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Pascua: Las siete fiestas de Israel


...porque nuestra Pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. 1 Corintios 5:7

Pascua es la primera de las siete fiestas en las que el pueblo acudía a Jerusalén, fiestas que anuncian el cumplimiento glorioso de las profecías del Mesías.

No penséis que he venido para abrogar la Ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Mateo 5:17

El cumplimiento del significado espiritual de la Pascua es el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo, cuya carne y cuya sangre nos salvan de la muerte. A continuación examinamos -muy brevemente- tal cumplimiento directamente del texto del libro de Éxodo:

Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia. Éxodo 12:3

Acorde al mandato, cuatro días antes de la Pascua, los israelitas santificaban, es decir apartaban (la palabra hebrea «kodesh» que significa «santo», también significa «apartado») un cordero.


Juan el bautista apartó a nuestro Señor Jesucristo de entre los demás hombres distinguiéndolo como el Cordero de Dios. A su vez, El Padre celestial confirmó este acto profético de manera audible y visible ungiendo y consagrando a  nuestro Señor para el servicio al que se le había apartado ( Juan 1:29 / Lucas3:21-22 / Juan 6:27 / Lucas 4:18).

Purificación interior y exterior

Así como las entrañas del cordero debían ser lavadas, esto es, purificadas por agua para poder ser ingeridas, también nuestro Señor acudió a lo que los cristianos entendemos como bautismo y que en el judaísmo se le conoce como Mikvé, el cual no solo a lo largo de siglos ha sido un rito para la purificación interior o espiritual, requisito necesario antes del contacto con lo Divino (Ezequiel 36:25-27 / Ezequiel 43:26 / Hebreos 10:22).

Las Palabras de nuestro Señor Jesucristo -su carne y su sangre (Juan 6: 53-56)- no solo estan purificadas por agua sino también por fuego. Así -tal como el cordero de Pascua-, la purificación de nuestro Señor fue interior (por agua) y exterior (por fuego). No por que necesitara purificarse, pues su esencia es Eterna y Santa, sino como testimonio a los hombres de su pureza (Mateo 3:15) y un desafiante ejemplo para nosotros, quienes le seguimos (Mateo 16:24-25).

Solo si el cordero era ritualmente purificado por agua y por fuego, esto es, interior y exteriormente, era apto para la ingesta. Entendiendo esto espiritualmente, la purificación por agua y por fuego son, por un lado, el bautismo, y por el otro, los suplicios y la  muerte de cruz (Lucas 3:16 / Marcos 9:49). Ambos son TESTIMONIOS PÚBLICOS; el bautismo o purificación por agua, de que se cumple con la requerida limpieza interior o espiritual (1 Pedro 3:21) ante el Dios examinador (Hebreos 4:12) antes de comenzar el camino de servicio al Altísimo; los suplicios y muerte de cruz o purificación por fuego, son una prueba de que se ha dicho la verdad, y ante la posibilidad de retractarse para evitar padecer (Mateo 10:33 / Mateo 26:69-70), se prefiere morir (Mateo 10:27-28). En ambas purificaciones testimoniales -agua y fuego- los que seguimos a Jesucristo debemos estar bien dispuestos a participar gozosos con Él (1 Pedro 4:12-13 / Juan 12:25-26).

Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero. Éxodo 12:4

En las culturas del antiguo oriente, tomar los alimentos no solo era algo íntimo, sagrado y solemne, sino que era también un acto lleno de misticismo. Una de las muchas cosas que se evitaba durante la comida -a causa de este misticismo- era ingerir los alimentos en compañía de algún extraño, o alguien de quien se tuviera la certeza de su mala reputación (Mateo 9:11).


Para el pensamiento oriental de tiempos bíblicos, comer con alguién -es decir tener COMUNIÓN con él-, creaba un vínculo espiritual e indisoluble (Génesis 43:32 / Éxodo 12:43 / 1 Corintios 5:11).

