Los cristianos somos las ovejas perdidas de la Casa de Israel


Los cristianos somos las ovejas perdidas de la Casa de Israel. En este breve artículo recorreremos algunos puntos en que la Palabra así lo confirma.

Profecía de desarraigo

Estando a punto de entrar en la Tierra Prometida, Moisés profetizó a Israel sobre las consecuencias de alejarse del pacto con El Señor para servir a los dioses de otros pueblos.

...más aún, todas las naciones dirán: ¿Por qué hizo esto El Señor a esta tierra? ¿Qué significa el ardor de esta gran ira? Y responderán: Por cuanto dejaron el pacto de el Dios de sus padres, que él concertó con ellos cuando los sacó de la tierra de Egipto, y fueron y sirvieron a dioses ajenos, y se inclinaron a ellos, dioses que no conocían, y que ninguna cosa les habían dado. Por tanto, se encendió la ira de El Señor contra esta tierra, para traer sobre ella todas las maldiciones escritas en este libro; y El Señor los desarraigó de su tierra con ira, con furor y con grande indignación, y los arrojó a otra tierra, como hoy se ve. Las cosas secretas pertenecen a El Señor nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos PARA SIEMPRE, para que cumplamos todas las palabras de esta ley. Deuteronomio 29:24-29

Dios, mediante estas Palabras, estaba anunciando que Israel sería infiel al pacto corriendo tras los dioses de otros pueblos, y que las consecuencias de tal infidelidad serían que El Señor desarraigaría con ira a las tribus de Israel y las esparciría entre las naciones.



Profecía de retorno

Sin embargo, Moisés también profetizó que luego de ese castigo, -la dispersión por las naciones-, si el pueblo se arrepentía y se convertía de sus pecados, el Dios de Israel haría volver a las tribus a la Tierra que había prometido a nuestros padres.


Sucederá que cuando hubieren venido sobre ti todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y TE ARREPINTIERES en medio de todas las naciones adonde te hubiere arrojado El Señor tu Dios, y TE CONVIRTIERES a El Señor tu Dios, y obedecieres a su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, entonces El Señor hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido El Señor tu Dios. Aun cuando tus desterrados estuvieren en las partes más lejanas que hay debajo del cielo, de allí te recogerá El Señor tu Dios, y de allá te tomará; y te hará volver El Señor tu Dios a la tierra que heredaron tus padres, y será tuya; y te hará bien, y te multiplicará más que a tus padres. Y circuncidará El Señor tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a El Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas. Deuteronomio 30:1-6

Cumplimiento de la primera parte de la profecía: las diez tribus son esparcidas

El cumplimiento de la primera parte de esta profecía -la trágica dispersión de Israel por las naciones- la Palabra lo registra en el segundo libro de Reyes. Ahí podemos leer que a la división del reino de David en dos partes (Judá, con dos tribus en el sur; e Israel, con diez tribus en el norte) a ambas casas se les amonestó reiteradamente -por medio de los profetas- acerca de su constante infidelidad (2 Reyes 17:6-24).

Pero por las razones y propósitos que más adelante mencionaremos, fue al reino del norte, Israel -no así a Judá-, al que El Señor le puso fin enviándolo a la dispersión.

En el año nueve de Oseas, el rey de Asiria tomó Samaria, y llevó a Israel cautivo a Asiria, y los puso en Halah, en Habor junto al río Gozán, y en las ciudades de los medos. 2 Reyes 17:6
...hasta que El Señor quitó a Israel de delante de su rostro, como Él lo había dicho por medio de todos los profetas sus siervos; e Israel fue llevado cautivo de su tierra a Asiria, hasta hoy. Y trajo el rey de Asiria gente de Babilonia, de Cuta, de Ava, de Hamat y de Sefarvaim, y los puso en las ciudades de Samaria, en lugar de los hijos de Israel; y poseyeron a Samaria, y habitaron en sus ciudades. 2 Reyes 17:23-24

Recién conquistado Israel, los asirios se llevaron a las diez tribus y las esparcieron por las diferentes naciones mesopotámicas que ya poseía su imperio (2 Reyes 17:6). Luego, como parte de su estrategia de conquista, los asirios tomaron a los habitantes de esos mismos territorios en Caldea y los trajeron a ocupar el lugar dejado por los israelitas (2 Reyes 17:24 / 2 Reyes 18:9-12). Estos nuevos ocupantes traídos de esas tierras lejanas, con el tiempo se mezclaron con los campesinos israelitas que los asirios dejaron para labrar la tierra (2 Reyes 25:12) y aprendieron la misma religión apóstata que le costó a la nación de Israel ser desechada, mezclándola con la idolatría traída de Babilonia y Asiria (2 Reyes 17:24-41).



