Profetas: la enseñanza espiritual de la Ley


El mensaje secreto de la ley de Moisés: la llave del conocimiento

Como ya vimos en las dos entradas anteriores, así como Dios encargó a los levitas de impartir al pueblo la letra de la ley de Moisés, fue a los profetas a quienes se les dio la llave (Lucas 11: 47-52) para conocer el mensaje secreto que Dios mantuvo oculto en esa misma Ley (Marcos 4:11-12).

La interpretación profética de la Ley

Así las cosas, los profetas se encargaban de explicar al pueblo que los ritos y demás preceptos de la Ley, no terminaban en simples estatutos meramente terrenales, sino que guardaban en ellos un significado espiritual, significado éste al que la misma Ley llama estatuto perpetuo (Éxodo 12:14). No es el rito en sí el estatuto perpetuo, pues como la propia Palabra nos muestra, el rito, por ser terrenal, tiene caducidad (Hebreos 8:13 / Hebreos 9:8-10 / Hebreos 10:1, etc.) sino que el estatuto perpetuo es el significado espiritual Y ETERNO de ese rito (Hebreos 10:11-12). Todo esto lo hemos venido mostrando en las entradas con la etiqueta «Ritos y su significado».

Estas fueron las enseñanzas que Dios mandó a los profetas para que instruyeran con ellas al pueblo acerca de Su Ley. Como ejemplo de ello, ponemos esta cita:

Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos. Oseas 6:6

Tristemente fueron precisamente estas enseñanzas las que tanto falsos profetas (Lucas 6:26) como sacerdotes malvados (Mateo 23:29-36) usaron para inculpar injustamente a los profetas enviados por Dios (Mateo 5:12) y azuzar al pueblo para asesinarlos (Lucas 11: 47-52), aludiendo que proponían dejar de cumplir la Ley (Hechos 21:21 / Hechos 21:28).

Pero los profetas no proponían dejar de cumplir la Ley, sino llamar al pueblo a reflexionar sobre la maldad que estaban cometiendo. Muchos entre el pueblo tenían por cierto en sus corazones que solo con cumplir los ritos de la Ley -en otras palabras siendo religiosos- era suficiente para ser aceptados por Dios. Por lo cual pensaban que una vez cumplido su deber religioso estaban en libertad de ser todo lo malvados que quisieran. Los profetas se encargaban de informar a esos hombres cuánto Dios odiaba esa errada creencia, puesto que a Dios, como sus profetas nos enseñan, solo le agradan la justicia y la misericordia, no así la religión (1 Samuel 15:21-23 /Salmo 40:6-8 / Salmo 51:16-17 / Proverbios 21:3 / Isaías 1:10-17 / Jeremías 6:19-20 / Amós 5:21-24 / Oseas 4: 6 / Oseas 6:6 / Miqueas 6:6-8).

Porque el cumplimiento de los ritos no tenía como propósito establecer una religión, sino el preservar para la humanidad entera, todo el mensaje de salvación contenido en la Palabra de Dios.

La Ley y su cumplimiento profético

Los profetas, mediante el Espíritu Santo, comenzaron a descubrir en los preceptos rituales de la Ley un patrón bien marcado (1 Pedro 1:10-12). Dicho patrón tenía que ver con el cumplimiento Divino de eventos a futuro. Así fue cómo, interpretando la Ley, los profetas conocieron y nos legaron el plan de Dios para la humanidad.

Los profetas descubrieron que el ciclo agrícola y los ritos especificados para cada época, no eran otra cosa sino un mensaje mediante el cual Dios estaba comunicando a sus siervos su plan (Amos 3:7). Mensaje que por cierto, es necesario que conozcamos, pues también concierne a nosotros, quienes vivimos en estos que ya son los últimos días. (De todo ello hemos venido hablando en las entradas con la etiqueta «Ciclo agrícola y profecía»).

La actualidad

Escondidos detrás de la ley de Moisés, todavía hay océanos de información (Marcos 4:11-12) que El Señor tiene reservados para los que lo busquen con esmero y humildad (Mateo 11:25 / Lucas 10:21).

Los Escritos que siguen a la ley de Moisés (desde Josué hasta Apocalipsis), emanan de la propia Ley, y no son otra cosa que la explicación espiritual, sobrenatural, misericordiosa y eterna que El Señor, en su infinita bondad, nos obsequia para hacernos saber cómo debemos -tanto cristianos como judíos- obedecer dicha Ley.

