Las lluvias tempranas y tardías: significado espiritual


El significado espiritual de las lluvias tempranas, torrenciales y tardías en el antiguo Israel

Como ya sabemos, fue enseñado a nuestros padres que la lluvia simboliza la Palabra de Dios. La Biblia enseña que la Palabra de Dios es como la lluvia porque viene del Cielo y da vida.

La Palabra de Dios y la lluvia

La lluvia que año con año baña la tierra de Israel contiene un vasto simbolismo de la Palabra de Dios. Solo entendiendo la relación que para el pueblo de Israel guardaban la lluvia y la Palabra entenderemos el significado de los conceptos que emanan de Ésta, tales como el bautismo, entre otros.

Esta es la forma en lo que lo aprendieron nuestros ancestros:

Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié. Isaías 55:10-11
Una de las innumerables cosas que este pasaje nos enseña, es que así como la lluvia y la nieve, en el plano terrenal, descienden del cielo para sanar la tierra y volverla fértil; permitir que los manantiales se vuelvan a surtir de agua viva; hacer que los campos reverdezcan para alimentar a los rebaños; y hasta proveer dónde bañarse. En el plano espiritual la Palabra de Dios lleva a cabo el mismo propósito limpiador, regenerador y dador de vida.

Por tanto siempre debes tener claro que en la Biblia todo lo que tenga qué ver con la lluvia, incluido el rito de purificación (bautismo) o mikvé, también tiene que ver con la Palabra de Dios y por supuesto, con el Bendito y Misericordioso Espíritu que habita en Ella.

Una vez entendido lo anterior vamos a explicar lo concerniente a las lluvias y su asombroso significado espiritual.

La época de lluvias en el antiguo Israel estaba dividida en tres tiempos: 

1.- Lluvias tempranas
2.- Lluvias torrenciales
3.- Lluvias tardías

Los tres tiempos de lluvias (tempranas, torrenciales y tardías) tienen un significado espiritual puntual muy vasto, pero aquí hablaremos únicamente de lo básico dejándote tan solo una pauta para que tú por tu cuenta desarrolles tu propia búsqueda acerca de estos símbolos.

1.- ¿Qué son las lluvias tempranas?

En el antiguo Israel las lluvias tempranas por lo regular se presentaban entre nuestros meses de septiembre y octubre y solo duraban unos pocos días, quizá hasta una semana, pero eso era justo el tiempo y la cantidad necesaria de agua que la tierra, endurecida y agrietada por la  calurosa estación seca previa, necesitaba para comenzar a ser arada. Por lo regular eran ligeras, pero el efecto en la tierra de esa primera lluvia del ciclo agrícola era absolutamente milagroso. Gracias a lo nutrido y humedecido que quedaba el suelo, poco más adelante, luego de haberla arado y sembrado correctamente, comenzaban a surgir los primeros brotes tiernos.


La tierra de Israel, como ya dijimos, endurecida y agrietada por el verano desértico (Jeremías 14:4), ante los asombrados ojos de los hombres, literalmente volvía a la vida. Las lluvias tempranas, eran la más milagrosa y amorosa manifestación Divina de aquellos días (Joel 2:23-24).

Las lluvias tempranas: significado espiritual

Las lluvias tempranas simbolizan la Palabra de Dios que, Misericordiosa, llega al corazón seco y endurecido del pueblo de Dios.

Es a las lluvias tempranas que El Señor Jesucristo alude cuando habla del corazón humano en la Parábola del sembrador. Luego entonces, las lluvias tempranas simbolizan la llegada de la Palabra de Dios en medio de la sequía espiritual.

Así como la lluvia temprana, que sensibiliza la tierra y la dispone a ser sembrada, la Palabra de Dios, es una lluvia espiritual e invisible (Juan 3:8) que viene del Altísimo y sensibiliza los corazones de su pueblo que ha vagado por el mundo lejos de la Palabra de Dios (Efesios 2:13). Los efectos de la Palabra en el corazón humano son los mismos que los efectos de la lluvia en la tierra. Así como la lluvia hace que la tierra produzca fruto en abundancia, la Palabra hace dar frutos espirituales que producen salvación (Gálatas 5: 22-26 / 2 Pedro 1:5-8).

Y conoceremos, y proseguiremos en conocer al Señor; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra. Oseas 6:3

Mientras que la tierra es nuestro corazón (Lucas 8:8) la Palabra es la semilla (Lucas 8:11) y el Espíritu Santo es la lluvia. Ambos vienen de Dios, pues Él da tanto la semilla (2 Corintios 9:10) como la lluvia (Salmo 65:10). El Señor Jesucristo es la semilla que Dios nos regala (Juan 3:16) y también es la lluvia que nos manda del Cielo (Oseas 6:3). La semilla y la lluvia juntas hacen brotar el fruto de la tierra. La semilla es la Palabra que podemos leer y oír con nuestros ojos y oídos físicos. La lluvia es el entendimiento al que solo el Espíritu Santo nos puede llevar dentro de nuestros corazones (Juan 16:13). El fruto de la tierra es la obediencia incondicional (Juan 12:24) a la Palabra.

