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La oveja perdida



Hola.
Me llamo Ana y soy evangélica, sin embargo estoy en contra del diezmo, sí a favor de la ofrenda voluntaria.
No encuentro una iglesia que no exija el diezmo. Vivo en Madrid.
Podéis aconsejarme?
Ana Guerra.
Saludos.


Hola Ana, muchas gracias por tu preciosa carta.

Recibe un sincero y afectuoso saludo hasta Madrid, desde donde me escribes.

Lo que planteas es bastante directo, simple y por tanto brillante (evidencia de una persona inteligente) y ameritaría una respuesta también directa y simple, pero la realidad es que la solución se aleja mucho de eso y además implica mucha fe de tu parte. Me explico:

No te imaginas la cantidad de personas, en todo el mundo, que me plantean la misma inquietud que la tuya (personas las cuales no desean que se publiquen sus cartas pues temen represalias).



Si estoy en lo correcto al interpretar las profecías, El Señor se dispone a hacer algo nuevo (más limpio y más puro) para lo cual ahora mismo está preparando tanto a hombres como mujeres que estén dispuestos. A tales personas las está habilitando no con la preparación imperfecta que imparten los hombres, sino mediante una preparación íntima y sobrenatural en la Palabra a través del Poderoso Espíritu del Señor.

Toda aquella congregación que esté basada en la premisa del dinero para su sostenimiento está basada en el error (Juan 6:5-7) y por tanto no puede guiar a la Verdad. Así que estás buscando lo correcto, pero en el lugar equivocado, pues -a como están las cosas- una iglesia que no busque lo material solo existe en tu corazón, y por tanto, solo puede surgir de ti (1 Pedro 2:5).

Si deseas ser parte de lo que El Señor está haciendo debes dejar de gastar en vano tu energía buscando una congregación que no dependa de lo material, PUES AUNQUE EXISTEN, SON POCAS, y en cambio concentrarte en extender el número de las que ahora mismo hay.

Si te pones a Su entera disposición, será El Señor quien te busque a ti para que le ayudes en otra búsqueda. Pero para ser útil a los propósitos del Padre celestial deberás estar sumamente preparada tanto en la comunión con la Palabra como en la de su Espíritu (Hechos 9:10-19).

Hace mucho salí de una iglesia que solo perseguía lo terrenal y -como tú- me puse a buscar alguna donde el dinero y los bienes materiales no fueran lo primordial. Pronto dejé esa estéril búsqueda, pues El Señor me ayudó a entender que -aunque yo tenía una PREPARACIÓN NULA (en cuanto a los hombres, pero no en cuanto al Señor)- lo que yo debía buscar eran las ovejas perdidas de la Casa de Israel, las cuales ni saben que son ovejas, ni saben que están perdidas, ni mucho menos que pertenecen a nuestra bendita Casa de Israel. Cosa que hasta el último día de mi vida en esta tierra seguiré haciendo y animando a otros a hacer.

Para aquellos quienes hemos abierto los ojos (Juan 9:25 / Hechos 26:18), nuestra misión para estos últimos tiempos es buscar a las ovejas desvalidas, encontrarlas, restaurarlas con la Palabra, informarles todo acerca del pasado de nuestra nación y alistarles en la espera del cumplimiento de la Promesa del Glorioso regreso de nuestro Señor Jesucristo. Ese es el camino bienaventurado de la verdadera iglesia del Señor.

¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado? Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron. Mateo 18:12-13

Así que te animo muy calurosamente a que leas mi trabajo titulado TRAS LAS TRIBUS PERDIDAS DE ISRAEL el cual puedes descargar desde esta página en forma gratuita. Creo sinceramente que allí encontrarás muchas respuestas.

Por mi parte siempre estaré disponible para todo lo que tú me quieras preguntar y por supuesto en oración permanente por tu camino. Por favor no dejes de ponerme al tanto de cómo va tu vida espiritual y tu búsqueda (Mateo 7:7-8).

