La luz y las tinieblas: significado espiritual



...y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Génesis 1:2

La Palabra nos enseña que en el principio, las tinieblas no permitían ver el abismo, pero Dios creó la luz, para que éste fuera visible, y así no caer en él.

Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Génesis 1:3

Las tinieblas son las mentiras, las falsas intenciones, la confusión, la doctrina torcida que no solo nos llevan sobre el abismo, sino que nos impiden darnos cuenta que estamos parados ahí.

...Asi que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas? Mateo 6:23

La luz es la Palabra de Dios, la que nos libra del resbaladero al precipicio (Jeremías 23:12), la que nos libra DEL ABISMO.

Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. Salmo 119:105

Separar lo bueno de lo malo

Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal. Hebreos 5:14

Al igual que Dios separó la luz de las tinieblas, nosotros, sus hijos, debemos tomar la misma vocación, pues un hijo siempre hace lo que ve hacer a su Padre (Juan 5:19).

Tal como el apóstol Pablo nos manda, debemos ejercitarnos responsablemente en el discernimiento del alimento espiritual o enseñanza que tomamos, desechando lo que no conviene a nuestra alma.

Examinadlo todo; retened lo bueno. 1 Tesalonicenses 5:21
La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Romanos 13:12

Los falsos ministros de Dios expanden las tinieblas o confusión, con su atractiva pero falsa doctrina.

La verdadera doctrina es la que nos ilumina el camino, la que nos dice con claridad dónde está el precipicio, no la que a escondidas nos lleva hacia éste.

No debemos desconocer que los falsos profetas, que abundan en la tierra (1 Juan 2:18), usan de pretexto la Palabra para promoverse a sí mismos y a sus falsos ministerios; Desconocer la diferencia entre un ministerio verdadero y uno falso es para nuestras almas igual de peligroso que caminar cerca de un abismo, sin linterna y en la oscuridad de la noche.

Si nos importa nuestra alma, todo mensaje que recibamos, ya sea en el púlpito, en forma de libro, página de internet, programa de TV o como quiera que sea el formato, deberá ser pasado por un solo y estricto criterio: que nos motive a tener más comunión con la Palabra, para crecer más en nuestro andar con Jesucristo.

¿Cómo descubrir un ministerio en tinieblas?

Los verdaderos ministerios, para empezar no buscan retribución alguna. Es decir su interés no es la ganancia personal (Filipenses 2:3 / Tito 1:11 / 1 Pedro 5:2 / Judas 1:11-13 / Judas 1:16 ) ya sea dinero, fama, reconocimiento, adeptos, sumisión, etc, etc, etc...

En segunda y más importante, el verdadero ministerio produce en nuestra alma un deseo ferviente de pasar más tiempo con la Palabra, que -ya lo dijimos- es nuestro Señor Jesucristo.

Ahora debemos preguntarnos ¿Aquello de donde acostumbro alimentarme, crea en mi interior un deseo profundo de pasar más tiempo con la Palabra de Dios? ¿O solo me motiva a comprar más libros, oír más música, ver más TV, obedecer más servilmente a un hombre, etc?

Si la persona, ministerio o fuente de la que nos alimentamos regularmente, nos aparta de nuestro amor y tiempo con la Palabra, algo malo está sucediendo. ¿Cómo podemos amar algo con lo que no deseamos pasar tiempo? Nuestra comunión con la Palabra es la que nos define como hijos de Dios (Juan 15:3-4). Mientras más amor tengamos por la Palabra, más tiempo quitaremos a otras cosas para pasarlo con Dios. Ese es el papel del verdadero ministerio o siervo de Dios: motivar a que el pueblo vaya en busca de Dios, y no de sí mismos (Juan 3:30).

Nada ni nadie puede tomar el lugar de la Palabra en nuestras vidas. ¿De quién somos seguidores, de Jesucristo, o de los que nos comunican Su mensaje?

Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas. Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios. Apocalipsis 22:8-9

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