Jerusalén: significado simbólico de las antiguas peregrinaciones


Las peregrinaciones que nuestros padres antiguamente efectuaban a Jerusalén tienen un significado simbólico el cual brevemente explicamos a continuación.

Tres veces al año las tribus de Israel debían iniciar una peregrinación hacia Jerusalén. Las caravanas puntualmente se dirigían a su destino: la ciudad santa donde habitaba el Nombre del Señor.

Tres veces cada año aparecerá todo varón tuyo delante de El Señor tu Dios en el lugar que Él escogiere: en la fiesta solemne de los panes sin levadura, y en la fiesta solemne de las semanas, y en la fiesta solemne de los tabernáculos. Y ninguno se presentará delante de El Señor con las manos vacías. Deuteronomio 16:16

Como un testimonio de ello encontramos que una parte de los salmos está compuesta por cantos que entonaban esos viajeros en sus peregrinaciones:

Yo me alegré con los que me decían: A la casa del Señor iremos. Nuestros pies estuvieron dentro de tus puertas, oh Jerusalén. Jerusalén, que se ha edificado como una ciudad que está bien unida entre sí. Y allá subieron las tribus, las tribus de El Señor, conforme al testimonio dado a Israel, para alabar el nombre de El Señor.
Salmo 122: 1-4

Es precisamente durante una de esas peregrinaciones en las que el pasaje de Lucas nos muestra un aspecto de los primeros años del Señor:

Iban sus padres todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua; y cuando tuvo doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta. Al regresar ellos, acabada la fiesta, se quedó el niño Jesús en Jerusalén, sin que lo supiesen José y su madre. Y pensando que estaba entre la compañía, anduvieron camino de un día; y le buscaban entre los parientes y los conocidos; pero como no le hallaron, volvieron a Jerusalén buscándole. Lucas 2:41-45

Simbolismo de las peregrinaciones a Jerusalén: nuestro paso por esta vida

Las peregrinaciones a Jerusalén simbolizan nuestro paso por esta vida que debemos entender es precisamente una peregrinación hacia la siguiente vida.

Esos actos proféticos, las peregrinaciones santas, nos muestran exactamente cual es el propósito del pueblo de Dios en su paso por esta vida: Una vez habiendo escuchado el llamado de Dios encontrar el camino correcto y estrecho hacia el lugar donde nuestro Padre celestial nos está aguardando (Mateo 7:14).


La Escritura insiste, en su amorosa enseñanza al pueblo santo, en que los hijos de Abraham, multiplicados como las estrellas del cielo y la arena del mar -que no se pueden contar (Génesis 22:17 / Génesis 15:5 / Génesis 32:12)- pasamos por este mundo en una gigantesca peregrinación, un río humano (Salmo 133) que en el gran día de fiesta desembocará en el Monte Santo, donde hay una ciudad preparada para todos los que esperan en el Poderoso de Israel.

Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar. Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad. Hebreos 11:11-16

Por lo cual también el apóstol Pedro, sabiendo todo esto, nos exhorta a no comportarnos como los naturales de esta tierra sino como ciudadanos de la Jerusalén celestial a la cual nos dirigimos (Apocalipsis 21:2).

Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación... 1 Pedro 1:17

Todo ello porque a los peregrinos novatos se les advertía que en su paso por tierras de gentiles iban a ver que tales pueblos practicaban cosas muy lejanas (2 Reyes 17:24-41) a la santidad que El Señor demanda de su pueblo elegido (Éxodo 19:5) por lo que debían tener mucho cuidado de no imitarles.

Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.Vivid como siervos de Dios. Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles [...] 1 Pedro 2:9-12

De la misma manera nosotros los hijos de Dios que estamos de paso por esta vida tenemos a la vista que los que pertenecen a este mundo se portan de forma muy diferente a la nuestra, por lo que si somos sensatos entonces tendremos cuidado de no imitarles pues somos una nación santa y servimos a un Dios muy estricto (1 Corintios 10:1-11).


Veremos el Rostro de Dios

Así, cuando nuestra peregrinación llegue a su destino en la siguiente vida, tal como nuestros padres que culminaban su jornada ante el Templo, todos quienes pertenecemos a Israel estaremos ante el trono de nuestro Señor.

Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado. Apocalipsis 4: 2

La Escritura nos muestra que en otra peregrinación el pueblo pudo saludar al Mesías como un acto profético del cumplimiento pleno y glorioso que ha de venir.

El siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén, tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!  Juan 12:12-13

En el cumplimiento pleno de la profecía todo el pueblo de Dios estará frente a Él en la culminación de nuestra peregrinación por esta tierra:

Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero. Apocalipsis 7: 9-10

La peregrinación de los hijos de Dios en nuestros días a diferencia de las de nuestros padres en el antiguo Israel no es a través de algún territorio ni tampoco tiene como destino un punto terrenal, sino que es a través del tiempo, de los años que estemos en esta tierra y su destino es el Monte Santo que está en el cielo.

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