Los cristianos somos esas diez tribus perdidas de la Casa de Israel

Hijo de hombre, mientras la Casa de Israel moraba en su tierra, la contaminó con sus caminos y con sus obras; como inmundicia de menstruosa fue su camino delante de mí. Y derramé mi ira sobre ellos por la sangre que derramaron sobre la tierra; porque con sus ídolos la contaminaron. Les esparcí por las naciones, y fueron dispersados por las tierras; conforme a sus caminos y conforme a sus obras les juzgué. Ezequiel 36:17-19
Pero he tenido dolor al ver mi santo nombre profanado por la Casa de Israel entre las naciones adonde fueron. Por tanto, di a la Casa de Israel: Así ha dicho El Señor: No lo hago por vosotros, oh Casa de Israel, sino por causa de mi santo nombre, el cual profanasteis vosotros entre las naciones adonde habéis llegado. Y santificaré mi grande nombre, profanado entre las naciones, el cual profanasteis vosotros en medio de ellas; y sabrán las naciones que yo soy El Señor, dice El Señor, cuando sea santificado en vosotros delante de sus ojos. Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. Ezequiel 36: 21-24

En la profecía que examinamos a continuación, El Señor anuncia a la Casa de Israel y a la Casa de Judá que por misericordia entrará en nuevo pacto con ellos. Sin embargo les advierte que si bien en esencia será el mismo pacto matrimonial (Jeremías 31:32), el cumplimiento por parte de ambas naciones, debido a la compleja situación en la que han quedado, habrá de ser diferente.

He aquí que vienen días, dice El Señor, en los cuales haré nuevo pacto con la Casa de Israel y con la Casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice El Señor. Jeremías 31:31-32

En seguida habla solamente a la Casa de Israel, la cual, como ya mostramos -a los ojos humanos mas no a los de Dios- quedó perdida en la dispersión, revuelta y confundida entre las naciones gentiles. Es por esa razón que El Padre celestial, en un acto de su Soberana y Misericordiosa Voluntad (Mateo 20:1-16) determinó que la obediencia de la Casa de Israel a la Ley de Dios, que es EL PACTO ETERNO, habría de ser POR GRACIA, esto es, que Israel -a diferencia de Judá- quedaría exenta de cumplir la parte literal de la Ley, de la cual deberá cumplir solo su parte espiritual, la justicia, la misericordia y la fe, que es la esencia de la Ley (Mateo 23:23 / Miqueas 6:6-8).

Pero este es el pacto que haré con la Casa de Israel después de aquellos días, dice El Señor: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Jeremías 31:33

De tal manera que, al quedar la Casa de Judá en su tierra -aun cuando también fue reiteradamente amonestada por sus infidelidades (2 Reyes 17:13 / Jeremías 3:8)- por Justicia Divina, se le impondría el cumplimiento tanto literal como espiritual de la Ley, en tanto que a la Casa de Israel, al marchar desterrada a la dispersión y quedar en medio de naciones paganas, solo se le demandaría el cumplimiento espiritual de la Ley y ya no el literal.

Concibió ella otra vez, y dio a luz una hija. Y le dijo Dios: Ponle por nombre Lo-ruhama, porque no me compadeceré más de la casa de Israel, sino que los quitaré del todo. Mas de la casa de Judá tendré misericordia, y los salvaré por El Señor su Dios; y no los salvaré con arco, ni con espada, ni con batalla, ni con caballos ni jinetes. Oseas 1:6-7

Esta es la razón por la cual el pacto, que aunque en esencia es el mismo, en la práctica para cada casa -Judá e Israel- será diferente.

Después de haber destetado a Lo-ruhama, concibió y dio a luz un hijo. Y dijo Dios: Ponle por nombre Lo-ammi, porque vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro Dios. Con todo, será el número de los hijos de Israel como la arena del mar, que no se puede medir ni contar. Y en el lugar en donde les fue dicho: Vosotros no sois pueblo mío, les será dicho: Sois hijos del Dios viviente. Y se congregarán los hijos de Judá y de Israel, y nombrarán UN SOLO JEFE, y subirán de la tierra; porque el día de Jezreel será grande. Oseas 1:6-11

Al respecto de esta profecía de Oseas, Pablo nos dice que se refiere a los hijos de Israel esparcidos entre las naciones gentiles: LOS CRISTIANOS, que, como también anuncia el profeta Isaías, somos el remanente de aquellas tribus dispersas por el mundo.

