Ir al contenido principal

La alimentación del pueblo israelita


¿Cuál era la alimentación del pueblo israelita?

La sencilla alimentación del pueblo israelita estaba basada exclusivamente en los productos que les daba su territorio.

El pueblo hebreo, como se les conocía en Egipto a los hijos de Jacob, pasó cuarenta años en el desierto alimentándose de maná (Éxodo 16:35). Mientras estuvieron en Egipto, por su condición de esclavos, se alimentaban de las sobras de sus amos y otros alimentos quizá de primera mano, pero de inferior calidad (Números 11:15).


Al entrar Israel a la Tierra Prometida y tomar posesión de ella el maná cesó y comenzaron a alimentarse del fruto de aquella. (Josué 5:12).


Según descubrimientos arqueológicos, sabemos que el grano para el pan que podía ser de trigo, avena o cebada se molía hasta obtener una fina harina a la cual se le añadía agua y sal (solo en determinados casos se incorporaba levadura) y la masa resultante se ponía sobre piedras calentadas y cubiertas de ceniza. Con ello obtenían un pan delgado o ácimo conocido en la Escritura simplemente como “pan sin levadura”. También existía un tipo de pan más duro que se tostaba para que no se rompiera. Éste era utilizado en las marchas, viajes o expediciones militares.


La vida religiosa dependió siempre del ciclo agrícola y las tres fiestas más antiguas estaban asociadas a la siega de la cebada (Pascua), la del trigo (Pentecostés) y la de la recolección de las frutas estivales (Tabernáculos).



A la temporada de granos se le llamaba Época de Siega y comenzaba entre febrero y marzo, cuando se segaba la cebada y se acudía al Templo en Jerusalén para entregar las primicias de la cebada y celebrar las fiestas de Pascua, Panes sin Levadura y Primicias. La Época de Siega concluía entre mayo y junio, cuando se recogía el trigo y se acudía a Jerusalén por segunda vez en el año, esta vez a entregar las primicias del trigo y celebrar el Pentecostés.


A la temporada del vino y el aceite se le llamaba Época de Cosecha y se celebraba entre septiembre y octubre, cuando se viajaba por tercera vez a Jerusalén a dejar las primicias del vino, el aceite y los granados para las Fiestas de Trompetas, Día del Perdón y Tabernáculos.


La dieta carnívora era muy estricta y estaba sometida a la Ley de Moisés, que clasifica a los animales en puros e impuros, esto es, aptos o no para el consumo y el sacrificio ritual.


Entre los animales impuros estaban  todos aquellos cuadrúpedos que no tenían pezuña hendida o no rumiaban o ambas cosas, como era el camello, el conejo, la liebre y sobre todo el cerdo. Las aves tenían también sus exclusiones, por ejemplo no se podían comer aves de rapiña o carroñeras como eran el águila, el quebrantahuesos, el halcón, el cuervo, el avestruz, el búho, la lechuza, la gaviota, el gavilán, el mochuelo, el ibis, el pelícano, el cisne, la garza, la abubilla y el milano.



En la pesca eran animales impuros aquellos que carecían de aletas y escamas como lo son los crustáceos (camarones, langostas, langostinos, etc.), los pulpos o las anguilas.


En el grupo de los insectos eran impuros todos ellos salvo los provistos de patas traseras largas como son los saltamontes y las langostas.


Existe otro grupo de animales impuros y son aquellos llamados rastreros (que se arrastran por la tierra o muy cerca de ella) de esta forma quedaban excluidas las serpientes, la tortuga, la comadreja, el cocodrilo, la rata, el camaleón, la salamandra, la lagartija y el topo entre otros.


Estaba terminantemente prohibida la sangre. Para evitar ingerirla se metía el cuerpo sin vida del animal acabado de sacrificar en una tina de agua para que la sangre saliera por competo de su cuerpo.


Debido a la escasez de agua y su mala calidad, tomaban mucha leche tanto de cabra como de oveja. Comían también sus derivados como quesos, requesones y yogurt.



El vino era muy apreciado, no solamente como bebida, sino también como medicamento. Los más pobres lo rebajaban con agua para hacerlo rendir más. Era una bebida muy apreciada y no debía faltar en las celebraciones o en los rituales.

Entendiendo el contexto para entender el Mensaje

Para comprender el Mensaje de la Biblia es necesario entender cómo vivían y sentían hombres y mujeres en esos tiempos. La alimentación era lo más importante, pues tener o no qué comer significaba la vida o la muerte.

La comida del mediodía era la más importante y en orden de importancia seguía la más cercana a la puesta del sol o cena. A fin de ahorrar recursos (para iluminar un cuarto debía consumirse valioso aceite) salvo casos especiales (Lucas 11:5-6) ellos se acostaban a dormir en cuanto anochecía por ello tomaban el último alimento o cena antes del anochecer.

En los tiempos bíblicos, una invitación a cenar, ya sea con familiares y amigos o incluso con extraños, se tomaba muy en serio. Se creía que los extraños en una comida eran una bendición de Dios, tal como lo muestra el pasaje en el que Abraham recibe con agrado a los tres extraños que recibió (Génesis 18: 1-15 / Hebreos 13:2).

Por ejemplo, en la cena de Pascua era común que siempre se reservara un lugar por si Dios concedía a la familia la bendición de que un extraño llegara a cenar.


Los patriarcas, Abraham Isaac y Jacob pertenecían a la cultura semi nómada, es decir, vivían en tiendas y se trasladaban de un lugar a otro con sus manadas y rebaños en busca de pastos y manantiales. Su vida era muy similar a la de los beduinos de hoy en día. Pero a la salida de Egipto el pueblo de Israel se asentó en la Tierra Prometida cambiando por completo su cultura.

La vida domestica estaba centrada en el hogar, el cual era construido para llenar las exigencias del clima que durante la mayor parte de año era seco y caliente, solamente refrescado por las lluvias tempranas del otoño y las tardías de primavera útiles para sembrar y cosechar.

Por la escasa precipitación, el agua escaseaba principalmente en las zonas cercanas al desierto. Por ello las casas se construían dotándolas del máximo frescor posible, tratando de minimizar en lo que se podía el consumo de agua.

La mayor parte del pueblo vivía en casas de un solo aposento construidas de adobe sobre cimientos de piedra.

La familia tenía que trabajar arduamente en el campo para poder sobrevivir. El hombre labraba mientras que la mujer y los niños separaban las semillas para eliminar lo que no servía. La mayor parte se trituraba en el molino de mano y se amasaban piezas de pan que eran cocidas en hornos de barro.