La parte en Hebreo de tales Escritos enseña a los judíos a cumplir la Ley en su forma tanto espiritual como literal o ritual; mientras que la parte en Griego nos enseña a los hijos de Dios rescatados de entre la gentilidad -los cristianos-, a cumplir la Ley solo en su forma espiritual.

Tan importante es conocer la Ley en su aspecto ritual y por tanto terrenal, como su significado espiritual y por tanto eterno. Ambos, tanto levitas como profetas daban al pueblo un balance perfecto en el conocimiento integral de la Palabra de Dios.

Los sacerdotes malvados y los falsos profetas de hoy

Pero ustedes se preguntarán (y harán bien), ¿y entonces por qué la nación de Israel, con tan buenos maestros, fracasó en su misión de obedecer a Dios?

La respuesta es simple: debido a la aparición en la escena de un personaje que no había sido invitado: el falso profeta.

Fueron los falsos profetas quienes causaron, con sus enseñanzas erradas (2 Pedro 3:17), la catástrofe de Israel. En la siguiente entrada hablaremos un poco de ellos y cómo siguen cumpliendo en nuestros días su diabólico cometido (Mateo 13:25 / Mateo 13:38) de llevar del pueblo a cuantos más se dejen hacia la perdición (Mateo 7: 13-14 / 2 Pedro 2:1-3 / 2 Pedro 3:16).

Porque como en aquellos días, también hoy sigue habiendo hombres que igual que aquellos sacerdotes malvados, quienes quitaban la llave del conocimiento y ni entraban ni dejaban entrar (Lucas 11:52) siguen promoviendo la religiosidad hipócrita. Y junto con ellos, falsos profetas que arrastran al abismo a los desprevenidos con sus promesas falsas de riqueza terrenal.

Levitas: la enseñanza literal de la Ley



Cuando se lee al pueblo la Palabra de Dios

En la entrada anterior, hablamos brevemente del papel que en el antiguo Israel tenían tanto levitas como profetas en la enseñanza de la Palabra al pueblo. En esta ocasión nos extenderemos un poco más en el trabajo que llevaban a cabo los levitas, y en la siguiente hablaremos del de los profetas.

La Palabra de Dios esta escrita para ser leída en voz alta al pueblo. El efecto sobrenatural de esta acción se puede ver en el libro de Nehemías.

Y los levitas Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías, Maasías, Kelita, Azarías, Jozabed, Hanán y Pelaía, hacían entender al pueblo la ley; y el pueblo estaba atento en su lugar. Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura. Nehemías 8:7-8

En este pasaje, el pueblo judío había regresado de su cautiverio en Babilonia (entre el 500 y el 400 a.C., aprox. ). Casi todos los judíos que llegaron de Babilonia habían nacido y se habían criado ahí, por lo que ya no tenían al hebreo como su idioma. Esta era la razón por la cual no entendían la Ley que se les estaba leyendo en voz alta, pues estaba escrita en hebreo. Pero los levitas, quienes sí habían conservado su conocimiento del hebreo y por lo tanto eran bilingües, traducían al pueblo del hebreo al arameo. A eso se refiere el pasaje cuando dice que «ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura»

Y Nehemías el gobernador, y el sacerdote Esdras, escriba, y los levitas que hacían entender al pueblo, dijeron a todo el pueblo: Día santo es a El Señor nuestro Dios; no os entristezcáis, ni lloréis; porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley. Nehemías 8:9

Lloraban porque se dieron cuenta que, 800 años antes, la ley de Moisés había profetizado justamente lo que a ellos les había venido sucediendo (Deuteronomio 28:47-58 / Deuteronomio 31:16-21), pues debido a su desobediencia, Judá fue conquistada, el templo en Jerusalén destruido, y el pueblo judío llevado cautivo a Babilonia (2 Crónicas 36: 14-23).

https://samuelbarruecos.blogspot.com/2010/09/jesucristo-es-la-palabra-de-dios.html

Al ser leída en voz alta entre la asamblea, la Palabra de Dios hizo su efecto sobrenatural: Aquellos hombres comprendieron que Dios estaba entablando un diálogo con ellos, mediante el cual, les estaba haciendo entender que, por su forma de conducirse, estaban lejos de Él.

Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte. 2 Corintios 7:10

Cuando entendemos que nuestras acciones nos han alejado de Dios, nos entristecemos. Sin embargo, es una tristeza necesaria (2 Corintios 7:10), pues provoca en nosotros el ferviente deseo de pedir perdón y cambiar, para volver a poder estar en comunión con nuestro Padre en el cielo.

Luego les dijo: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque día santo es a nuestro Señor; no os entristezcáis, porque el gozo de Dios es vuestra fuerza. Los levitas, pues, hacían callar a todo el pueblo, diciendo: Callad, porque es día santo, y no os entristezcáis. Y todo el pueblo se fue a comer y a beber, y a obsequiar porciones, y a gozar de grande alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado. Nehemías 8:10-12


Nehemías, Esdras y los levitas, instruyeron al pueblo para que no dejaran en mera tristeza y llanto su entendimiento del pecado. Sino en gozo, pues si bien el pecado nos aleja de Dios, el perdón y el arrepentiemiento nos vuelven a acercar a Él. Arrepentirse es cambiar nuestro modo de pensar, pues cambiando nuestro modo de pensar cambiamos nuestras acciones.

Por su propia maldad, el pueblo había elegido vivir bajo el engaño de los falsos profetas (Jeremías 23:9-40) despreciando, escarneciendo y asesinando a los profetas que Dios les enviaba (2 Crónicas 36:15-16). Fue esa actitud la que dirigió las acciones del pueblo en la dirección contraria a Dios, y como consecuencia el reino de Judá había caido en cautiverio. Pero ahora los judíos estaban de regreso, Dios les estaba dando una nueva oportunidad para oír su Palabra y entender dónde había estado su falta; pedir perdón y arrepentirse cambiando su forma de ser y actuar:

Al día siguiente se reunieron los cabezas de las familias de todo el pueblo, sacerdotes y levitas, a Esdras el escriba, para entender las palabras de la ley. Y hallaron escrito en la ley que El Señor había mandado por mano de Moisés, que habitasen los hijos de Israel en tabernáculos en la fiesta solemne del mes séptimo; y que hiciesen saber, y pasar pregón por todas sus ciudades y por Jerusalén, diciendo: Salid al monte, y traed ramas de olivo, de olivo silvestre, de arrayán, de palmeras y de todo árbol frondoso, para hacer tabernáculos, como está escrito. Salió, pues, el pueblo, y trajeron ramas e hicieron tabernáculos, cada uno sobre su terrado, en sus patios, en los patios de la casa de Dios, en la plaza de la puerta de las Aguas, y en la plaza de la puerta de Efraín. Y toda la congregación que volvió de la cautividad hizo tabernáculos, y en tabernáculos habitó; porque desde los días de Josué hijo de Nun hasta aquel día, no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo alegría muy grande. Y leyó Esdras en el libro de la ley de Dios cada día, desde el primer día hasta el último; e hicieron la fiesta solemne por siete días, y el octavo día fue de solemne asamblea, según el rito. Nehemías 8:13-18

Fue la lectura en voz alta lo que hizo comprender a aquellos hombres que habían estado viviendo en desobediencia a la Palabra de Dios. Pero fue también la oportuna y correcta instrucción de los levitas y demás hombres de Dios, lo que ayudó a entender al pueblo que todos podemos volver a la presencia del Padre simplemente pidiendo perdón y cambiando nuestras acciones, esto es, arrepintiéndonos.

Igualmente, la lectura de la Palabra en voz alta permitirá que Dios, mediante su Santo Espíritu (Juan 16:8), lleve al pueblo a tomar conciencia de su pecado; mientras que la oportuna y correcta intervención de los hombres de Dios, guiarán a la congregación al arrepentimiento.

Profetas y levitas: la enseñanza espiritual de la Ley


Los oficios de levita y profeta en la enseñanza: la enseñanza literal y espiritual de la Ley

Estamos acostumbrados a pensar en levitas y profetas como oficios que se dedicaban al cuidado del templo por parte de unos y el vaticinio del futuro, por parte de otros. Sin embargo, estas funciones no eran la actividad primordial de tales oficios, sino la enseñanza de la Ley.

