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¿Puede la mujer mandar y enseñar a los hombres en la iglesia?


Desde Santiago de Chile, un hermano nos escribe:
Hermano Samuel:
Primeramente, doy gracias a DIOS Padre y a nuestro Señor Jesucristo, por el don que le ha dado a usted de enseñar la palabra, compartirla y tener a su disposición el Blog, que de gran bendición ha sido para mi y mi familia. Hoy somos cuatro, que hace un poco de tiempo, nos reunimos en mi casa para leer la palabra y hacer un estudio. Sabemos, que por medio de su palabra, nuestro Señor Jesucristo nos acompaña ( Mateo 18:20), porque en su nombre nos reunimos y por medio de su Espíritu Santo nos da el entendimiento (Lucas 24:45) y la sabiduría para aprehender su verdad y ha sido Cristo mismo que nos ha sacado el velo y nos hemos podido dar cuenta de la mala doctrina que hemos recibido por años, colocando a Dios a nuestro servicio y creyendo en las "revelaciones" de los hombres que solo traen esclavitud y condenación (2 Co 3:14 /Efe 4:18).
Querido hermano, hemos entendido el principio espiritual que nos habla del rol de la mujer en la Iglesia y cómo, al alterar este orden dado por DIOS Padre y nuestro Señor Jesucristo, el maligno, en muchos casos, entra a la Iglesia con el espíritu de Jezabel. No solo lo hemos entendido, lo hemos visto y somos testigos en la Iglesia que aún nos congregamos. Una de las enseñanzas que utilizan para dar autoridad espiritual a las mujeres para que enseñen, es lo que dice la escritura respecto a Débora (Jueces 4:4) que dice que era jueza y profetisa. 
Entendemos que DIOS no permite que las mujeres enseñen los principios espirituales a los hombres, dada la advertencia de Génesis 3:6, sin embargo la palabra dice que Débora era profetisa, y entendemos que el profeta es aquel que enseña el camino al hombre (humanidad) hacia la eternidad con Jesucristo. ¿cómo debiéramos comprender el título de profetisa de Débora conforme a las enseñanzas extraídas de las cartas de Pablo?
Un abrazo fraternal desde la perseverancia de nuestra Fe y toda buena obra, y en la esperanza de la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo.
Julio Neira S.

Muy amado hermano Julio, con gran regocijo recibí su correo en el que usted me cuenta que se está reuniendo con su familia para estudiar la Palabra. ¡Felicidades!

Al respecto de la interesantísima y muy oportuna pregunta que usted me hace, comencemos por el principio:

Gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer, Débora, PROFETISA, mujer de Lapidot;y acostumbraba sentarse bajo la palmera de Débora, entre Ramá y Bet-el, en el monte de Efraín; y los hijos de Israel subían a ella a JUICIO. Jueces 4:4-5

Lo que podemos entender de este pasaje es que Débora era una JUEZA, esto es, que acorde a LA LEY DE MOISÉS (Éxodo 18:21-26 / Éxodo 22:9 / Deuteronomio 16:18 / Deuteronomio 25:1, etc.), tenía como profesión dedicarse a la impartición de justicia en todos los casos que el pueblo le llevara (Tal y como hoy lo haría cualquier juez).

Para tal oficio NECESARIAMENTE Débora debía ser PROFETISA, pues a fin de interpretar correctamente la Ley (tal como en nuestros días cualquier juez interpreta el espíritu con el que fueron escritas las leyes de su país) y no fallar en la impartición de justicia, necesita de la unción del Espíritu que guía en el entendimiento de la Ley de Dios. Ejemplo de este sobrenatural desempeño judicial podemos verlo en el efectuado por Salomón (1 Reyes 3:16-28).

Sin embargo, en aquellos tiempos, a los ojos del pueblo, Débora NO ejercía un oficio religioso, pues su labor -aunque como ya dijimos necesariamente la efectuaba bajo la unción y autoridad del Espíritu- era meramente LAICA, pues se limitaba a la llana justicia terrenal (Éxodo 18:22), es decir, PUERTAS AFUERA DEL SANTUARIO.

La mujer y el sacerdocio

La Ley NO PERMITE que en el Templo sirvan SACERDOTISAS, pues tal oficio femenil -bastante difundido en todas las naciones alrededor de Israel- estaba relacionado con la prostitución ritual, esto es LA FORNICACIÓN.

Cuando vio Joram a Jehú, dijo: ¿Hay paz, Jehú? Y él respondió: ¿Qué paz, con las FORNICACIONES de Jezabel tu madre, y sus muchas hechicerías? 2 Reyes 9:21-23 
Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que SE DICE PROFETISA, ENSEÑE y SEDUZCA a mis siervos a FORNICAR y a comer cosas sacrificadas a los ídolos. Apocalipsis 2:19-21

La fenicia Jezabel pretendió imponer en Israel el culto a Baal, que estaba compuesto básicamente por la prostitución sacerdotal, misma en la que inició a las mujeres del pueblo santo (se piensa que también había hombres involucrados). Culto del cual, por supuesto, ella era la SACERDOTISA PRINCIPAL (La fornicación y todas las desviaciones sexuales forman parte del culto de fertilidad y prosperidad practicado en la antigüedad por todos los pueblos cananeos -Romanos 1:23-32-).

