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El ayuno: significado espiritual



Entendimiento espiritual del ayuno: la aflicción

En realidad el ayuno, como tal, no aparece especificado en la ley de Moisés, lo que encontramos en las ordenanzas para ese día tan importante es el término afligir.

A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida al Señor. Levítico 23:27

Los antiguos, por llevar una vida más sencilla que la nuestra, se alegraban con las cosas simples de la vida. Por ello, la mayor alegría de este mundo para el israelita era el comer y el beber (Eclesiastés 8:15 / Eclesiastés 9:7 / Lucas 12:19).

Así que ellos interpretaron que si la Ley mandaba afligirse entonces debían abstenerse de la mayor alegría de la vida: comer. Para ellos la mayor tristeza era no tener qué llevarse a la boca (Números 11:13). Así que afligir el alma para nuestros padres, significaba simplemente abstenerse de comer: ayunar.

Nosotros en general, ya no padecemos esas aflicciones, porque si acaso sentimos hambre nos basta con acudir al refrigerador para colmarnos (más veces de las que algunos debiéramos).

Más bien esa tristeza sería equiparable a la mortificación que sentimos cuando no tenemos dinero para pagar la renta del lugar donde vivimos; o cuando se nos presenta algún gasto imprevisto que no podemos solventar; o cuando algún ser querido enferma y no tenemos para medicinas. Ese es precisamente el mismo sentimiento de aflicción que debemos entender cuando leemos en la Palabra que ellos ayunaban.

Entonces lo primero que debemos tener en cuenta es que lo que para ellos era afligirse (dejar de comer) no necesariamente significa lo mismo para nosotros, pues hay otras cosas que afligen más nuestra alma que el simple hecho de dejar de comer.

El ayuno y los ruegos

En los Días Temibles (los nueve que antecedían al Día del Perdón), Dios veía la aflicción de su pueblo y se compadecía de ellos. Fue de esa manera que comenzó a extenderse la práctica del ayuno intentando que Dios oyera los ruegos de su pueblo cuando éste estaba en necesidad.

Sin embargo prestemos atención a lo que el profeta Isaías nos enseña acerca del ayuno que se tenía por costumbre practicar:


He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto. Isaías 58:4


El verdadero ayuno

En este pasaje, el profeta Isaías nos muestra que el ayuno que es meramente formal, externo, fingido, y no sincero, el ayuno ritual, no debe practicarse pues no será oído por el Padre Celestial, y enseguida nos enseña cuál es el ayuno que debemos efectuar:

¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? Isaías 58:6-7


De tal manera que, en nuestros momentos de angustia y necesidad, cuando elevamos nuestras súplicas al Altísimo, éste es el ayuno que Dios nos debe encontrar practicando, si es que queremos que escuche nuestros ruegos y actúe de inmediato.


Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de El Señor será tu retaguardia. Entonces invocarás, y te oirá tu Dios; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el hablar vanidad; y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía. Isaías 58:8-10


El sentido del ayuno no es simplemente dejar de comer, sino adquirir -mediante el sufrimiento voluntario- empatía por el afligido, participar solidariamente en el dolor de los que tienen menos que nosotros. Involucrarnos en sus sufrimientos y en sus quebrantos. Ese es el sentido espiritual del ayuno y por ello el verdadero (Juan 4:24).

El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor. Lucas 4:18-19

El Señor Jesucristo vino a darnos ejemplo ejerciendo una vida de ayuno permanente (Juan 4:31-34), no el ayuno ritual, el de abstenerse de los alimentos, sino el espiritual y verdadero, que es el que agrada a Dios (Juan 4:23). Nosotros quienes seguimos al Señor Jesucristo, debemos imitarlo (1 Pedro 2:21), renunciando como Él a nuestra vida egoísta (Mateo 10:39) solidarizándonos con los que menos tienen. Ese es el ayuno escogido por Dios.

Y tal como nos enseña nuestro Señor, hay dos clases de hambrientos, los pobres de esta tierra y los que tienen hambre de la Palabra (Lucas 6:20 / Mateo 5:3), a los dos hay que alimentarlos, a los dos hay que buscarlos porque ambos son importantes para nuestro Padre que está en el cielo. Es en ellos en los que la iglesia debe ocuparse, y no en otras cosas. Porque es de eso de lo que se nos va a pedir cuentas (Mateo 25:31-46).

Así que El Señor quiere que comencemos a recapacitar en el camino que llevamos andado, y si alguno hubiere extraviado el camino (Santiago 5:19-20) todavía es buen tiempo de enderezarlo, no sea que los Días temibles nos encuentren en la vía equivocada (Mateo 7:13-14).