Para tal fin, el propósito principal del templo en Jerusalén, era fungir como un santuario destinado a preservar y difundir la Palabra que moraba en él. La Palabra que residía en el Templo no solo era el núcleo de éste, sino de todo Israel. La esencia de la Palabra de Dios eran las tablas de la Ley (Deuteronomio 9:10), las cuales estaban a buen recaudo dentro del arca de la alianza, que a su vez residía en el lugar santísimo.

Absolutamente toda la actividad anual de la nación israelita, siegas, cosechas, ritos, festivales, peregrinaciones, y demás cumplimiento de preceptos, giraban en torno a la comprensión y aplicación de la Palabra de Dios. De ahí la importancia que tenía el que toda la nación acudiera a congregarse en el templo de Jerusalén durante las tres peregrinaciones anuales, pues, como ya lo dijimos, el templo funcionaba como un instituto en el que se impartía al pueblo la enseñanza de la Palabra.

Para este propósito, Dios habilitó dos oficios: levita y profeta. Tanto levitas como profetas, estaban llamados a enseñar al pueblo la ley que escribió Moisés (Éxodo 24:3-4), quien era levita y también profeta (Éxodo 2:1-9 / Deuteronomio 18:15). Ambos oficios, el de levita y el de profeta, se complementaban. A continuación vamos a hablar, muy brevemente, de la forma en la que colaboraban.

El oficio del levita: la enseñanza literal de la Ley

...cuando viniere todo Israel a presentarse delante de El Señor tu Dios en el lugar que él escogiere, leerás esta ley delante de todo Israel a oídos de ellos. Harás congregar al pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman a El Señor vuestro Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley; y los hijos de ellos que no supieron, oigan, y aprendan a temer a El Señor vuestro Dios todos los días que viviereis sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para tomar posesión de ella. Deuteronomio 31:11-13
Y dijo a los levitas que enseñaban a todo Israel...2 Crónicas 35:3

El levita servía dentro del templo y al principio solo él tenía acceso a los rollos de la Ley (Deuteronomio 31:9 / Deuteronomio 31:26), los cinco libros que escribió Moisés (Éxodo 24:3-4): Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

La función del levita, en cuanto a la enseñanza de la Palabra (Deuteronomio 6:1), era ocupar los atrios del templo (Salmo 65:4 / Salmo 84:2 / Salmo 84:10), donde el pueblo se congregaba, para leer en voz alta lo escrito en los rollos de la Ley (Deuteronomio 31:11-13). De la misma manera, guiaba al pueblo en el aprendizaje haciéndolo recitar de memoria (Isaías 56:7) y a menudo cantando (Deuteronomio 31:19 / Salmo 51:14 / Salmo 101:1) diferentes porciones de esos mismos rollos (Deuteronomio 6:7-9) para que a su vez los padres de familia lo hicieran igual con sus hijos a su regreso a casa (Deuteronomio 6:4-6 / Deuteronomio 11: 18-20), por lo que la responsabilidad del levita incluía la delicada tarea de enseñar tanto a leer como escribir.

El trabajo de los levitas era pues, el de asegurarse que el pueblo aprendiera correctamente la Ley en su forma literal, esto es, palabra por palabra (Deuteronomio 31:11-12).

El oficio del profeta: la enseñanza espiritual de la Ley

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta. Deuteronomio 18:18-19

Para no interferir con la labor del levita, el profeta debía ejercer su oficio de preferencia siempre fuera del Templo (Jeremías 7:2 / Jeremías 19:2 / Juan 1:23), aunque en ocasiones también podían hacerlo en sus atrios (Jeremías 19:14). Esto es, que donde terminaba la labor del levita, comenzaba la del profeta.

El profeta, a diferencia del levita, que, como ya dijimos, enseñaba la Ley en su forma literal, aleccionaba al pueblo en el significado espiritual de todo lo que habían oído, recitado y memorizado dentro del templo.

Es decir, se encargaba de explicar al pueblo el significado espiritual detrás de los ritos y preceptos de la ley de Moisés -que no son otra cosa sino amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo (Deuteronomio 6:5 / Levítico 19:18 / Gálatas 5:14 / Lucas 10:26-28 / Marcos 12:28-34 / Mateo 22:34-40)-; y también por supuesto, advertía al pueblo sobre las implicaciones futuras de persistir en la maldad (lo que entendemos como “profecías”).

