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De Panes y Pescaditos


Jesús y los discípulos fueron al lago de Galilea, muchos lo seguían pues habían visto los milagros que Él hacía sanando a los enfermos.

Cuando Jesús vio la multitud preguntó a Felipe:
¿Dónde podremos comprar comida para tanta gente?

Pero Felipe respondió:
Ni trabajando doscientos días se ganaría suficiente dinero para dar un poco de pan a tantos.

Alguien dijo entonces a Jesús:

 Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes y dos pescaditos, pero eso no alcanzará para repartirlo entre todos.

Jesús pidió a sus discípulos que sentaran a la gente. Eran como cinco mil personas. Entonces tomó los panes y oró dando gracias a Dios y los dio a sus discípulos para que los repartieran entre toda la gente. Y así mismo hizo con los peces. Todos comieron cuanto quisieron...


A veces, sin querer, yo me porto como Felipe. Él era precisamente de esa región, por eso el Señor le preguntó si conocía de algún lugar cercano dónde comprar comida. Pero el buen Felipe, que no sabía que la intención del Señor era darle una enseñanza que nunca olvidaría, le contestó que ese no era el problema, sino que aunque hubiera dónde comprar comida, no tendrían el suficiente dinero para pagarla.

Pienso que Jesús quisiera que yo fuera menos como Felipe y más como el muchachito de los dos peces y los cinco panes, pues aunque era muy poco lo que tenía para ofrecer, lo dio todo, y con ese poquito, el Señor hizo un milagro tan espectacular, que es el único milagro hecho por Jesús que aparece al mismo tiempo en los cuatro evangelios.

Y es que cuando le damos a Dios todo lo que tenemos, sin quedarnos con nada, su bendición es tanta que sobrepasa aún las expectativas más lejanas.

Si le damos a Jesús nuestra vida íntegra, por muy poco que a nuestro parecer pueda valer, Él igual que hace dos mil años, hará con ella un milagro espectacular.

Pasaje: Juan 6:1-15