El incienso: significado espiritual


El incienso en la Biblia

La palabra incienso proviene del latín incendere que significa encender. El incienso es una sustancia fragante obtenida con la mezcla de resinas aromáticas y especias. En el antiguo Israel se quemaba incienso tres veces al día sobre el altar que estaba en el Lugar santo del santuario frente al velo o cortina que lo separaba del lugar santísimo (Éxodo 30:1-9 / Lucas 1:8-10).



El altar para quemar el incienso

Harás asimismo un altar para quemar el incienso; de madera de acacia lo harás. Éxodo 30:1

Como la responsabilidad del sacerdote era mantener el fuego del altar de sacrificios ardiendo permanentemente removía los carbones del día anterior y los remplazaba por madera. El sacerdote llevaba los carbones todavía encendidos retirados del altar del holocausto (los cuales tenían residuos de la sangre de los sacrificios) y los usaba para quemar el incienso dentro del templo.

Era trabajo del sacerdote quemar este incienso y el proceso era siempre el mismo. En el altar para quemar incienso, que como ya dijimos estaba en el Lugar santo, no se ofrecían sacrificios ni libaciones.


El altar del incienso quedaba justo frente al Lugar Santísimo donde residía el trono del Poderoso de Israel, que era el arca de la alianza. El acto de quemar incienso preparaba el camino para que el sacerdote pudiera ministrar en el Lugar Santo muy cerca de la presencia de Dios que estaba en el Lugar Santísimo. El hecho de que para acercarse al Lugar Santísimo un sacerdote debidamente ataviado (Apocalipsis 7:13-15) debiera pasar antes por el altar del incienso significa que para entrar en la presencia del Señor a un siervo o sierva suyo solo le basta hacerlo mediante la oración y la santidad.


Significado simbólico o espiritual del uso del incienso en la adoración

La Escritura nos muestra que el incienso representa las oraciones de los creyentes:

Suba mi oración delante de ti como el incienso, El don de mis manos como la ofrenda de la tarde. Salmos 141:2
Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos. Apocalipsis 5:8
Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos. Apocalipsis 8:4

Eventos sobrenaturales a la hora del incienso

Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la del incienso y la oración (Hechos 3:1) y a esa hora el Señor hizo un milagro prodigioso (Hechos 3:7); a raíz de ello, el número de los convertidos ese día fue como de cinco mil hombres (Hechos 4:4).


Otro día pero a la misma hora, en la localidad de Cesárea, a Cornelius, un centurión piadoso y temeroso de Dios, se le apareció un ángel con instrucciones precisas de parte de Dios (Hechos 10:1-8).

No es en sí que esa hora tenga algo de especial o sobrenatural, sino que en Israel (y en todo el orbe donde hubiera pueblo de Dios) se acostumbraba arrodillarse y adorar orando hacia el templo donde el sacerdote en turno ofrecía incienso. Las horas en las que se hacía esto eran la tercera, la sexta y la novena, esto es nueve de la mañana, doce del medio día y tres de la tarde.

Así es como la Palabra continúa instruyéndonos diciendo que a la hora sexta Pedro tuvo un éxtasis (Hechos 10:9); y que también a la hora del incienso y la oración a Ezequías, padre de Juan el bautista, se le apareció el ángel Gabriel (Lucas 1:10).

Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase, conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor. Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso. Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso. Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor. Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan. Lucas 1:8-13

Puesto que le había tocado en suerte, acorde al pensamiento hebreo, era designio Divino (Levítico 16:8 / Números 26:55 / 1 Samuel 14:42 / Proverbios 16:33 / Jonás 1: 7 / Hechos 1:26) que Zacarías entrara ese día al Templo a ofrecer el incienso. Dios, mediante las suertes, había mandado llamar a su Casa a Zacarías, pues tenía un mensaje para él: El Altísimo había escuchado sus súplicas, y ahora, el ángel le estaba dando la noticia de que a pesar de las avanzadas edades de él y Elisabet, su mujer, El Padre celestial les concedería a ambos tener un hijo.

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