El pasaje que pongo al final de esta carta es una profecía del libro de Ezequiel que nos describe con asombrosa precisión los hechos que estamos viviendo en nuestros días. Como podrás corroborar, en dicho pasaje El Señor promete que librará a sus ovejas de los malos pastores que abusan de ellas.

¡Shalom Casa de Judá; Maranata Casa de Israel!

Vino a mí palabra de El Señor, diciendo:
Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y di a los pastores: Así ha dicho El Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños? Coméis la grosura, y os vestís de la lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis a las ovejas. No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia. Y andan errantes por falta de pastor, y son presa de todas las fieras del campo, y se han dispersado. Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto; y en toda la faz de la tierra fueron esparcidas mis ovejas, y no hubo quien las buscase, ni quien preguntase por ellas. Por tanto, pastores, oíd palabra de El Señor:
Vivo yo, ha dicho El Señor, que por cuanto mi rebaño fue para ser robado, y mis ovejas fueron para ser presa de todas las fieras del campo, sin pastor; ni mis pastores buscaron mis ovejas, sino que los pastores se apacentaron a sí mismos, y no apacentaron mis ovejas;
por tanto, oh pastores, oíd palabra de El Señor.
Así ha dicho El Señor: He aquí, yo estoy contra los pastores; y demandaré mis ovejas de su mano, y les haré dejar de apacentar las ovejas; ni los pastores se apacentarán más a sí mismos, pues yo libraré mis ovejas de sus bocas, y no les serán más por comida.
Porque así ha dicho El Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré. Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad. Y yo las sacaré de los pueblos, y las juntaré de las tierras; las traeré a su propia tierra, y las apacentaré en los montes de Israel, por las riberas, y en todos los lugares habitados del país. En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel estará su aprisco; allí dormirán en buen redil, y en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel. Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré aprisco, dice El Señor. Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil; mas a la engordada y a la fuerte destruiré; las apacentaré con justicia. Mas en cuanto a vosotras, ovejas mías, así ha dicho El Señor: He aquí yo juzgo entre oveja y oveja, entre carneros y machos cabríos. ¿Os es poco que comáis los buenos pastos, sino que también holláis con vuestros pies lo que de vuestros pastos queda; y que bebiendo las aguas claras, enturbiáis además con vuestros pies las que quedan? Y mis ovejas comen lo hollado de vuestros pies, y beben lo que con vuestros pies habéis enturbiado. Por tanto, así les dice El Señor: He aquí yo, yo juzgaré entre la oveja engordada y la oveja flaca, por cuanto empujasteis con el costado y con el hombro, y acorneasteis con vuestros cuernos a todas las débiles, hasta que las echasteis y las dispersasteis.
Yo salvaré a mis ovejas, y nunca más serán para rapiña; y juzgaré entre oveja y oveja. Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David, él las apacentará, y él les será por pastor. Yo El Señor les seré por Dios, y mi siervo David príncipe en medio de ellos. Yo El Señor he hablado.
Y estableceré con ellos pacto de paz, y quitaré de la tierra las fieras; y habitarán en el desierto con seguridad, y dormirán en los bosques. Y daré bendición a ellas y a los alrededores de mi collado, y haré descender la lluvia en su tiempo; lluvias de bendición serán. Y el árbol del campo dará su fruto, y la tierra dará su fruto, y estarán sobre su tierra con seguridad; y sabrán que yo soy El Señor, cuando rompa las coyundas de su yugo, y los libre de mano de los que se sirven de ellos. No serán más por despojo de las naciones, ni las fieras de la tierra las devorarán; sino que habitarán con seguridad, y no habrá quien las espante. Y levantaré para ellos una planta de renombre, y no serán ya más consumidos de hambre en la tierra, ni ya más serán avergonzados por las naciones.
Y sabrán que yo El Señor su Dios estoy con ellos, Y ELLOS SON MI PUEBLO, LA CASA DE ISRAEL, dice El Señor. Y VOSOTRAS, OVEJAS MÍAS, OVEJAS DE MI PASTO, HOMBRES SOIS, y yo vuestro Dios, dice El Señor. Ezequiel 34

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