En el caso de la Pascua, ya el solo hecho de obedecer el mandato compartiendo la comida con el vecino significaba un vínculo solemne con éste ante Dios, pero no era una comida común la que se compartía, sino el animal sacrificado para salvación mutua. Esto añadía a ese vínculo espiritual -ya lo dijimos, eterno e indisoluble- un elemento más: la confraternidad, pues los vecinos, que al compartir los alimentos de la salvación se convertían para siempre en hermanos del alma, esa noche la pasaban juntos y a salvo, bajo la protección de la sangre del cordero, mientras que puertas afuera el heridor mataba sin misericordia a los primogénitos de los egipcios.

Es el mismo vínculo de confraternidad que la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, SU SANTO ESPÍRITU (1 Juan 5:8), crea entre los que nos congregamos en torno a Él para tener COMUNIÓN en su Palabra -la carne del cordero (Juan 6:53)- y obedecerla. Por ello, entre nosotros los cristianos nos llamamos hermanos, pues compartimos la misma sangre espiritualmente ingerida (Juan 6:54).

Por ello también, las dos familias reunidas para comer el cordero y convertidas en una sola, simbolizan a la iglesia (Lucas 8:21), quienes fraternalmente nos reunimos para compartir el Cordero inmolado (Apocalipsis 5:8-9), la Palabra de Dios, que es nuestro Señor Jesucristo (Juan 1:1-3).

El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. Éxodo 12:5

Jesucristo es el Cordero perfecto y sin mancha (1 Pedro 1:19 / Apocalipsis 5:6-14) en su observancia de la Ley, no solo en la forma exterior o ritual de ésta, sino también en la interior, que es la esencial y eterna.

Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. Éxodo 12:6

Así como el pueblo guardaba el cordero, nosotros también guardamos la Palabra de Dios. No solamente atesorándola en nuestros corazones, sino también obedeciéndola, pues al obedecerla, la preservamos (Apocalipsis 3: 10).

Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. Éxodo 12:7

La Palabra nos enseña que la sangre es el espíritu que da vida al ser (Génesis 9:4 / Génesis 4:10 / Hebreos 12:24). El Señor Jesucristo nos muestra que solo comiendo su carne -que es su Palabra (Mateo 26:26 / Juan 6:51)- y bebiendo su sangre -que es su Espíritu (Gálatas 4:6)- tendremos vida eterna (Juan 6:53-57).


La sangre derramada de nuestro Señor Jesucristo es su ser interior, el Espíritu Santo (2 Corintios 3:17 / Gálatas 4:6 / Filipenses 1:19 / 1 Pedro 1:11 / Juan 14:18-20 / Juan 14:23 ), la Presencia Santísima que nos lleva a toda verdad cuando abrimos su Palabra para tener comunión con Ella (Juan 16:13 / Apocalipsis 3:20).

Los postes  y el dintel son los de la CASA ESPIRITUAL -la iglesia- en la cual servimos (1 Pedro 2:5), misma de la que no debemos salir (Éxodo 12:22) pues sus muros invisibles nos protegen (Mateo 7: 24-25 / 1 Corintios 3:9-16) del heridor, el cual no puede entrar.

Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán. Éxodo 12:8

No solo la sangre del cordero, untada en los postes y el dintel salvaba de la muerte, sino comer su carne acompañada de panes sin levadura y hierbas amargas, de cuyos simbolismo hablaremos -también muy brevemente- a continuación:

Como ya dijimos, la sangre del cordero inmolado es el símbolo de El Espiritu Santo y la carne es la Palabra de Dios.

Ya mencionamos que el símbolo de la carne asada al fuego son los sufrimientos por anunciar el evangelio en forma correcta (2 Corintios 4: 7-17 / Hebreos 2:10 / Hebreos 5:9).

