El bautismo y su relación con las lluvias tempranas


¿Sabías que hay una conexión directa entre el bautismo y las lluvias tempranas?

En efecto, existe una maravillosa relación entre el bautismo y las lluvias tempranas que caían en el antiguo Israel. En este breve artículo hablaremos un poco de ello.

Para entender esta relación necesitamos antes conocer la forma en la que nuestros padres en el antiguo Israel concebían el agua de lluvia, que no es la misma concepción que nosotros tenemos.
Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié. Isaías 55:10-11

El agua desde siempre ha sido un elemento benéfico y purificador. Al provenir del cielo por medio de la lluvia se convierte en un elemento altamente cargado de significado simbólico o espiritual, pues no solamente da vida y limpia sino que también proviene de Dios.

Asi también la Palabra de Dios proviene del cielo, da vida interior y limpia.


El agua de manantial en la que se hace la inmersión

El agua viva, es decir, el agua pura que brota del manantial, viene del cielo. Los manantiales dependen de la lluvia. Aun cuando se vea fluir el manantial del propio suelo, lo cierto es que es la lluvia la que lo nutre. Porque es el agua de la lluvia, que se ha filtrado a través de la tierra, la que brota a la superficie en forma de surtidor o manantial yendo a alimentar después algún lago o río que la conduce al mar, de donde pasa en forma de vapor a las nubes, las cuales nos la devuelven convertida en agua nuevamente bajo la forma de lluvia.


La Palabra de Dios es como esa lluvia que viene del cielo, que se acumula en los corazones de los hombres y brota limpia del manantial de los que obedecen a Dios y hacen su voluntad.

Así como la tierra sedienta bebe la milagrosa lluvia torrencial que cae del cielo, la cual se filtra hacia los manantiales para luego brotar como torrentes de agua viva, mujeres y hombres tenemos sed de Dios, quien por medio de Jesucristo, que es la Palabra, nos da a beber de su Espíritu y una vez estando llenos nuestros corazones brotan de nosotros ríos de Agua Viva.

La Mikvé o inmersión ritual en el antiguo Israel

La Palabra hebrea Mikvé significa «cuerpo o colección de agua viva» por lo que manantiales, lagos, ríos y mares, que son alimentados por el agua de lluvia, son las Mikvot (plural de Mikvé) por excelencia.

El rito de la Mikvé consiste en una inmersión ritual en un cuerpo de agua viva que desde tiempos bíblicos el pueblo de Israel ha practicado para purificarse no física, sino espiritualmente.

Según el Diccionario Strong, el verbo griego Bapto (G911), del cual proviene la palabra bautizo, significa inundar o cubrir completamente con un fluido, es decir, sumergirse.


Por tanto, sumergirse en la Mikvé y bautizarse es el mismo acto ritual y no significa ninguna otra cosa sino purificarse interiormente en la Palabra de Dios.

El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo 1 Pedro 3:21


Cuando la lluvia espiritual cesa y el corazón se endurece

Pero la Palabra nos muestra que cuando no llovía, la tierra en Israel se secaba y se endurecía. Nada podía sembrarse en ella, pues se volvía impenetrable como la piedra. De la misma manera, cuando el corazón del creyente debido a los afanes de este mundo, el engaño de las riquezas y las codicias de otras cosas deja de recibir el reposo de la Palabra y la lluvia del Espíritu Santo, como la tierra que es, se endurece volviéndose árido y estéril.

Por ello era que en el antiguo Israel, cuando los hombres tenían mala conducta, Dios hacía que dejara de llover. Igualmente cuando dejamos de obrar como la Palabra nos manda, el Espíritu no está más en santa comunión con nosotros. Cesa la Lluvia Espiritual y nuestro corazón se endurece a las verdades de Dios: dejamos de ser espirituales y nos volvemos a este mundo.


Las milagrosas lluvias tempranas

No obstante, la tierra de Israel, endurecida y agrietada por el verano desértico, ante los asombrados ojos de los hombres literalmente volvía a la vida gracias a las milagrosas lluvias tempranas, que eran la más amorosa manifestación Divina de aquellos días pues significaba que no importaba cuan endurecido estuviera el corazón humano, Dios siempre enviaría su lluvia para sensibilizarlo de nuevo.

Así como las lluvias tempranas, que sensibilizan la tierra y la dispone a ser sembrada, la Palabra de Dios, es una lluvia espiritual e invisible que viene del Altísimo y sensibiliza los corazones de los hombres. Los efectos de la Palabra en el corazón del hombre son los mismos que los efectos de la lluvia en la tierra. Así como la lluvia hace que la tierra produzca fruto en abundancia, la Palabra hace dar frutos espirituales que producen salvación.

El corazón humano, cuando ha dejado de recibir la Palabra de Dios, se endurece y se agrieta como la tierra, pero la Palabra de Dios vuelve a él y se convierte en una fuente de agua viva.


Es la propia Escritura la que reiteradamente nos instruye en que el propósito de la lluvia en lo terrenal, es una figura de lo que la Palabra tiene como propósito en lo espiritual.

Tal como la lluvia vuelve para dar a la tierra vida y limpieza, también la Palabra de Dios, que igualmente es enviada por el Altísimo, vuelve para proveer vida y limpieza a nuestro ser interior.

Así, el rito del bautismo significa hacer una inmersión en la Palabra de Dios que es su Espíritu y si nuestros corazones hacía tiempo que estaban endurecidos por la sequía, esa agua milagrosa que proviene del cielo ablandará y limpiará nuestros interiores.

Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Ezequiel 36:25-26

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