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María y Gabriel


El ángel Gabriel es enviado a María

Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. Lucas 1:26-28

¿Puede salir algo bueno de Nazaret?

Nazaret, comunidad que, en aquellos tiempos, estaba habitada solo por obreros y artesanos dedicados a la construcción, se caracterizaba por su aspecto más bien humilde. En esos tiempos era irrisorio pensar que de entre sus habitantes -quienes solo luchaban por el sustento diario-, pudiera salir alguna vez algún maestro, algún escriba, algún destacado miembro del partido fariseo, o acaso del saduceo -con derecho a entrar al lugar santo-. No, de Nazaret -cuando más- solo era posible que salieran carpinteros, albañiles y trabajadores rudos, sin más instrucción que su solo oficio. Pero para Dios no hay nada imposible.

...¿De Nazaret puede venir algo de bueno?... Juan 1:46
Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? Mateo 13:54-55

Dios, creador del universo, mismo al que rige con majestuosidad, paradójicamente decide cumplir su Promesa de habitar entre los hombres (Éxodo 25:8) arribando a este mundo no en el palacio real, ni tampoco en el seno de una familia sacerdotal pudiente, en las que todas las comodidades y garantías de seguridad estuvieran a la mano. No, el Hijo de Dios viene a nacer en la más humilde entre las humildes familias, en donde va a encontrar toda clase de vicisitudes, porque así es nuestro Dios: solidario con los que menos tienen.

Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos. 2 Corintios 8:9

Dios se complace estando entre los humildes; entre los que sufren por no tener asegurado el sustento de ese día; entre los que son oprimidos por ser pobres y no tener con qué defenderse; entre los que son perseguidos por obedecer Su Voluntad. ¡Jesucristo ha dejado su trono para ser uno con los marginados por el mundo!

Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Lucas 1:30-31

Dios por medio del ángel nos hace saber que ha tenido misericordia no solo de María, sino también de todos nosotros -que somos todos pobres y desdichados-, y nos ha enviado a su hijo en pago por lo que nunca podremos soñar pagar: la salvación.

Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Lucas 1:34

La pregunta de María no refleja incredulidad o escepticismo -como ocurriera seis meses antes con el sacerdote Zacarías (Lucas 1:5-20)-, sino curiosidad y asombro. Y es que, aunque María, como la Palabra nos dice, estaba desposada con José, aún no había entrado en la relación marital, pues acorde a la tradición judía, eso ocurría hasta la celebración del banquete y la noche de bodas, por lo que María aún no vivía con José, sino con su familia.

Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. Lucas 1:35

Así, el ángel accede a responder su pregunta con toda misericordia, paciencia y benevolencia. No tuvo la misma paciencia que para con Zacarías, pues Dios demanda siempre más de los maestros (Lucas 12:48 / Santiago 3:1).

Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia. Lucas 1:38

La Ley, vigente en los tiempos de María, señalaba que a los adúlteros había de matárseles (Levitico 20:10 / Deuteronomio 22:22 / Juan 8:3-5). ¿Quien iba a creerle que el hijo que llevaba en su interior estaba engendrado por el Espíritu Santo? Seguramente que María estaba plenamente consiente de lo que iba a venir, sin embargo, con valentía aceptó el designio de Dios, aunque con ello, vendría el desprecio de los hombres, y aún su misma vida estaba en peligro.


La humilde María no solicitó señal tras señal, como lo hizo Gedeón (Jueces 6:11-40); no pidió que se escogiera a otra en su lugar, aludiendo incapacidad, como lo hizo Moisés (Éxodo 4:13), No huyó de la voluntad de Dios como lo hizo Jonás (Jonás 1:3). La humilde María aceptó el regalo de Dios y con ello selló su destino, y el de toda la humanidad.



El nombre María, viene del hebreo «Maryam», que literalmente significa «gota de mar» y por extensión «amargura». Es por ello que el nombre también está relacionado con la mirra, una sustancia catalogada como «amarga», esto era, que debía ser utilizada con mucho cuidado. Rojiza resinosa y aromática, la mirra fue muy valorada en la antigüedad, ya que era uno de los componentes para la elaboración de perfumes, incienso, ungüentos, medicinas y para diluir tinta en los papiros. Se usaba también para embalsamar a los muertos. Para obtenerla, se hace una incisión en la corteza del árbol y de esta herida brotan lágrimas, que al secarse se tornan rojizas. En época del imperio romano, era usada como anestésico para los moribundos. Se solía dar mezclada con vino (Marcos 15:23 / Juan 19:39). Según el Evangelio de Mateo, es uno de los regalos que los magos ofrecieron al niño Jesús (Mateo 2:11).


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