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El campo de trigo y la viña: significados simbólicos



Entendiendo el simbolismo de la profecía bíblica

Para un mejor entendimiento de la profecía bíblica, la cual -como ya dijimos varias veces-, está expresada en sencillos términos agrícolas, por lo que, si queremos entenderla correctamente deberemos conocer primero lo básico acerca de la agricultura en el antiguo Israel. Esta vez conoceremos el significado de dos símbolos: la viña y el campo de trigo, que representan a diferentes tipos de creyentes en diferentes épocas.

La viña

Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres. Isaías 5:1-2

La ladera fértil es el monte de Sión, y la torre en medio de ella es el templo de Jerusalén. A menudo, las viñas en tierra santa se edificaban en las laderas de las colinas, y por lo regular tenían un vallado por cerca, en derredor de ella. De la misma manera, la ciudad de Jerusalén creció en las laderas del Monte Sión; La torre de la cual Isaías habla en sentido figurado es el templo de Jerusalén y el vallado su famoso muro protector (Nehemías 2:13).



A diferencia del trigo, que ha de sembrarse nuevo año tras año, la vid es una planta que permanece en su lugar dando cada temporada su fruto. Por ello, la viña es el símbolo de la ciudad de Jerusalén.

Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña.¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres? Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada. Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán el cardo y los espinos; y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella. Ciertamente la viña de El Señor de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor. Isaías 5: 3-7

El campo de trigo

El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. Mateo 13:38

Cuando nuestro Señor Jesucristo visitaba Samaria, cuyos habitantes eran considerados por los judíos como gentiles o paganos, hizo alusión a éstos como el mundo (no judíos) comparándolos con los campos de trigo (Juan 4: 35-38). Esto debido a la fe que los samaritanos, los cuales sin ser parte de judaísmo sino gentiles, profesaron por Jesús (Juan 4: 39-42).

Diferencias y similitudes entre el trigo y la viña

Aún cuando trigo y viña simbólicamente conforman parte del pueblo de Dios, manifiestan diferencias esenciales, que es necesario identificar.

La primera diferencia era el terreno donde se obtenían los cultivos. Por la extensión requerida, los campos de trigo estaban fuera del muro. El muro no era una edificación cualquiera (Nehemías 2:17), pues delimitaba y protegía la zona dentro de la cual se cultivaba y preservaba al judaísmo; así que, como el trigo crecía fuera del muro, es el símbolo del pueblo de Dios entre las naciones gentiles, esto es, ¡Claro! NOSOTROS LOS CRISTIANOS, Casa de Israel.



Otra diferencia importante era la época en la que se obtenían tanto el trigo como la uva. Mientras que el trigo se segaba y se ofrecían sus primicias en la fiesta de Pentecostés (mayo - junio), la uva se cosechaba y se ofecían sus primicias en la fiesta de Tabernáculos (septiembre -  octubre).

Las dos épocas: siega y cosecha

El trigo y los demás cereales generalmente estaban listos para ser segados entre los meses de marzo y junio, y luego de un intenso verano, el cual también es un símbolo del que hablaremos un poco más adelante, entre septiembre y octubre las vides terminaban de dar su fruto: la uva.

Estas son pues, las dos épocas en las que la profecía bíblica está dividida: la siega de cereales como el trigo y la cosecha de los frutos como la uva. Divididas ambas por el caluroso verano del desierto. Es importante no confundir las siega con la cosecha, pues representan básicamente tiempos distintos en la profecía.

El verano y la Gran Tribulación

Recordemos entonces que, primero, entre los meses de marzo y junio, se hacía la siega del trigo y la cebada - entre otros cereales, claro-, y luego, entre julio y agosto, llegaba el caluroso y atormentador verano del desierto, al principio del cual se trillaba o trituraba el trigo (esto es de suma importancia saberlo, pues como ya lo dijimos en alguna entrada anterior, la palabra «tribulación» viene del latín «tribulare», que significa precisamente «trillar»). Por lo que agregaremos un símbolo más a nuestro cuadro: el verano representa a la Gran Tribulación, o trasladándolo a términos agrícolas, La Gran Trilla, que es como los antiguos entendían este concepto.

Es hasta después del verano, entre los meses de septiembre y octubre, que se manifestaba en las viñas el fruto de la vid: la uva, la cual se pisaba con gran alegría en los lagares, o cubas, para obtener el vino (Cantares 2:12 / Jeremías 25:30 / Jeremías 48:33 / Isaías 16:10).

Aplicación de los símbolos en la profecía

Ahora que ya hemos conocido estos símbolos podemos comenzar a reconocerlos en la profecía. Analicemos el siguiente pasaje:

Miré, y he aquí una nube blanca; y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del Hombre, que tenía en la cabeza una corona de oro, y en la mano una hoz aguda. Y del templo salió otro ángel, clamando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque la hora de segar ha llegado, pues la mies de la tierra está madura. Y el que estaba sentado sobre la nube metió su hoz en la tierra, y la tierra fue segada. Salió otro ángel del templo que está en el cielo, teniendo también una hoz aguda. Y salió del altar otro ángel, que tenía poder sobre el fuego, y llamó a gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra, porque sus uvas están maduras. Y el ángel arrojó su hoz en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó las uvas en el gran lagar de la ira de Dios.Y fue pisado el lagar fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos, por mil seiscientos estadios. Apocalipsis 14:14-20

El texto nos habla de las dos épocas en que, como ya mencionamos, se dividía el ciclo agrícola, mismas en las que está dividida la profecía y el plan de Dios para los últimos tiempos.

La profecía divide los eventos en dos partes, en la primera el trigo, que es el pueblo de Dios, es segado, trillado y recogido en el granero (Mateo 13: 24-30 / Mateo 13:36-43).

En la segunda parte ocurre el evento que las profecías llaman Retribución (Isaías 34:8/ Isaías 47:3/ Jeremías 46:10/ Jeremías 50:28/ Lucas 21:22/ 2 Tesalonicenses 1:8), y se centra en Jerusalén, ciudad que la final de los tiempos (Apocalipsis 11:8) luego de haber rechazado a Jesucristo se entregará al anticristo (Juan 5:43 / 1 Juan 2:18), la bestia que surge del mar (Apocalipsis 13:1).



Obsérvese que el texto indica que el lagar se pisará fuera de la ciudad, tal como se sacó fuera de la ciudad (Juan 19:17 / Hebreos 13:13) al Hijo de Dios para pisotearlo (Mateo 27:28-31), por ello a este evento se le llama Retribución. Las uvas que se echan en el lagar son los ejércitos de la bestia que, engañados por Satanás, se han aliado para combatir contra El Señor y sus ejércitos. Por ello sale tanta sangre que a una distancia de mil seicientos estadios inunda hasta la altura de los frenos de los caballos.

Por último anotamos la siguiente profecía también dividida en dos partes:

En la primera parte El Señor viene en un pollino, símbolo de la humildad y la docilidad; mientras que en la segunda parte sus ropas están empapadas de la sangre de las uvas pues viene de pisar el lagar. Esta profecía resume el ministerio del Señor, pues primeramente vino como Siervo sufriente y luego vendrá como Rey triunfante. Compárese con Apocalipsis 19:11-21

Atando a la vid su pollino, Y a la cepa el hijo de su asna, Lavó en el vino su vestido, Y en la sangre de uvas su manto. Génesis 49:11



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