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Las promesas a Israel no son para esta vida sino para la siguiente



Y te hará El Señor sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, en el país que El Señor juró a tus padres que te había de dar. Te abrirá El Señor su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado. Deuteronomio 28:11-12

Algo en lo que es muy común fallar es en la interpretación de los pasajes en los que la Ley promete riquezas a Israel una vez hayan entrado en la Tierra que hemos de heredar.

A fin de evites ese error no debes pasar por alto que tanto Egipto, el desierto y la Tierra Prometida, SON ANALOGÍAS tanto de nuestra estancia de paso por esta tierra (Egipto y el desierto) como de nuestro destino eterno que es el Cielo (Tierra Prometida).


Es cierto que la Ley promete abundacia, paz y prosperidad para la Tierra Prometida, pero también es cierto que la propia Biblia nos enseña que aún no hemos entrado en esa Tierra (Hebreos 4:1-10), sino que -mientras vivamos en este cuerpo mortal- estaremos en el desierto.

Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron[...]Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. 1 Corintios 10:6-11

Simbolismos de Egipto, el desierto y la Tierra Prometida

Así pues, Egipto simboliza nuestra antigua y vana manera de vivir (1 Pedro 1:18) bajo el servicio de Faraón, que es símbolo de Satanás (Efesios 2:2). Hemos sido rescatados de esa esclavitud (Gálatas 4:3) y ahora estamos viviendo en el desierto al servicio del Señor (Éxodo 5:1-3), anhelando entrar en nuestra Tierra Prometida (Éxodo 3:8), que, insistimos, es el Cielo.

Para nosotros, el que Israel haya salido de Egipto hacia el desierto, representa el mismo llamado que Dios nos hace para apartarnos del mundo (Santiago 4:4 / 1 Juan 2:15-16), santificarnos para servirlo solamente a Él y no a las riquezas materiales, como todos los del mundo hacen. Pero también el desierto representa el lugar donde seremos probados (Deuteronomio 8:2) y por donde NECESARIAMENTE tendremos que atravesar ANTES de llegar a la Tierra prometida, que, no dejaremos de insistir, es la vida eterna, donde reposaremos de nuestro peregrinaje por este mundo.


Luego entonces, cuando la nación de Israel dejó el desierto y se asentó en la Tierra Prometida su misión era funcionar como un milagroso y sin igual modelo (Levítico 25) -a la vista de todos- de LO QUE SERÍA EL CIELO, lugar donde no habrá pobreza, ni desdicha, ni injusticia.

Las promesas a Israel para la Tierra Que Fluye Leche y Miel tenían como propósito mostrarnos cómo será el lugar donde, si somos fieles, pasaremos la eternidad. Es incorrecto esperar -como los falsos maestros enseñan- que tales promesas las recibamos en esta vida, pues si bien están hechas para nosotros, están reservadas solo para los que alcancen a entrar en el Cielo.

...para una herencia [heredad, tierra] incorruptible, incontaminada e inmarcesible, RESERVADA EN LOS CIELOS para vosotros. 1 Pedro 1:4