El grano de mostaza: significado de la parábola


El grano de mostaza es una minúscula semilla que se transforma en un árbol enorme

Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible. Mateo 17:20

Esta enseñanza, que es sorprendentemente sencilla pero que de ella bien se podrían escribir una montaña de libros todos asombrosos, nos hace entender que hacer milagros es posible, pero se debe comenzar desde lo pequeño, o mejor dicho, desde lo minúsculo.

Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas. Mateo 13:31-32

Tal como un grano de mostaza, que es una semilla diminuta, la más diminuta de todas las semillas, pero que con el tiempo se vuelve un tremendo árbol, también los milagros comienzan así, de una forma diminuta, imperceptible. Y así como la transformación de una semilla comienza en tierra, apartada de la vista de todos, también los milagros, incluso los más grandes, han de comenzar en la buena tierra, que es el corazón.


El primer paso, un pequeño milagro interior: el perdón

Si bien ya entendimos que para hacer grandes milagros primero hay que comenzar por los minúsculos, los que nadie ve sino solo nosotros, hay que entender que el primer milagro de todos debe ser el perdón. Necesitamos perdonar a quien nos hizo daño. La buena tierra, en la que germina toda semilla necesita estar sana, y la falta de perdón enferma la tierra, no le permite producir al ciento por ciento.

Ver también:

El perdón es un pequeño acto interior que se dice fácil pero en términos reales es humanamente imposible pues estamos hablando de un hecho que por ir en contra de la naturaleza humana está en el renglón de lo sobrenatural. Por tanto, el perdón es un acto sobrenatural el cual solo puede realizarse con la ayuda del Espíritu Santo.


Nosotros como pueblo de Dios que hemos creído en el Nombre de su Hijo Jesucristo tenemos al Espíritu Santo y también el poder de obrar ese primer milagro que sanará nuestros corazones y los dejará listos para comenzar a obrar prodigios cada vez mayores.


El siguiente nivel en la creación de milagros: la transformación de las emociones 

bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues. A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva. Lucas 6:28-30

Una vez que hemos perdonado y con ello sanado nuestro corazón podemos ir al siguiente nivel. La vida nos presenta diariamente oportunidades para comenzar a aprender a mover montañas. Pero como en todo aprendizaje aquí también se comienza desde lo básico. Para mover una montaña primero se necesita saber mover un granito de arena y luego ya que hayamos aprendido a hacerlo aprenderemos a mover juntos dos y luego tres.

De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. Juan 14:12

Lo que quizá muchos no sepan es que la vida diariamente nos da la materia prima o semilla necesaria para comenzar a aprender a hacer milagros.


La forma en la que la vida nos proporciona semillas es en las pequeñas adversidades. Cotidianamente nos enfrentamos a cosas que nos irritan, nos preocupan o incluso nos alteran. Esas pequeñas cosas son las que vamos a aprender a transformar. Cuando aprendamos a transformar las pequeñas intentaremos con las grandes.

Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder. 1 Corintios 4:20

Cuando iniciamos una espiral ascendente de transformación milagrosa podremos, con el tiempo y mucha dedicación, lograr milagros como este:


o como este otro:


Si observamos bien, esos milagros fueron de transformación. El Señor transformó cosas físicas ya existentes. Pero no se aprende a hacer eso de la noche a la mañana, como ya entendimos, la parábola del grano de mostaza nos enseña que es un proceso que comienza con lo minúsculo, lo imperceptible, lo que solo nosotros notamos pues sucede en nuestro interior, una semilla que está dentro de nosotros, pero que cuando comienza a florecer todos pueden notarla y maravillarse.

La clave entonces es la transformación. La semilla de mostaza simboliza la transformación de algo minúsculo, insignificante en algo que con el tiempo se vuelve tan grande que protege no solo a nosotros sino a los demás.


Así que primero aprenderemos a transformar las emociones negativas en positivas. A veces nos lamentamos por las cosas que vienen a nuestra vida y nos causan molestia, pero las comenzaremos a ver como semillas con las que podemos aprender a crear cosas buenas.

Las emociones negativas nos producen estados de ánimo negativos los cuales nos hacen actuar también en forma negativa. Este mundo nos produce angustia, miedo, frustración y otras muchas emociones negativas, pero cuando aprendamos a transformar esas emociones como agua en vino entonces estaremos en el siguiente nivel.

Cada vez que a nuestra vida lleguen situaciones que nos causen miedo, angustia e infelicidad transformaremos esa sensación en lo contrario. ¿Cómo? ¡Hablando!

Le diremos a nuestro Padre en el cielo lo siguiente:

«Bendito seas Bondadoso Padre porque me das semilla para sembrar. Dame el poder para hacer con esto un milagro.»

Y luego de haber hablado debes actuar: sonríe cada que venga una adversidad a tu vida. Pero la sonrisa debe ser sincera y provenir del interior, quizá te ayude recordar que nuestra estancia en este mundo es breve y que cada día que pasa es un día menos para irnos con nuestro Señor para siempre.

Así estarás transformando algo dañino en benigno: habrás hecho tu primer pequeño milagro. Nunca olvides que nosotros los hijos de Dios estamos en esta tierra para enseñar a la humanidad a transformar lo malo en bueno.


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