No subir por gradas al altar ¿Cuál es el entendimiento espiritual de ese mandato?


Continuando con nuestro minúsculo aporte para la mejor comprensión de La Palabra, hoy nos referiremos al pasaje de la ley de Moisés el cual nos habla acerca de la prohibición a todo siervo de Dios de enaltecerse:

No subirás por gradas a mi altar, para que tu desnudez no se descubra junto a él. Éxodo 20:26

Al sacerdote quien le tocara en turno oficiar en el altar, le estaba prohibido agregar, por comodidad o por lo que fuera, escalones a éste, ya que de hacerlo la consecuencia sería que a los que quedaran abajo solo les bastara con mirar hacia arriba para apreciar las partes íntimas del siervo por debajo de su túnica (que era una especie de bata). En el mundo antiguo la desnudez era una afrenta vergonzosa más allá de lo soportable. Para no pasar esa vergüenza, los sacerdotes debían guardar su dignidad permaneciendo al nivel del suelo, a la par de todos los demás.


 
Entendimiento espiritual

Para nosotros los cristianos -que de la Ley debemos extraer y guardar solo el sentido espiritual-, esta ordenanza significa que quienes somos responsables de servir el alimento espiritual para el pueblo de Dios, no debemos encumbrarnos sobre nuestros demás hermanos, ya que de hacerlo quedaremos expuestos, POR ESTATUTO PERPETUO, a ser humillados y exhibidos ante ellos.

El Señor Jesucristo, en su interpretación espiritual y profética de este pasaje de la Ley que acabamos de leer, nos advierte con severidad: El que se enaltece será humillado. (Mateo 23:12 / Lucas 14:11 / Lucas 18:14 / ).

En los tiempos del Señor Jesucristo

En los tiempos bíblicos se tenía por costumbre que el maestro fuese servido por sus alumnos (1 Reyes 19:21). Al maestro también se le llamaba "amo" o "señor" porque durante el tiempo que duraba la capacitación, precisamente se convertía en el amo del discípulo, quien como parte de la paga por ser capacitado aceptaba convertirse en criado. Por ello es que los discípulos del Señor Jesús también eran sus sirvientes y obedecían todo lo que Él les mandaba hacer. Es por eso también que en la antigüedad maestro era sinónimo de amo o señor (todavía en el idioma Inglés la palabra "master" -maestro- sigue significando "amo").

Pero la noche de Pascua anterior a su crucifixión, Jesús hace algo memorable, nos anuncia que a partir de esa hora la tradición del "amo-maestro" ha tomado un giro repentino:

Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis. Juan 13:12-17

Asombrosamente, Jesús hace algo que no corresponde a ningún amo/maestro, hace el trabajo que en aquellos tiempos toca al sirviente de menor rango: les lava los pies. Con ello nos muestra cómo debe comportarse de ahí en adelante un verdadero maestro cristiano, quien no deberá buscar sirvientes-discípulos para enseñorearse en ellos, sino servirles con humildad a todos aquellos a quienes les lleva el alimento espiritual.

Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. Mateo 23: 10-12

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