Mateo 25: ¿Que significan las diez vírgenes, los siervos y el juicio al pueblo?

Explicación de las parábolas de:
Las diez vírgenes, los tres siervos negociantes y el pueblo en general.
Mateo 25

Este pasaje nos muestra cómo juzgará El Señor a las naciones cuando venga en su gloria y se siente en su trono.

La profecía nos menciona a tres grupos: un grupo de mujeres, un grupo de hombres y otro grupo mixto constituido indistintamente por hombres y mujeres. A continuación explicamos el significado de cada grupo.

Grupo 1
Las diez vírgenes
El juicio a las iglesias en el servicio
Mateo 25: 1-13 

El primer grupo que está representado por diez vírgenes nos habla de aquellas iglesias que están al servicio del Señor.

El aceite de oliva simboliza al Espíritu Santo; así que las vasijas sin aceite de las vírgenes imprudentes al estar vacías representan las formas religiosas carentes de espiritualidad y por tanto del amor sobrenatural que solo puede provenir de Dios. Son aquellas iglesias que no obstante ser parte del servicio a Dios están apegadas a lo material, lo mundano y lo superficial.

Grupo 2
Los tres siervos negociantes
El juicio a las personas en el servicio
Mateo 25: 14-30

Enseguida se menciona a tres siervos a los cuales se les entregó diferentes cantidades de dinero para que negociaran con él y obtengan utilidades para su amo; cada uno de ellos actuó conforme a sus habilidades y responsabilidad, pero uno de ellos lo hizo de forma indolente e irresponsable.

El dinero entregado a los siervos simboliza todo aquello con lo que El Señor dota a quienes le sirven en la predicación del evangelio, ya sean tanto los medios materiales como las capacidades sobrenaturales (Lucas 12:48).

Grupo 3
El pueblo llano
El juicio a las naciones
Mateo 25:31-46

Por último se hace mención al pueblo llano, aquellos con pocas capacidades de servir en la enseñanza de la Palabra pero que bien pueden dar de comer al hambriento o de beber al sediento o, si se carecen de medios, visitar al que está en desgracia. O sea manifestar amor a sus hermanos.

Con estas advertencias El Señor nos anima a no desmayar, ni dejar de perder de vista que las cosas de este mundo son pasajeras y que al final de esta vida que es corta nos espera la dicha eterna a todos los que hayamos cumplido fielmente con lo que se nos encomendó.