna (Colosenses 2:2-3 / Mateo 13:44-46).

Cada parte de la Escritura cumple un propósito: llevar el mensaje de rescate o salvación al pueblo de Dios. Pero el pueblo -las doce tribus (Apocalipsis 21:12)- a lo largo de los siglos no solo ha cambiado radical y dramáticamente su ubicación geográfica, sino, en el caso de la Casa de Israel, ha sido asimilada por las naciones gentiles y con ello ha perdido su memoria, su identidad, su idioma y su cultura. Pero la Palabra -con su poder restaurador- está al alcance de todos los que entiendan el Mensaje y quieran apartarse de este mundo, al que nunca pertenecimos (Juan 15:19 / Juan 17:14-16).

A continuación describimos, muy brevemente, el propósito de cada parte de la Escritura:

Los cinco libros de Moisés:

Conocidos como la Ley. Son las Palabras de Vida haciendo las cuales Israel vivirá (Deuteronomio 32:47). Emanan de las Diez Palabras o Diez Mandamientos y su esencia espiritual es «Amarás al Señor, tu Dios por sobre todas las cosas y amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Gálatas 5:14 / Levítico 19:18 / Deuteronomio 6:5 / Marcos 12:30:31). En Hebreo estos libros se conocen como Torá, término que significa «guía» o «instrucción», pues son la guía o instrucciones para recorrer nuestro camino (Proverbios 6:23) por el cual llegaremos -como quien acierta en el blanco u objetivo- ante la puerta estrecha que nos lleva a la vida eterna.

Después de estos cinco libros tenemos dos secciones, una escrita en su mayoría en Hebreo y la otra en su mayoría en Griego. Estas dos secciones giran en torno a la DIFERENTE FORMA en que -acorde a la enseñanza de los profetas- las dos Casas -Israel y Judá- deben cumplir la Ley.

Primer sección. Cumplimiento del Pacto: Literal y Espiritual

Desde Josué hasta Malaquías. Esta sección está escrita en su mayoría en Hebreo. Es la comprensión de cómo cumplir la ley de Moisés en su forma literal pero también espiritual y las consecuencias de no hacerlo así. Este cumplimiento TANTO LITERAL COMO ESPIRITUAL, corresponde efectuarlo a la Casa de Juda.

Segunda sección. Nuevo Cumplimiento del Pacto: Espiritual (La Gracia)

Desde Mateo hasta Apocalipsis. Esta sección está escrita en su mayoría en Griego. Es la comprensión de CÓMO CUMPLIR LA LEY DE DIOS YA NO EN SU FORMA LITERAL, SINO SOLO EN SU FORMA ESPIRITUAL (lo que comunmente llamamos vivir bajo la Gracia), que acorde a la voluntad de nuestro Bondadoso Padre celestial (Jeremías 31:33), corresponde a la Casa de Israel.

Escrita para las tribus de Israel en la dispersión (Deuteronomio 30:1-6 / Ezequiel 36:17-24). Al estar esparcidas y asimiladas entre las naciones, las tribus de Israel, han perdido su idioma original, el Hebreo, por lo que El Dios Misericordioso tiene la generosidad de hablarles en el lenguaje que ahora usan: el Griego.

...que decía: Yo soy el Alfa y la Omega [primera y última letras del alfabeto Griego], el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea. Apocalipsis 1:11.

Acorde a la profecía de los dos cayados (Zacarías 11:7), a la Casa de Israel el Mesías la rescatará de entre los gentiles con su cayado de Gracia, es decir, enseñándole a dar a la Ley solo su cumplimiento espiritual.

¿Porqué una parte del Mensaje ha sido escrita en Hebreo y otra en Griego?

Si bien el idioma de los humanos cambia con el tiempo, EL MENSAJE DE DIOS ES EL MISMO. Dios en su Misericordia ha procurado que su Mensaje sea puesto al alcance de todo su pueblo en la diáspora, el cual como ya dijimos antes -en el caso de la Casa de Israel-, por haber sido dispersado entre las naciones, ha perdido su identidad y con ello también su lengua original: el Hebreo.

Así, el Mensaje de Dios a su pueblo ha sido expresado originalmente en Hebreo, Arameo y Griego; para su posterior traducción, primero al Latín y después a todas las lenguas modernas, a fin de alcanzar de entre las naciones a todos los que están destinados a la salvación. ¡Aleluya!

Y levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra. Isaías 11:12

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