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Hermano no encuentra dónde congregarse


Desde Venezuela un hermano nos escribe:

hola todas las iglesias de mi area en venezuela practican el diezmo pero necesito congregarme ya que estoy enfermo y no quiero faltar por esa parte, estoy pensando en volver a esa iglesia aunque diezme pues no quiero fallar por no congregarme, no puedo formar una congregacion ya que en mi casa solo somos 3 y no conocemos a mas nadie que hare

Apreciado hermano, reciba un saldo para usted y los suyos y mi agradecimiento por la confianza que deposita en este siervo. Espero El Señor le restablezca pronto de su enfermedad con el gran poder con que levantó a Su Hijo de entre los muertos.


¡Qué alegría es encontrar hermanos ocupados responsablemente en su camino a la vida eterna! Como usted ya sabe, todas nuestras decisiones en esta vida -si es que nos preocupa el destino de nuestra alma- deberán estar fundamentadas en la Palabra, por lo que a continuación vamos a consultarla:

Usted está en lo correcto: es vital reunirnos con nuestros hermanos que no solo escuchan la Palabra sino que la obedecen (Santiago1:22- 25), porque de esa manera unos a otros nos animamos a mantener el camino recto hacia el Padre (Hebreos 10:25).

Sin embargo -tal como usted me ha demostrado que también sabe- la Palabra igualmente nos manda a tener cuidado con los hermanos con quienes nos congregamos, pues si son de los que oyen la Palabra pero NO LA OBEDECEN acaban siendo perjudiciales para nuestras vidas, pues son como la levadura que corrompe la masa (1 Corintios 5:6):

Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis. 1 Corintios 5:11

Ahora bien, respecto al delicado caso en particular que usted me confía, déjeme citar lo que El Señor le dice a algunos en la iglesia de Tiatira (recordando claro, que en aquellos tiempos no había muchas iglesias para escoger en una sola localidad como hoy en día, sino una sola en la que todos los creyentes del lugar debían acudir a congregarse):

Pero a vosotros y a los demás que están en Tiatira, a cuantos no tienen esa doctrina, y no han conocido lo que ellos llaman las profundidades de Satanás, yo os digo: No os impondré otra carga; Apocalipsis 2:24

¿Notó usted que a aquellos creyentes de Tiatira que no habían participado de las obras perversas de Jezabel, El Señor NO les pide que salgan y formen otra congregación, sino que les insta a que se sigan manteniendo aparte de esas malas obras -idolatría y fornicación- de las que incluso cierto sector del liderazgo ya participaba (Apocalipsis 2:20)?

Ello es porque nuestro Señor necesita que seamos la sal de la tierra (Mateo 5:13 / Lucas 14:34-35). Esto es, que tal como la sal servía para preservar de la corrupción y también era útil para purificar lo que ya estaba en estado de descomposición, nosotros los hijos de obediencia tenemos como misión en esta tierra purificar con nuestras vidas limpias lo que está corrupto, descompuesto y putrefacto ¡Aun dentro de la propia iglesia!


Yo sé que no es necesario que le diga que en la actualidad desdichadamente cada vez hay más iglesias -afortunadamente no todas- que están en el mismo espantoso estado que el de Tiatira: reunidas en el Nombre de Cristo, pero inmersas en la hechicería y el culto a Satanás (2 Corintios 11:13-15 / 1 Timoteo 4:1) y por ello hierven de avaricia, que es idolatría (Efesios 5:5 / Colosenses 3:5) y fornicación.

Mi consejo es este: de momento no se salga de la iglesia en la que El Señor le puso, quédese ahí hasta que El Señor le muestre dónde quiere Él que ustedes vayan (Apocalipsis 3:8). Pero mientras tanto NUNCA deje de tener comunión EN SU CASA con la Palabra, pues donde estén dos o tres CONGREGADOS en el Nombre del Señor, Él estará también (Mateo 18:20).

Se nos ha hecho pensar erróneamente que una iglesia solo puede ser aquella en la que se reúnan muchas personas; haya un grupo de alabanza y alguien a sueldo que predique los Domingos, pero la verdad es que nada de eso lo encontramos como requisito indispensable para una iglesia, sino más bien todo ello son convencionalismos que a lo largo de dos mil años los hombres han incorporado a lo que siempre debió ser una sencilla hermandad de fe.

Luego entonces, dispongan usted y los suyos un día de la semana para leer la Palabra entre familia y orar. Incluso puede invitar a alguien a que se les una. Asimismo, con toda pureza, tal como lo manda El Señor (Mateo 6:1), no cesen de dar testimonio a los de dentro y fuera con sus buenas obras (Mateo 5:16); Enseñen a los demás que El Señor no quiere que le demos mezquinos porcentajes de nuestras ganancias a los que ya tienen de más y no se sacian, sino que consagremos nuestras vidas (Isaías 58:6-11) a ayudar más allá de nuestras fuerzas a los que en realidad lo necesitan, que son los que menos tienen, mayormente de entre nuestros hermanos (Santiago 1:27 / Santiago 2:14-17 / Mateo 25:35 / 1 Timoteo 4:8).


Finalmente, den testimonio a los incrédulos de que El Señor se levantó de los muertos y ha prometido el perdón de los pecados resucitando para vida eterna a todos los que crean en Él y se arrepientan.

Claro que probablemente su actitud de obediencia a la Palabra no caiga bien entre los que prefieren obedecer a los hombres antes que a Dios y ustedes sufran persecución aún de los que se dicen sus hermanos en la fe (Juan 16:2), pero el Señor nos ha dicho que si eso -que antes que a nosotros le sucedió a Él- nos llegara a pasar, entonces seremos bienaventurados:

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. Mateo 5:10-12

¡Maranata! ¡Ánimo: El Señor no tarda!