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¿Cómo puedo hacer que Dios escuche mis súplicas?


Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. Marcos 11:24
Cómo hacer que Dios escuche tus súplicas: la oración sobrenatural

Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración (Hechos 3:1) y a esa hora el Señor hizo un milagro prodigioso (Hechos 3:7); a raíz de ello, el número de los convertidos ese día fue como de cinco mil hombres (Hechos 4:4).
Otro día pero a la misma hora, la novena, la de la oración, en Cesárea a Cornelius, un centurión piadoso y temeroso de Dios, se le apareció un ángel con instrucciones precisas de parte de Dios (Hechos 10:1-8).



No es en sí que esa hora, la novena, tenga algo de especial o sobrenatural, sino que en Israel (y en todo el orbe donde hubiera judíos) se acostumbraba (tal como hoy día en el mundo musulmán) arrodillarse y adorar orando hacia el templo donde el sacerdote en turno ofrecía incienso. Las horas en las que se hacía esto eran la tercera, la sexta y la novena, esto es nueve de la mañana, doce del medio día y tres de la tarde.

Así es como la Palabra continúa instruyéndonos diciendo que a la hora sexta Pedro tuvo un éxtasis (Hechos 10:9); y a la hora del incienso y la oración (una de las tres mencionadas antes), a Ezequías se le apareció el ángel Gabriel (Lucas 1:10).

Las oraciones que Dios escucha.

A todos ellos se les dijo que sus oraciones habían sido escuchadas (Hechos 10:4 Lucas 1:13) y también se les dijo porqué habían sido escuchadas: porque eran justos delante de Dios (Lucas 1:6 / Hechos 10:2).

Así, la Palabra nos muestra que hay ocasiones en que Dios abre sus oídos a las oraciones y otras en que aparta su rostro para no escucharlas (1 Pedro 3:12 / Lucas 18:10-11).

La oración del justo

Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; Pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal. 1 Pedro 3:12

También el libro de Isaías nos muestra qué es ser un justo, según la voluntad de Dios:

¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?…Entonces invocarás, y te oirá El Señor; clamarás, y dirá Él: Heme aquí.  Isaías 58:7 / 9

En los tiempos bíblicos, si bien la justicia significaba rectitud (Levítico 19:35-36) también los justos eran los que veían por los necesitados (Deuteronomio 10:17-18). La justicia del hombre antes que nada era social y se refería al reparto justo de la riqueza terrenal que en sí misma es injusta (Lucas 16:9).


Así, ser justo delante de Dios no solo es obrar con rectitud, sino también ver por los afligidos, por los necesitados. No importa lo afligidos y necesitados que estemos nosotros, siempre hay alguien en peores condiciones que uno.

De manera que -acorde a la Palabra- para que el Padre celestial escuche nuestras súplicas, antes quiere que vivamos rectamente y que busquemos a los necesitados, a los afligidos, a los cautivos, a los ciegos y a los oprimidos (Lucas 4:18-19).

Todos los que fervientemente anhelamos que nuestra vida cristiana se eleve al plano sobrenatural, debemos antes renunciar a nuestra propia vida (Mateo 16:24 / Marcos 8:34 / Lucas 9:23) y volcarla hacia las necesidades de nuestros hermanos en desdicha. Apartarnos del egoísmo natural y practicar como costumbre el amor sobrenatural (1 Corintios 13). Sabiendo que el amor verdadero es el que no busca lo suyo, el que todo lo sufre y todo lo espera; que el amor sobrenatural es el amor que se manifiesta cuando los hijos de Dios hacemos las cosas sin esperar nada a cambio de ellas. Ese es el amor que proviene del Padre y que hace que nuestras oraciones sean impulsadas hacia lo más alto (1 Juan 3:16-22).

Si como hijos de Dios que somos, hacemos eso -vivir con amor-, nada ni nadie podrá impedir que nuestras súplicas lleguen hasta el mismísimo trono del Altísimo.

E invócame en el día de la angustia; Te libraré, y tú me honrarás. Salmos 50:15

Foto cortesía de Nancy Violeta Velez