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La alegría del vino nuevo


María, Jesús y sus discípulos fueron invitados a una boda en la región de Galilea. Durante la fiesta de bodas se acabó el vino.

Entonces María le dijo a Jesús:
—Ya no tienen vino.

Jesús le respondió:

—Madre, ese no es asunto nuestro. Aún no ha llegado el momento de que yo muestre quien soy.

Entonces María les dijo a los sirvientes: “Hagan todo lo que Jesús les diga.”Allí había seis grandes tinajas de piedra para el agua, de las que usan los judíos en sus ceremonias religiosas. En cada tinaja cabían unos cien litros. Jesús les dijo a los sirvientes: “Llenenlas de agua”.

Los sirvientes llenaron las tinajas hasta el borde. Luego Jesús les dijo: “Ahora, saquen un poco y llévenselo al encargado de la fiesta”.

Así lo hicieron. El encargado de la fiesta probó el agua que había sido convertida en vino, y se sorprendió, porque no sabía de dónde había salido ese vino.

Pero los sirvientes sí lo sabían.

En seguida el encargado de la fiesta llamó al novio y le dijo: “Siempre se sirve primero el mejor vino, y cuando ya los invitados han bebido bastante, se sirve el vino corriente. Tú, en cambio, has dejado el mejor vino para el final”.

Realmente constituía un gran problema que se acabara el vino en medio de tan importante celebración como lo era una boda. Para los israelitas, el vino simbolizaba la alegría y la abundancia y el hecho de que se terminara en mitad de la fiesta no auguraba nada bueno para el futuro del nuevo matrimonio.

El pasaje no nos habla de la identidad de los recién casados, pero sí nos dice que hicieron algo muy sabio: invitaron a Jesús a su celebración.

Durante mucho tiempo le dí un valor demasiado alto en mi vida a las posesiones materiales. Sin embargo un día entendí, que igual que en las bodas de Caná, todo aquello capaz de darme dicha en este mundo tarde o temprano se iba a acabar.

Igual que aquellos recién casados, me di cuenta que la verdadera fuente de felicidad no era el vino que se acaba, sino aquel invitado que estaba sentado en alguna mesa del fondo. Así que lo invité a pasar a la mesa de honor y ahora es el rey de mi vida.

Si invitamos a Jesús a nuestras vidas, Él igual que hace dos mil años, cuando se acabe la alegría en medio de la celebración, convertirá el agua en el mejor de los vinos.

Pasaje: Juan 2:1-12