Las catacumbas


¿Qué son las catacumbas?

Las catacumbas son redes de túneles subterráneos donde la iglesia cristiana del primer siglo en Roma se reunía clandestinamente.

Según el Diccionario Bíblico Arqueológico, las catacumbas fueron cementerios subterráneos formados por pasajes con nichos en sus paredes en los cuales eran colocados los restos de los creyentes. Fueron usadas por los cristianos en Roma desde el siglo II hasta el año 412 d.C., cuando Alarico, rey de los visigodos, asoló el territorio alrededor de la ciudad y las catacumbas —ubicadas 2 kms. fuera de las murallas de Roma— quedaron inaccesibles.

En sus paredes se han encontrado muchos dibujos representando a un pez. Esos dibujos eran usados como una marca para que los nuevos creyentes supieran que ahí era el lugar de reunión. Esto debido a la persecución que sufrían los cristianos.



Hoy día cuando asistimos a nuestras reuniones y nos damos cuenta de que alguien ha faltado podemos pensar que se le ha presentado alguna contingencia, quizá algún compromiso ineludible o algo imprevisto. Jamás se nos ocurre pensar que algo grave pudiera haberle ocurrido a esa persona que no se congregó.

Pero en la iglesia de las catacumbas no era así. Si alguien faltaba ellos sabían que era porque lo habían arrestado o porque lo habían matado. Y es que durante mucho tiempo en el imperio romano ser cristiano era un delito.

Así, a muchos de nuestros hermanos cristianos que fueron perseguidos por el imperio romano los asaron vivos, los decapitaron, los crucificaron o les hicieron sufrir alguna otra muerte horrenda; hubo inclusive familias enteras devoradas por los leones en el circo.

Sin embargo ellos soportaban morir y ver morir a sus seres queridos por una sola razón: en cada reunión recibían la poderosa presencia de nuestro Señor Jesucristo.

Y es que cuando hay tribulación, El Señor se mueve de una forma especial en medio de su pueblo.

Cuando las dificultades vienen a mi vida, pienso en mis hermanos que murieron martirizados y aun en aquellos que hoy día están siendo maltratados en otras partes del mundo. Y entonces mis problemas ya no se ven tan grandes. Es cuando se me ocurre pensar que a veces me fijo más en lo poco que me hace falta y no veo lo mucho que tengo.

En medio de la tribulación llamemos a Jesús y Él, igual que hace dos mil años, caminará entre su iglesia y dará consuelo a quienes invoquen su Nombre.

Lectura: Mateo 18:20 / Juan 17:14

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