Uno araba y el que venía detrás suyo sembraba

Todos esperaban con ansia el cumplimiento de la promesa de las lluvias tempranas, primeras del ciclo (Santiago 5:7). Para cuando éstas llegaban, ya se tenían listos tanto implementos como azadón, arado, etc., como también bueyes y asnos. Toda la familia del agricultor participaba en la siembra, que se comenzaba de inmediato.

Aunque las lluvias tempranas caían entre nuestros meses de octubre y noviembre, nunca eran regulares, incluso podían retardarse hasta bien entrado diciembre.

Los campesinos araban la tierra bajo la lluvia (Proverbios 20:4). En tanto que una persona hacía los surcos con el arado, otra, quien venía inmediatamente detrás, echaba la semilla y la cubría con un poco de la misma tierra.

Es justamente a este proceso de siembra que Juan el bautista alude:

Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado. Juan 1:27

Mientras que Juan preparaba el camino para sembrar, nuestro Señor Jesucristo venía detrás de él para sembrar la semilla, que es su Palabra.

Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, Enderezad sus sendas. Mateo 3:3

2.- ¿Qué son las lluvias torrenciales?

Inmediatamente después de las lluvias tempranas, las primeras del año que humedecían la dura tierra y permitían comenzar a sembrar, llegaban las lluvias torrenciales, más o menos en nuestros meses de noviembre y diciembre. Esas lluvias no solo bañaban los campos ya sembrados y le daban vida volviéndolos fértiles, sino que también llenaba los depósitos de agua para todo el año.


Las lluvias torrenciales: significado espiritual

Significan la llenura del Espíritu y aluden a su pueblo rebozando de vida espiritual y listo para producir al ciento por ciento (Marcos 4:20). Así como las lluvias tempranas significan la Palabra de Dios ablandando y penetrando en el corazón humano, endurecido como la piedra, las lluvias torrenciales simbolizan la vida plena y productiva que trae la abundante llenura del Espíritu que ha sido sembrado con la semilla de la Palabra en tierra fértil.

3.- ¿Qué son las lluvias tardías?

En la alegría del rostro del rey está la vida, Y su benevolencia es como nube de lluvia tardía. Proverbios 16:15

Asimismo, entre enero y febrero, o incluso a veces hasta los primeros días de marzo, se presentaban las lluvias tardías, que cerraban la estación lluviosa y servían para completar la maduración de los granos como el trigo y la cebada, entre otros. Estas lluvias eran leves y se alternaban con días de sol.


Las lluvias tardías: significado espiritual

Sin las lluvias tardías las cosechas simplemente no maduraban, pues su alternancia con el sol permitía que el grano alcanzara su nivel óptimo para el consumo. Por eso, las lluvias tardías simbolizan la presencia de nuestro Dios en los momentos que son decisivos para nosotros una vez que nuestra fe ya está madura.

Las lluvias tardías representan al Espíritu Santo llegando a los corazones de los creyentes maduros en medio de la adversidad y las pruebas más difíciles. Es el último impulso sobrenatural que recibe cada creyente fiel antes de ser recogido y llevado al Padre celestial.


Así como las lluvias tempranas simbolizan ese primer contacto con la Palabra de Dios y las lluvias torrenciales ese fervor de los creyentes recién rescatados del mundo y venidos a la fe, las lluvias tardías simbolizan el Espíritu de Dios llegando a su pueblo cuando tiempo después las pruebas vienen y el ánimo decae.

Tal como las lluvias tardías permitían que las cosechas se maduraran para que pudieran recogerse, al final de los tiempos El Espíritu Santo de Dios se encargará de madurar la cosecha de su pueblo antes de ser recogido (Juan 4:35 / Lucas 3:17) que es el símbolo de las antiguas peregrinaciones.

La estación lluviosa y la Palabra de Dios

En el pensamiento de los hombres en tiempos bíblicos, las lluvias procedían de depósitos en el cielo, cuyas compuertas eran controladas por Dios (Génesis 7:11 / Malaquías 3:10).

...si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Malaquías 3:10

Cuando El Señor dice a través del profeta Malaquías que abrirá las ventanas de los cielos, se refiere precisamente a esos depósitos cuyas compuertas Él controla, mismas que al ser abiertas, se derraman hacia la tierra como una bendición en forma de lluvia, sin la cual, como ya dijimos, era imposible que los campos se llenaran de pastos verdes para el ganado; que los manantiales fluyeran con agua viva; y que la tierra volviera a ser fértil. En otras palabras, sin la lluvia que Dios daba, la vida no era posible.

