Volvamos al Señor y Él vendrá a nosotros como la lluvia a la tierra



El hombre está hecho de la tierra

No mucho tiempo atrás los científicos hallaron que el cuerpo humano está principalmente compuesto de calcio, hierro, fósforo, magnesio, yodo, zinc, sodio, potasio, etc.

Esto, que es un descubrimiento científico relativamente reciente, la Palabra lo viene mostrando desde hace miles de años, pues nos enseña que la materia con que Dios hizo al hombre fue precisamente la tierra.

Entonces Dios El Señor formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. Génesis 2:7

El reposo y la lluvia

Es por ello que el ser humano ha de comportarse de la misma manera que la tierra, la cual necesita reposo y agua, pues si carece de estos elementos hasta la tierra más fértil se vuelve árida y estéril.

Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, la tierra guardará reposo para El Señor. Seis años sembrarás tu tierra, y seis años podarás tu viña y recogerás sus frutos. Pero el séptimo año la tierra tendrá descanso, reposo para El Señor; no sembrarás tu tierra, ni podarás tu viña. Levítico 25:2-4
Entonces la tierra gozará sus días de reposo, todos los días que esté asolada, mientras vosotros estéis en la tierra de vuestros enemigos; la tierra descansará entonces y gozará sus días de reposo. Levítico 26:34
Abundante lluvia esparciste, oh Dios; A tu heredad exhausta tú la reanimaste. Salmo 68:9

De la misma manera, así como la tierra necesita reposo y lluvia -ya hablando en lo espiritual- el corazón del creyente necesita periódicamente del reposo de Dios, que no es un descanso cualquiera, sino el reposo sobrenatural y regenerador que solo se halla en su Palabra; asimismo, también necesita de la lluvia permanente y abundante de la Presencia de Dios, el Espíritu Santo.

Goteará como la lluvia mi enseñanza; Destilará como el rocío mi razonamiento; Como la llovizna sobre la grama, Y como las gotas sobre la hierba... Deuteronomio 32:2
Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié. Isaías 55:10-11

La lluvia que llena los manantiales y hace brotar de ellos agua viva

La tierra a la cual pasáis para tomarla es tierra de montes y de vegas, que bebe las aguas de la lluvia del cielo; Deuteronomio 11:11
Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos. Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente, cuando la lluvia llena los estanques. Salmo 84:5-7

En el antiguo Israel la lluvia torrencial depositaba agua en las cisternas naturales y los volvía manantiales de los cuales, al desbordarse, el agua brotaba viva, por ello es que el Señor dice:

En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Juan 7:37-38

Así como la tierra sedienta bebe la milagrosa lluvia torrencial que cae del cielo, la cual se filtra hacia los manantiales para luego brotar como torrentes de agua viva, mujeres y hombres tenemos sed de Dios, quien por medio de Jesucristo nos da a beber de su Espíritu y una vez estando llenos brotan de nosotros ríos de Agua Viva.

Cuando la lluvia cesa

Pero la Palabra nos muestra que cuando no llovía, la tierra en Israel se secaba y se endurecía. Nada podía sembrarse en ella, pues se volvía impenetrable como roca. De la misma manera, cuando el corazón del creyente debido a los afanes de este mundo, el engaño de las riquezas y las codicias de otras cosas (Marcos 4:18-20) deja de recibir el reposo de la Palabra y la lluvia del Espíritu Santo, como la tierra que es, se endurece volviéndose árido y estéril.

Por ello era que en el antiguo Israel, cuando los hombres tenían mala conducta, Dios hacía que dejara de llover (Deuteronomio 11:17 / 2 Crónicas 6:26 / Jeremías 3:3 / Amós 4:7 / Hageo 1:9-11 / Zacarías 14:17). Igualmente cuando dejamos de obrar como la Palabra nos manda, el Espíritu no está más en santa comunión con nosotros (1 Tesalonicenses 5:19). Cesa la Lluvia Espiritual y nuestro corazón se endurece a las verdades de Dios: dejamos de ser espirituales y nos volvemos a este mundo.

Como ya habíamos dicho alguna vez, la Palabra está escrita en un lenguaje espiritual, por lo que su mensaje está cargado de símbolos, dado lo cual, a fin de no malinterpretar tal mensaje, hemos de aprender a descifrar esas simples figuras. Por lo pronto, hoy dejaremos anotado que todas las citas en la Palabra que enseñen sobre la lluvia y la tierra aluden a la visitación del Espíritu Santo a nuestros corazones.

Quizá nuestros ojos físicos no puedan verlo, pero si abrimos nuestros ojos espirituales (2 Reyes 6:16-17) claramente veremos la visitación del Espíritu Santo venir en una lluvia gloriosa y milagrosa.

Y conoceremos, y proseguiremos en conocer al Señor; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra. Oseas 6:3

Así como nuestros padres rogaban por lluvia y Dios la enviaba, roguemos a Dios que su lluvia espiritual no cese sobre nosotros, arrepintámonos de nuestras malas obras y enmendemos nuestros caminos. Y si alguno de nuestros seres queridos ha endurecido su corazón, roguemos al Padre para que envíe su Misericordiosa Lluvia sobre él o ella, para que su corazón vuelva a ser fértil y siendo sembrada de nuevo la semilla, que es la Palabra (Lucas 8:11), vuelva a dar fruto abundante.

...tú oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, enseñándoles el buen camino en que anden; y darás lluvias sobre tu tierra, la cual diste a tu pueblo por heredad. 1 Reyes 8:36
Y daré bendición a ellas y a los alrededores de mi collado, y haré descender la lluvia en su tiempo; lluvias de bendición serán. Ezequiel 34:26
Pedid al Señor lluvia en la estación tardía. El Altísimo hará relámpagos, y os dará lluvia abundante, y hierba verde en el campo a cada uno. Zacarías 10:1
...si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones. Hechos 14:17
Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca. Santiago 5:6-8
Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto. Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados. Santiago 5:17-20