Caminar sobre las aguas: significado espiritual


El hombre natural y el sobrenatural

El Señor Jesucristo manda que nuestro andar entre los hombres sea con toda mansedumbre:

Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa. Mateo 5:38-39

Cuando conocemos la voluntad de nuestro Señor a este respecto muchos de inmediato pensamos que hacer cosas como poner la otra mejilla cuando nos abofetean son muy difíciles de lograr, sin embargo, como veremos a continuación, no solo son difíciles, sino antinaturales y físicamente imposibles.

La imposibilidad física de obedecer el mandato

Las leyes de la Física establecen que a toda acción corresponde una reacción, es decir, si por ejemplo alguien aplica una fuerza para darme un buen pisotón, esa cantidad de energía que ha entrado en mí -por medio del pie de otro hacia mi pie- debe ir para algún lado; para sacar esa fuerza que ha entrado violentamente en el cuerpo hay quienes escogen gritar, otros sacan esa energía con un golpe, otros más brincan, y otros harán todo eso al mismo tiempo. Porque es una de las leyes que rigen al universo: la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma.

La imposibilidad natural de obedecer el mandato

Hablando en términos biológicos, recientemente se ha descubierto que la ira no expresada daña la salud, esto porque la mente, las emociones y el cuerpo no están separados sino íntimamente relacionados. Las emociones ejercen un efecto poderoso en el sistema nervioso el cual se comunica con el sistema inmunológico.

Esto significa que todas las agresiones que recibamos -ya sean físicas, verbales o psicológicas- si no logramos echarlas de nosotros se somatizarán en diferentes enfermedades.

Muchos han aprendido a dominarse reprimiendo sus emociones, pero de esa manera el rencor va acumulándose como una olla de presión, que si bien en el momento no se hace evidente, eventualmente saldrá a flote haciendo más daño.

Por todo lo anterior lo que el Señor Jesucristo nos pide (Lucas 6:27-36) es un acto que tanto física como biológicamente es imposible. No es un acto natural, sino un acto SOBRENATURAL.

Pero ¿acaso nuestro Señor no sabe de las leyes de la Física, o no está al tanto de lo último en naturaleza humana? ¿Por qué nos pide algo que humanamente hablando es imposible de lograr?

Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. 1 Corintios 2:14-15

La Palabra repetidamente nos muestra dos tipos de humanos: los naturales y los espirituales. Estos últimos son sobrenaturales. Los naturales son los que están en todas partes, los normales; los espirituales o sobrenaturales son los que tienen esencia Divina y así lo demuestran con sus acciones.

El hombre natural reacciona naturalmente a las adversidades de la vida: enojo ante el enojo, injusticia ante la injusticia, etc.; el espiritual o sobrenatural, reacciona sobrenaturalmente: cuando recibe un mal, devuelve un bien; cuando le maldicen, bendice; cuando lo ultrajan, soporta el agravio (Mateo 5:43-48).

Así que, por cierto es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados? 1 Corintios 6:7

La diferencia es el Espíritu Santo

Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Gálatas 5:22-23

El Espíritu de Dios permite que toda acción violenta o negativa ejercida contra nosotros desaparezca milagrosamente, sin ejercer reacción ni somatizarse en alguna enfermedad. Porque el Espíritu nos limpia de todo ello sin dejar resabios (Malaquías 3:2 / Hebreos 9:14 / Ezequiel 36:25 / Lucas 4:18).

Vivir así es tan sobrenatural como caminar sobre las aguas:

Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. Juan 6:19

A diferencia de las doctrinas de los escribas y fariseos (Mateo 23:2-4), la enseñanza del Señor Jesucristo concordaba con su práctica, como lo demostró cuando le crucificaban:

...y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza. Mateo 27:29-30
Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes. Lucas 23:33-34 

Nosotros, los hijos de Dios, compartimos ese mismo Espíritu que le dio fortaleza al Señor en los momentos más difíciles. Ese mismo Espíritu le resucitó y lo hará con nosotros si también salimos victoriosos.

Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones.  Apocalipsis 2:26

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