Los panes sin levadura son el alimento espiritual, el evangelio que se comparte SIN MALDAD, esto es, sin la intención oculta de ganar algo material a cambio de ello. También simbolizan la ausencia de pecado en nuestras vidas, pues -al igual que la levadura, la cual corrompe la masa y la agusana- el pecado corrompe nuestra alma y la destruye (Gálatas 6:8 / 1 Corintios 5:1-13).

Las hierbas amargas simbolizan la necesaria muerte a este mundo para pasar a la vida eterna en la siguiente (Mateo 10:39 / Romanos 6:11 / Romanos 8:6)

Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas. Éxodo 12:9

Así como la carne cruda -por contener impurezas capaces de causar la muerte- debe ser asada, la Palabra que predicamos ha de ser purificada por el fuego de los sufrimientos (Romanos 8:17 / Hechos 14:22). La cabeza, simboliza los pensamientos; los pies las acciones y las entrañas los sentimientos. Partes del ser que deben estar completamente limpias al anunciar el santo evangelio (Filipenses 2:3 / 2 Corintios 2:17), pues El Señor no solo juzgará nuestras obras, sino también la intención con las que las hicimos (Apocalipsis 2:23 / Mateo 7:21-23).

Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que quedare hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego. Éxodo 12:10

El pueblo no debía seleccionar lo que comía o no del cordero. De la misma forma, nosotros, también pueblo de Dios, no debemos seleccionar lo que queramos obedecer o no de la Palabra (1 Corintios 15:2 / Efesios 5:5-7 / Romanos 16:17-18). Así como lo que dejaran debía ser quemado por fuego al otro día, todo lo que dejemos de obedecer quedará expuesto al castigo eterno en la otra vida.

Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de El Señor. Éxodo 12:11

Debemos vivir en este mundo comiendo la Palabra, siempre listos para nuestra partida -que será en cualquier momento- hacia la siguiente vida. Comer apresuradamente significa no acomodarnos a este mundo en el que estamos de paso (Romanos 12:2 / Filipenses 3:20 / 1 Pedro 2:11).

Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo El Señor. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. Éxodo 12:12-13
Porque El Señor pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará El Señor aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir. Éxodo 12:23 

El Espíritu Santo, la sangre derramada de nuestro Señor Jesucristo (1 Juan 5:8), nos protege de la muerte (1 Corintios 15:55-56). Pascua significa pasar por alto, pues Dios no le permite al heridor (1 Pedro 5:8) entrar en las casas protegidas por Su Espíritu debiendo pasarlas por alto (Josué 2:18-19 / Josué 6: 20-25 / Ezequiel 9:1-6 ).


El significado de fiesta o festival es un llamado, una reunión, una asamblea pública en la que todo el pueblo es convocado. Si bien Pascua es un llamado de Dios, se cumple en lo íntimo, no en lo público. Contrario al llamado a cumplir en el exterior, Pascua es un llamado a cumplir al interior, puertas adentro, para luego salir y cumplir con los restantes llamados puertas afuera, tal como nuestro Señor, nos instruye a proceder (Mateo 10:27).

Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para El Señor durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis. Éxodo 12:14

Estatuto perpetuo significa eterno, y la propia Palabra nos muestra que lo eterno no es lo ritual sino lo espirtual (Colosenses 2: 16-22 / Hebreos 7:28 / Hebreos 8: 4- 7 / Hebreos 8:13 / Hebreos 9:8-14 / Hebreos 9:23-25 / Hebreos 10:1, etc.).

La iglesia del Cordero mantiene este estatuto perpetuo y espiritual no al celebrar rito alguno, sino cumpliendo espiritualmente con este mandato al congregarse en torno a Él para comer su carne y su sangre que son su Palabra y su Espíritu. ¡Esa es la Pascua que ya ha sido sacrificada por nosotros!

...no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. 2 Corintios 4:18

Cumplimiento espiritual de las siete fiestas

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  7. Las siete fiestas de Israel: Tabernáculos
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