Para el profeta no había secretos ni confusión en la Palabra, porque Dios le hacía entenderla completamente (Amós 3:7), por lo que comprender y enseñar el mensaje era su delicia (Salmo 1:2 / Salmo 119:24).

Aplicación en la iglesia de hoy

La finalidad tanto del levita como del profeta era pues, que el pueblo no pereciera por falta de conocimiento (Amós 2:12 / Oseas 4:6). Mientras más profetas y levitas había entre el pueblo (Números 11:29) mejor alimentado y más preparado estaba en el conocimiento de la Palabra; y menos propenso era a caer en las mentiras de los malos siervos y falsos profetas quienes trabajaban solo por amor al dinero y engañaban al pueblo (Miqueas 3:11).

En nuestros días, Dios sigue esperando que el lugar en el que la iglesia se congrega tenga como propósito fundamental el servir como santuario para la Palabra, en donde no solo se le preserve sino se le difunda con amor desinteresado y esmero.

Debe haber hombres que, tal como los antiguos levitas, ayuden al pueblo a conocer en toda su extensión la Palabra de Dios; transmitiéndoles el amor por su conocimiento.

Pero también debe haber hombres que, tal como aquellos profetas, Dios les revele el significado espiritual de su Palabra y así lo enseñen al pueblo.

Así como en el corazón del templo en Jerusalén -el arca de la alianza-, se resguardaba las tablas de la Ley, así también la iglesia, que es la Casa espiritual de Dios (1 Pedro 2:5 / 1 Corintios 3:16 / Efesios 2: 20-22) debe resguardar en su mente y su corazón la Palabra de Dios (Apocalipsis 3:10).

En las siguientes entradas hablaremos de cómo la Palabra nos enseña lo poderoso que es leer en voz alta en la congregación la Palabra de Dios, tal como lo hacían los levitas; y también cómo los profetas enseñaban al pueblo a interpretar los simbolismos de los ritos de la Ley, esto es, la interpretaban espiritualmente.

Falsos profetas: la enseñanza torcida y errada de la Ley


...los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos; y mi pueblo así lo quiso. ¿Qué, pues, haréis cuando llegue el fin? Jeremías 5:31

Los falsos profetas están entre nosotros

En los artículos anteriores explicamos que tanto levitas como profetas estaban comisionados por Dios para encargase de dar al pueblo una enseñanza balanceada e integral de la Palabra. Mientras que los levitas tenían el oficio de enseñar la letra de la Ley (Deuteronomio 31:9-12), eran los profetas quienes mostraban el significado perfecto, verdadero, espiritual, sobrenatural y eterno de la misma (Oseas 12:10).

Sin embargo los falsos profetas y los sacerdotes malvados (Jeremías 5:31) corrompieron el perfecto y equilibrado sistema de enseñanza diseñado por Dios (Jeremías 6:13 / Miqueas 3:11) y llevaron al pueblo al error (Jeremías 5:27-30), pueblo que, no obstante ser advertido en innumerables ocasiones, se empecinó en no hacer caso (Jeremías 6:16-17), atrayendo hacia sí las espantosas consecuencias de destrucción que ya todos conocemos (2 Crónicas 36:15-21)

Todo esto es de particular interés para nosotros, la iglesia de Cristo, pues así como en aquellos tiempos la nación perecía por falta de conocimiento (Oseas 4:6), hoy día también el pueblo necesita alimentarse de la Palabra de Dios para no morirse (Juan 6:51-56); y si bien, Dios ha provisto hombres como aquellos fieles levitas y profetas del antiguo Israel, también el enemigo ha enviado (2 Corintios 11:13-15) sus hombres, quienes hacen para éste la misma labor que aquellos sacerdotes malvados y falsos profetas.

En esta ocasión hablaremos -muy brevemente como siempre-, de los falsos profetas, y dejaremos para más adelante -si Dios quiere-, a los sacerdotes malvados.

Moisés nos enseña a reconocer a los falsos profetas

Moisés, siglos atrás, había dejado por escrito la advertencia de que si bien Dios iba a mandar profetas, también vendrían falsos enviados:

El profeta que tuviere la PRESUNCIÓN de hablar palabra en mi nombre, a quien yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de DIOSES AJENOS, el tal profeta morirá. Deuteronomio 18:20

Acorde a esta profecía, el falso profeta, cumple dos requisitos:

1.- La presunción

Insistentemente presume, es decir se ostenta vanagloriosamente como profeta alegando falsamente que Dios lo mandó a hablar (Jeremías 14:14).