Como es fácil de notar, hay una gran diferencia entre el servicio santo que ejercía la JUEZA y PROFETISA Débora y el diabólico, que ejecutaba la SACERDOTISA Jezabel. Por ello, aquella mujer que, PRETEXTANDO SER PROFETISA, ocupa un cargo en el gobierno de la iglesia (cargo que como ya explicamos, para la mujer no existe), ES MI DEBER ADVERTIR QUE PONE EN PELIGRO A TODA LA CONGREGACIÓN, pues es alta la probabilidad de, a través de su rebeldía, exponer a toda la iglesia a lo que popularmente se conoce como "espíritu de Jezabel".

En otras palabras, cuando una mujer contra la voluntad de Dios se coloca como autoridad de la iglesia -a sabiendas o no- EN REALIDAD ESTÁ A NADA DE COMETER LA TERRIBLE PROFANACIÓN DE FUNGIR COMO SACERDOTIZA DE BAAL -o prostituta sagrada, como los cananeos llamaban a tal oficio-, y pone al pueblo en peligro de llevarlo OCULTAMENTE (Apocalipsis 3:24) a la fornicación -literal o espiritual-, que es la forma en que se adora a los dioses cananeos de la PROSPERIDAD (Números 25:1-3).

Quizá sea oportuno anotar que mientras que todo profeta ejerce su oficio PUERTAS AFUERA DEL TEMPLO (Jeremías 7:2 / Jeremías 17:19) el sacerdote lo ejerce DENTRO DEL TEMPLO.

Así que Débora, quien -como ya sabemos- ejercía una actividad judicial - y que como ya entendimos- NO ERA SACERDOTISA, ejercía sus funciones fuera del Templo, bajo su propia palmera o despacho (Jueces 4:4), lejos de toda actividad religiosa y por tanto económica del Santuario.

Para nosotros, esto significa que la mujer cristiana puede tener acceso a cargos públicos de autoridad, siempre y cuando nada tengan qué ver con el gobierno de la iglesia. Más claro aún: la mujer cristiana bien puede ser (aunque lo deseable, a como están las cosas, sería que se abstuviera) presidenta, diputada, senadora, jueza, o cualquier oficio de tal índole, pero nunca ocupar un lugar de autoridad dentro de la iglesia COSA QUE POR DISPOSICIÓN DIVINA SOLO CONCIERNE A LOS HOMBRES.

El pueblo de Israel siempre ha gozado de profetas y profetisas que como usted bien dice, se encargan de instruir al pueblo en el camino a la vida eterna que es la Ley. El problema ha sido el abuso de algunos por su codicia de lucro y ganancias deshonestas (2 Reyes 5:20-27) y la aparición de falsos profetas y falsas profetisas (Ezequiel 13: 2-3 / Ezequiel 13:17-23).

En los tiempos de Pablo

Ya para los tiempos de Pablo también había profetisas entre el pueblo de Dios, como podemos leer:

Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad. Lucas 2:36
Al otro día, saliendo Pablo y los que con él estábamos, fuimos a Cesarea; y entrando en casa de Felipe el evangelista, que era uno de los siete, posamos con él. Este tenía cuatro hijas doncellas que profetizabanHechos 21:8-9

En nuestros tiempos se espera que en la iglesia tanto mujeres como hombres profeticen:

Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños; Joel 2:28
Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados. 1 Corintios 14:31

Sin embargo, la propia Palabra establece que todo debe hacerse en el debido órden (1 Corintios 14:40). A este mismo respecto Pablo -doctor de la Ley y apóstol a la Casa de Israel- nos instruye así:

Las ancianas así mismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, MAESTRAS del bien; que ENSEÑEN A LAS MUJERES jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos…Tito 2:3-5

Así que si bien la mujer no debe enseñar ni mandar a los hombres (1 Timoteo 2:12), fuera de las reuniones de la iglesia PUEDE Y DEBE, NO SOLO ENSEÑAR SINO TAMBIÉN CORREGIR a las mujeres jóvenes en el cumplimiento espiritual y verdadero de la Ley, que es amar a nuestros semejantes (Gálatas 5:14).

Tengamos pues, la seguridad de que si la mujer cristiana así lo cumpliere -igual que la valiosa Débora-, estará ungida por el Espíritu y lista para pelear victoriosa las batallas de Dios.

Que El Dios Verdadero les siga dando -a usted y los suyos- paz y gozo en abundancia. ¡Maranata!