Errores doctrinales: mentiras que matan


El alto costo de los errores doctrinales en el creyente


Y fue Sansón y cazó trescientas zorras, y tomó teas, y juntó cola con cola, y puso una tea entre cada dos colas. Después, encendiendo las teas, soltó las zorras en los sembrados de los filisteos, y quemó las mieses amontonadas y en pie, viñas y olivares. Jueces 15:4-5 
Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas... Cantares 2:15

Estos pasajes nos muestran lo peligroso que es dejar pasar una cosa que a nuestros ojos podrá parecer minúscula, insignificante y sin importancia, pero que sin duda a la larga es capaz de causar una catástrofe irreversible.

Al igual que las pequeñas zorras, que en tiempos bíblicos podían hacer perder todas las cosechas y con ello CAUSAR LA MUERTE DE TODA UNA NACIÓN, las pequeñas mentiras doctrinales son capaces de generar verdaderas oleadas de herejías destructoras, capaces de aniquilar a un pueblo (Oseas 4:6 / Santiago 3:1-5 / 1 Corintios 15:2 / Efesios 5:5-7).

Las artimañas del error

Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error. Efesios 4:14

Hablando en un contexto más acorde al nuestro, los virus, aunque minúsculos, son capaces hasta de matar ya no digamos a una persona sino -en el caso de una epidemia- hasta a millones de ellas.

Cuando un creyente incurre en algún «minúsculo» error doctrinal que no es corregido de inmediato, ayuda a propagar una mentira, pequeña si se quiere, pero mentira a fin de cuentas.

Con los errores doctrinales sin corregir, ocurre igual que cuando alguien con una peligrosa enfermedad altamente contagiosa hace algo en apariencia sin importancia, digamos estornudar sin taparse la boca. ¿Qué sucede a continuación?: que el contagio comienza a expandirse.

Cuando permitimos que las falsas doctrinas -que son verdades a medias mezcladas con mentira- se difundan entre el pueblo, dejamos que se expanda algo que no es luz y por lo tanto vida, sino tinieblas y por lo tanto muerte; y todos sabemos de quién es que provienen las mentiras (Juan 8:44 / 2 Tesalonicenses 2:11 / 1 Juan 2:21).

Ningún error doctrinal es obra de la casualidad, o surge por generación espontánea, sino producto de la mente maligna del enemigo de la iglesia de Jesucristo (2 Tesalonicenses 2:7 / Apocalipsis 12:17). Tales falsas doctrinas forman parte de un cuidadoso y estructurado plan para destruir al pueblo de Dios, tal como lo podemos ver en el ejemplo de aquellos que adoraron al becerro de oro (Éxodo 32:1-35). Ejemplo que por cierto, nos muestra a un Aarón, sacerdote del Dios Altísimo, que en lugar de amonestar al pueblo -como era su deber hacer-, irresponsablemente les ayudó a fundir la imagen (Exodo 32:1-5) y a preparar el festejo. Por ello es importante prestarle atención a los detalles en materia de doctrina falsa y no minimizarlos dejándolos pasar por alto, sino detenerlos en el momento mismo en que se manifiestan por primera vez entre el pueblo.

La mortal pandemia de errores doctrinales de los últimos tiempos

El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas. Y el nombre de la estrella es Ajenjo (*). Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas (*). Apocalipsis 8:10-11

La estrella que cayó del cielo y a la que alude esta profecía -que está hallando su cumplimiento pleno en nuestros días- es Satanás, y la «amargura» o «ajenjo» es el veneno mortal que sus siervos, los falsos maestros, inoculan en «minúsculas» mentiras doctrinales que diseminan entre el pueblo (las aguas son el evangelio -Isaías 55:1-3-) y se inflaman como la levadura a la masa (Gálatas 5:8-9). El resultado es una desbocada plaga de errores doctrinales cuyo maligno propósito es hacer al creyente desobedecer la Palabra sin darse cuenta (Efesios 5:6 / 2 Corintios 11:3).

Sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir. Y esos perros comilones son insaciables; y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado. Isaías 56:10-11

Al igual que un perro pastor, cuya función es advertir cuando un peligro se acerca al rebaño, a nosotros los siervos de Dios, El Señor nos puso para advertir al pueblo de cualquier peligro doctrinal que se avecine (Ezequiel 33:1-9). Si el pueblo quiere hacer caso o no, ese ya no es nuestro problema (Ezequiel 3:18-21), pero nosotros, siervos fieles y prudentes (Mateo 24:45), no podemos dejar de cumplir con nuestro deber hasta que el dueño del rebaño nos releve, reemplazándonos con otro «perro pastor» más joven y más fuerte, quien seguramente lo hará mucho mejor que nosotros.

Si no obramos así, nuestro servicio al Altísimo y a su pueblo pierde toda utilidad (Mateo 5:13), igual que deja de tenerla un perro cuya función era advertir a sus dueños de los extraños y vérselas con las fieras que asechan al rebaño.

Si en verdad amamos al pueblo de Dios, ENTONCES NOS OCUPAMOS DE SU SALUD ESPIRITUAL ¿Verdad que a nuestros hijos les amonestamos para que se arropen cuando hace frío y se laven las manos antes de comer? Quizá a ellos les moleste, pero sin duda que lo hacemos porque nos importan y les amamos y sabemos las consecuencias de no cuidarse. Lo mismo ocurre con los errores doctrinales, por muy triviales e inocuos que nos parezcan, nuestro deber es señalarlos al pueblo para que los eviten, pues siempre terminan por degenerar en algo maligno y mortal, ya que para eso fueron creados.

¿Porqué es tan importante para Satanás que los «pequeños» errores doctrinales se propaguen entre el pueblo de Dios?

Porque en medio de todas esas tinieblas de confusión va a venir el anticristo (1 Juan 1:18) para engañar a la naciones. Tal personaje nunca podría venir si el grueso del pueblo de Dios estuviera alerta y bien apegado a la Palabra (2 Tesalonicenses 2:7-8). Por ello, apoyado en sus falsos profetas (Mateo 24:11) Satanás ha comenzado a diseminar mortíferos errores doctrinales por doquier, porque así no recibirá mayor oposición al presentarse su falso Mesías en escena (2 Tesalonicenses 2:3-12).

Lo que esta sucediendo en el ámbito cristiano es sintomático de algo grave, muy grave que ya se avecina. Sería una irresponsabilidad de nuestra parte cerrar los ojos y alegremente actuar como si fuera algo trivial.

¡Hagamos todos los siervos de Dios lo que nos corresponda ante esta mortífera pandemia espiritual de falsas doctrinas y hechicerías cuyo objetivo es apartar de la Verdad al pueblo santo y genuino (Mateo 24:24)!

Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. 2 Timoteo 4:3-4
...por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, SOIS SALVOS, SI NO CREÍSTEIS EN VANO. 1 Corintios 15:2

(*) En algunas versiones el nombre de la estrella del pasaje de Apocalipsis 8:10-11 está traducida como «Amargura» y en otras como «Ajenjo».

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· ¿Es correcto diezmar?
· La luz y las tinieblas

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