...a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de LOS GENTILES? Como también en Oseas dice: Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo, y a la no amada, amada. Y en el lugar donde se les dijo: Vosotros no sois pueblo mío, allí serán llamados hijos del Dios viviente. También Isaías clama tocante a Israel: Si fuere el número de los hijos de Israel como la arena del mar, tan sólo el remanente será salvo; Romanos 9:24-27
El remanente volverá, el remanente de Jacob volverá al Dios fuerte. Porque si tu pueblo, oh Israel, fuere como las arenas del mar, el remanente de Él volverá; la destrucción acordada rebosará justicia. Isaías 10:21-22

Jesucristo y nuestro regreso al Padre

Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto; y en toda la faz de la tierra fueron esparcidas mis ovejas, y no hubo quien las buscase, ni quien preguntase por ellas. Por tanto, pastores, oíd palabra de El Señor: Vivo yo, ha dicho El Señor, que por cuanto mi rebaño fue para ser robado, y mis ovejas fueron para ser presa de todas las fieras del campo, sin pastor; ni mis pastores buscaron mis ovejas, sino que los pastores se apacentaron a sí mismos, y no apacentaron mis ovejas; por tanto, oh pastores, oíd palabra de El Señor. Así ha dicho El Señor: He aquí, yo estoy contra los pastores; y demandaré mis ovejas de su mano, y les haré dejar de apacentar las ovejas; ni los pastores se apacentarán más a sí mismos, pues yo libraré mis ovejas de sus bocas, y no les serán más por comida. Porque así ha dicho El Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré. Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad. Ezequiel 34:6-12

En medio de las ovejas esparcidas y perdidas entre las naciones nuestro Señor Jesucristo, Príncipe en medio de ellas (1 Pedro 5:4), las busca hasta los confines de la Tierra y las trae ante el Padre celestial.

Yo salvaré a mis ovejas, y nunca más serán para rapiña; y juzgaré entre oveja y oveja. Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David, él las apacentará, y él les será por pastor. Yo El Señor les seré por Dios, y mi siervo David príncipe en medio de ellos. Yo El Señor he hablado. Ezequiel 34:22-24

Todos los nombres en la antigüedad poseían un significado. Los nombres bíblicos son nombres cuyo significado podía entenderse claramente al pronunciarlos. Hoy día tenemos nombres como Soledad, Amado, Clemente, Victoria, Inocencia, Margarita, Rosa, Blanca, Flor, etc., nombres los cuales podemos notar que tienen un significado comprensible al pronunciarlos, pues evocan algo que nosotros conocemos. ¡Así eran todos los nombres en épocas bíblicas, tanto de personas como de lugares e incluso deidades! Por ejemplo el nombre arameo Yeshúa el cual en nuestras Biblias aparece como Jesús, traducido adecuadamente es «Salvador». Lo mismo ocurriría con el nombre de Dios invocado por los hebreos, YHWH, el cual debería entenderse como «YO SOY EL QUE SOY»



Decimos esto porque el nombre que leemos como «David» en realidad debería traducirse como «Amado», pues el hebreo del nombre David significa «Amado».

Con esta información leamos el siguiente pasaje:

Y hubo una voz en los cielos, que decía: Este es mi hijo AMADO, en quien tengo complacencia. Mateo 3:17

Al decir AMADO, debemos entender que la voz decía ESTE ES MI HIJO DAVID, aludiendo al cumplimiento de todas las profecías mesiánicas, entre ellas la que acabanos de leer en el capítulo 34 de Ezequiel.

Al respecto del cumplimiento de la profecía de Ezequiel, nuestro Señor Jesucristo dice de Sí mismo:

También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. Juan 10:16
El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de IsraelMateo 15:24

Por supuesto, las ovejas perdidas de la Casa de Israel -como ya expusimos- somos nosotros, los cristianos, que estabamos perdidos entre las naciones y ahora, por la misericordia del Padre y la Gracia del Señor Jesucristo, ahora somos devueltos ¡Gloría a Dios en las alturas!

Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a LAS DOCE TRIBUS que están en la dispersión: Salud. Santiago 1:1
...promesa cuyo cumplimiento esperan que han de alcanzar NUESTRAS DOCE TRIBUS, sirviendo constantemente a Dios de día y de noche. Por esta esperanza, oh rey Agripa, soy acusado por los judíos. Hechos 26:7

Para saber más:

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