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La Casa de Judá, la Casa de Israel y nuestro árbol genealógico


Quizá sea provechoso para los lectores que recién se agregan a mi trabajo hacer una pausa para precisar de lo que estamos hablando cuando hacemos mención de la Casa de Judá y de la Casa de Israel.Siempre que hagamos notar que la Escritura se refiere a la Casa de Judá o a la de Israel deberemos entender que se está aludiendo a LOS DESCENDIENTES de éstas, es decir a sus LINAJES o líneas familiares.

El término hebreo que se usa para llamar a la Casa ya sea de Judá o de Israel es «bayit» (Strong H1004), el cual hace alusión -entre otras cosas afines- a quienes viven en una casa; toda la familia que vive junta. Por extensión el vocablo se aplica también a la descendencia de un determinado grupo familiar.

Esto lo anotamos porque deberemos estar atentos a los términos que aparecen en la Escritura, pues no es lo mismo, por ejemplo, Casa de Judá que tribu de Judá, ya que el primer término -Casa de Judá-, como acabamos de decir, nos describe el linaje, o sea los descendientes de aquellos que ocuparon el reino del sur, el cual a la división del reino de Salomón quedó conformado por las tribus de Judá, Benjamin y Leví [*]. Es a los descendientes de estas tres tribus pertenecientes al reino del sur a los que el mundo actualmente conoce como «judíos».

Lo mismo sucede con la Casa de Israel, o descendencia del antiguo reino de Israel, reino el cual a su vez quedó conformado por las diez tribus del norte restantes, las cuales comenzaron a ser esparcidas entre las naciones en el 722 a.C., fecha de la caída de Samaria, capital de Israel, a manos de los asirios.


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La mezcla de hoy en nuestros árboles genealógicos

Debido al enorme lapso de tiempo transcurrido desde aquella primera dispersión (27 siglos), es altamente probable que actualmente en el árbol familiar de cualquiera en América, Europa o el Cercano Oriente pudieran aparecer no solo miembros de las tribus de Judá, Benjamín y Leví -la Casa de Judá- (los que, como ya dijimos, el mundo llama «judíos»), sino incluso de cualquiera de las otras diez tribus previamente esparcidas por el mundo. ¡De hecho quizá también sea posible que el árbol genealógico de uno incluso esté lleno de ancestros pertenecientes a todas las tribus!

¿Qué nos dice ésto? Que si bien es una bendición incomparable el llevar la sangre de nuestros ancestros israelitas -nuestros padres-, nunca debemos perder de vista que LA SALVACIÓN ETERNA DE ISRAEL es conforme a la PROMESA y no conforme a la carne. Es decir, nuestra salvación no depende de nuestros genes, de la sangre de nuestros antepasados que habita en nosotros, sino del Espíritu Santo -Promesa Santa- (Ezequiel 37:14), pues ésta la Promesa Santa, es la que nos hace LEGÍTIMOS hijos de Dios.

Israel será salvo en El Señor con SALVACIÓN ETERNA; no os avergonzaréis ni os afrentaréis, por todos los siglos. Isaías 45:17
Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que LA PROMESA sea firme PARA TODA SU DESCENDENCIA; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros. Romanos 4:16
Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. Gálatas 3:7
Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa. Gálatas 3:29

El verdadero pueblo elegido

Porque he aquí que vienen días, dice El Señor, en que haré volver a los cautivos DE MI PUEBLO ISRAEL Y JUDÁ, ha dicho El Señor, y los traeré a la tierra que di a sus padres, y la disfrutarán. Jeremías 30:3

Una vez dicho todo lo anterior, espero que mis lectores comprendan porqué cometeré la osadía de afirmar que ni los llamados «cristianos» son el pueblo elegido, ni tampoco los llamados «judíos» lo son, pues el pueblo elegido siempre ha sido y lo será ISRAEL, al cual, por el momento y hasta la restauración del reino (Hechos 1:6) lo conforman ambas entidades: Casa de Judá y Casa de Israel.