2.- Habla en nombre de dioses ajenos

No es enviado por Dios, sino por dioses ajenos para atraer al pueblo hacia estos. El verdadero cometido del falso profeta es llevar al pueblo, mediante engaños, hacia los dioses ajenos: a la idolatría; y con ello, a su destrucción (Jeremías 23:21-27).

¡Cuidado!: La idolatría tiene diversas formas

En general estamos acostumbrados a relacionar la IDOLATRÍA solo con la adoración de ídolos hechos por mano de hombre (Salmo 115:4 / Isaías 31:7), sin embargo, es la propia Palabra la que nos advierte a ser cuidadosos con ello, ya que la idolatría es mucho más compleja, pues va más allá de la mera postración ante imágenes, por lo cual tiene muy diversas y sutiles formas de manifestarse. Aquella de la que vamos a hablar hoy en específico es la de la AVARICIA:

Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o AVARO, QUE ES IDÓLATRA, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. Efesios 5:5
Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y AVARICIA, QUE ES IDOLATRÍA... Colosenses 3:5

Ahora comparemos estos versículos con el siguiente pasaje:

Porque desde el más chico de ellos hasta el más grande, cada uno sigue la AVARICIA; y desde el profeta hasta el sacerdote, todos son ENGAÑADORES. Jeremías 6:13
Cualquier diccionario Español define la AVARICIA como «deseo y afán de obtener riquezas»; y al AVARO (RA) como «aquella persona ansiosa de adquirir y atesorar riquezas». Algunos diccionarios nos complementan el concepto diciéndonos que la persona avara, debido a su deseo de atesorar las riquezas terrenales, se niega a compartirlas.

Esta es la forma encubierta en la que los falsos profetas ENGAÑADORES introducen la IDOLATRÍA en las iglesias, mediante la AVARICIA, el DESEO Y AFÁN DE ATESORAR RIQUEZAS TERRENALES.

Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. 2 Pedro 2:1

Cuando la Palabra nos advierte que las herejías destructoras de estos falsos maestros se introducirán en las iglesias de manera encubierta, está hablando que lo han hecho sin que los creyentes se den cuenta de ello, y tal cosa solo se consigue llevándola a cabo poco a poco, pero sistemáticamente.

La herejía es una desviación de la sana doctrina; es una enseñanza errónea y por lo tanto falsa. Una herejía puede ser el resultado de extraer de su contexto algún pasaje de la Escritura para hacerlo parecer decir algo diferente a lo que en realidad enseña el mensaje original. A esta artimaña la Palabra le llama «torcer la Escritura» (2 Pedro 3:16).

Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado... 2 Pedro 2:2

Infelizmente esta profecía nos muestra que serán multitudes las que sigan las enseñanzas de esos falsos profetas (Mateo 7:13-14 / 2 Timoteo 3-4).

...y por AVARICIA harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme. 2 Pedro 2:3

Puesto que es la avaricia lo que en realidad les motiva, convierten a la iglesia en un mercado, en donde que SE COMERCIA CON TODO. Para este fin se valen de palabras fingidas, esto es, fingiendo amor a Dios e interés por el alma de las personas.

Perfil del falso profeta de nuestros días

Tenemos entonces con esto, un perfil un poco mejor acabado del falso profeta de nuestros días: quien se ostenta insistentemente como profeta enviado por Dios (Jeremías 23:9-40) mas con engaños, torciendo la Palabra, encubiertamente incita al pueblo a la idolatría por medio de la avaricia, que es el deseo y afán de obtener riquezas terrenales.

Sin embargo esto no es todo lo que la Palabra tiene que mostrarnos ni de la idolatría, ni de los falsos profetas, por lo que más adelante iremos abundando en estos temas tan delicados. Por hoy, basta saber que es una realidad que EN LAS IGLESIAS ABUNDAN Y ESTÁN ACTIVOS LOS FALSOS PROFETAS, y si no les identificamos, corremos el peligro de que sus falsas y melosas enseñanzas nos lleven a la ira de Dios (Efesios 5:6 / Colosenses 3:6 / Romanos 11:21)

Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré... Hebreos 13:5

Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. 1 Timoteo 6:8-10

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Mateo 6:19-21
Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Mateo 6:24

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