Esta misma lluvia sin la cual, la vida en lo terrenal no era posible, en lo espiritual significa la Palabra de Dios (Juan 3: 5), que es nuestro Señor Jesucristo (Juan1:1-3) y también su Espíritu Santo (Gálatas 4:6).

Las lluvias simbolizan pues, a nuestro Señor Jesucristo, que descendió del cielo para darnos vida eterna.

No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios. Mateo 4:4 / Deuteronomio 8:3
De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Juan 3:5
 Señor, esperanza de Israel, todos los que te abandonan serán avergonzados; los que se apartan de mí serán como nombres escritos en la arena, por haber abandonado al Señor, que es manantial de aguas vivas. Jeremías 17:13 RVC
Cuando llegue ese día, de Jerusalén brotarán aguas vivas, y la mitad de ellas se irá hacia el mar oriental, y la otra mitad se irá hacia el mar occidental, lo mismo en verano que en invierno. Zacarías 14:8 RVC
Jesús le respondió: «De cierto, de cierto te digo, que el que no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios.» Nicodemo le dijo: «¿Y cómo puede un hombre nacer, siendo ya viejo? ¿Acaso puede entrar en el vientre de su madre, y volver a nacer?» Jesús le respondió: «De cierto, de cierto te digo, que el que no nace de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne, carne es; y lo que nace del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije que es necesario que ustedes nazcan de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y lo puedes oír; pero no sabes de dónde viene, ni a dónde va. Así es todo aquel que nace del Espíritu.» Juan 3:3-8 RVC
Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber”; tú le pedirías a él, y él te daría agua viva.» Juan 4:10 RVC
En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y en voz alta dijo: «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. Del interior del que cree en mí, correrán ríos de agua viva, como dice la Escritura. Juan 7:37-38 RVC

El ciclo agrícola bíblico en función al calendario moderno

Por último, si adecuamos el ciclo agrícola del antiguo Israel en función al calendario moderno podríamos verlo así:

septiembre - octubre:  lluvias tempranas
noviembre - diciembre:  lluvias torrenciales
enero - febrero:  lluvias tardías
marzo - abril:  siega
mayo - junio:  verano y trilla (tribulación)
julio - agosto:  cosecha y fin del ciclo


La Palabra de Dios y los manantiales

En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Juan 7:37-38

El agua viva, es decir, el agua pura que brota del manantial, viene del cielo. Los manantiales dependen de la lluvia y cuando llueve poco o deja enteramente de llover el agua que de ellos brota se torna escasa e inclusive hasta deja de fluir por completo. Aun cuando se vea fluir el manantial del propio suelo lo cierto es que es la lluvia la que lo nutre. Porque es el agua de la lluvia, que se ha filtrado a través de la tierra, la que brota a la superficie en forma de surtidor o manantial yendo a alimentar después algún lago o río que la conduce al mar, de donde pasa en forma de vapor a las nubes las cuales nos la devuelven convertida en agua nuevamente bajo la forma de lluvia.

Así que la Palabra no solo es la lluvia que viene del cielo, sino también el agua viva que brota limpia del manantial que está en los depósitos debajo de la buena tierra, que son los corazones de los hombres que obedecen a Dios y hacen su voluntad.

La Palabra de Dios y la tierra fértil

Visitas la tierra, y la riegas; En gran manera la enriqueces; Con el río de Dios, lleno de aguas, preparas el grano de ellos, cuando así la dispones. Haces que se empapen sus surcos, haces descender sus canales; La ablandas con lluvias, bendices sus renuevos. Salmo 65:10-11

La lluvia vuelve a la vida la tierra. Así como la tierra, que por muy buena que sea, cuando se seca y se pone dura, ya nada puede penetrar en ella para hacerla dar fruto, pero al caerle la lluvia se ablanda y vuelve a ser fértil para ser sembrada con semilla; también el corazón del hombre, por muy bueno que sea, sucede que se seca y se pone duro, y es entonces que necesita el agua del Espíritu de Dios para ablandarse (Marcos 8:17) y volver a la vida, para que la semilla que es la Palabra de Dios (Lucas 8:11) germine y de fruto abundante.

La Palabra de Dios y los campos que reverdecen

El Señor es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar. Junto a aguas de reposo me pastoreará. Salmo 23:1-2

Tal como la lluvia, que cambia el árido paisaje de Israel y milagrosamente lo vuelve fértil y verde, y con ello da abundantes pastos para los rebaños, así también en lo espiritual la Palabra es nuestro alimento no solo abundante, sino también delicado.

La Palabra de Dios y la limpieza personal

De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Juan 3:5
...así como Cristo amó a la iglesia...habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la Palabra...Efesios 5:25-26

Para el hombre el agua siempre será el elemento limpiador por excelencia. En el pensamiento de los hombres en tiempos bíblicos, mientras que el baño con agua remueve las impurezas del cuerpo, la inmersión ritual (2 Reyes 5:10-14) remueve las impurezas del ser interior. Impurezas que impiden la comunión con El Señor.