Ni la Casa de Israel (descendientes de las 10 tribus del norte) ni la Casa de Judá (descendientes de las 2 tribus del sur + Leví) son Israel por sí mismos, sino solo partes de éste. PERO UNA VEZ REUNIFICADAS LAS DOS CASAS VOLVERÁ A SURGIR EL VERDADERO Y ÚNICO ISRAEL DE DIOS.

...para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. Juan 17:21

Hasta que no se unan en un solo pueblo no serán el Israel de Dios, porque a Israel lo conforman las doce tribus confederadas, no dos ni diez.

En la resurrección, juntos seremos un solo pueblo, una sola nación, ya no habrá más gentil (incircunciso) ni judío (circunciso).

Acontecerá en aquel día, que trillará El Señor desde el río Eufrates hasta el torrente de Egipto, y VOSOTROS, HIJOS DE ISRAEL, SERÉIS REUNIDOS UNO A UNO. Acontecerá también en aquel día, que se tocará con gran trompeta, Y VENDRÁN LOS QUE HABÍAN SIDO ESPARCIDOS EN LA TIERRA DE ASIRIA, y los que habían sido desterrados a Egipto, y adorarán a El Señor en el monte santo, en Jerusalén. Isaías 27:12-13
y les dirás: Así ha dicho El Señor: He aquí, yo tomo a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales fueron, y los recogeré de todas partes, y los traeré a su tierra; Y LOS HARÉ UNA NACIÓN EN LA TIERRA, en los montes de Israel, y un rey será a todos ellos por rey; Y NUNCA MÁS SERÁN DOS NACIONES, NI NUNCA MÁS SERÁN DIVIDIDOS EN DOS REINOSEzequiel 37:21-22

El llamado de Dios y el verdadero sentido del cristianismo

y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. Lucas 15:6
Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Lucas 15:32
Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Lucas 19:10

Tal es el llamado que Dios hace a aquellos sus hijos, ovejas perdidas de la Casa de Israel en la dispersión: a arrepentirnos de andar en los caminos de las naciones (Lucas 15:11-17) -a donde El Señor en su ira echó a nuestros padres- y alistarnos para volver a nuestro Único Dios y Su Tierra Prometida, nuestra verdadera patria.

¿O qué mujer que tiene DIEZ dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? Lucas 15:8

De tal manera que aquellos que pertenecemos al linaje de Israel o Casa de Israel lo somos porque a su vez nuestros padres o ancestros pertenecieron a la antigua y legendaria nación del norte. Aunque nacimos gentiles nuestras raíces están en Israel -estemos conscientes de ello o no- y como promesa Divina nos corresponde LEGÍTIMAMENTE un lugar en la heredad de nuestros padres.


Por tanto, debemos preguntarnos sinceramente si hemos entendido el verdadero sentido de lo que hasta hoy vagamente hemos conocido como «cristianismo».

Por generaciones los hombres se han empeñado en construir una religión falsa alrededor del Bendito Nombre del que se nos ha dado a conocer como Jesús El Mesías (Cristo) -Yeshúa HaMashíaj-. Siglo tras siglo de egoísmo, arrogancia e insensatez han dado como resultado una fe confusa y alejada del verdadero objetivo de seguir al Príncipe enviado: la búsqueda de sus ovejas dispersas entre las naciones.

¿Acaso no es el verdadero sentido del llamado «cristianismo» ayudar con todas nuestras fuerzas en la tarea de hallar y reunir a las ovejas perdidas de la Casa de Israel?

Y yo mismo recogeré el remanente de mis ovejas de todas las tierras adonde las eché, y las haré volver a sus moradas; y crecerán y se multiplicarán. Y PONDRÉ SOBRE ELLAS PASTORES que las apacienten; y no temerán más, ni se amedrentarán, ni serán menoscabadas, dice El Señor.  He aquí que vienen días, dice El Señor, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días SERÁ SALVO JUDÁ, E ISRAEL HABITARÁ CONFIADO; y este será su nombre con el cual le llamarán: EL SEÑOR, justicia nuestra. Jeremías 23:3-6