Trompetas


Y habló El Señor a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: En el mes séptimo, al primero del mes tendréis día de reposo, una conmemoración al son de trompetas, y una santa convocación. Ningún trabajo de siervos haréis; y ofreceréis ofrenda encendida al Señor. Levítico 23:23-25

Las siete fiestas de Israel: Trompetas

Esta fiesta representaba un llamado serio al pueblo para arrepentirse y convertirse ante la llegada de los días terribles que precederán al regreso de nuestro Señor Jesucristo.

El sonido de la trompeta -shofar en hebreo- era un aviso urgente, una alarma, una llamada de atención para dejar de hacer lo cotidiano y reunirse de emergencia para oír las nuevas (Joel 2:1 / Ezequiel 33:4-6). La Fiesta de las trompetas marcaba el inicio de lo que se conocía como los Diez días temibles, los cuales simbolizan la persecución al pueblo santo que ocurrirá justo antes del regreso de Jesucristo.

No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida. Apocalipsis 2:10

Esta persecución que precede al regreso del Ungido también se conoce como los Dolores de parto del Mesías (Isaías 13:8 / Jeremías 30:6-8 / Apocalipsis 12:1-2 / Marcos 13:8 / Mateo 24:8) o la Gran Tribulación (Daniel 7:23).

Así, esta fiesta marcaba el tiempo para detenerse a reflexionar en la inminente llegada de esos días y disponer los corazones (Lucas 6: 22-23 / Lucas 21:12-17 / Lucas 21:36 / Apocalipsis 11:10) de forma pertinente.

La Fiesta de las trompetas era una santa convocación anual cuyo sentido era recordar al pueblo escogido que cada vez falta menos para el inicio de días terribles (Apocalipsis 1:3), los cuales por consecuencia también marcarán el inicio de la cuenta regresiva para que El Señor Jesucristo regrese a la tierra en poder y gran gloria (Daniel 12:12 / Apocalipsis 19:11-21).

Cumplimiento profético

Los cumplimientos proféticos de las tres primeras fiestas, Pascua, Panes sin levadura y Primicias anunciaron la estancia entre nosotros del Señor Jesucristo como siervo sufriente (Isaías 42:1 / Isaías 49:6 / Isaías 52:13-15 / Isaías 53:10-12) -esto es, como un ser humano igual a nosotros, puesto en servicio (Romanos 15:8)- y han sido concluidos con su muerte, resurrección y ascenso al Cielo.

A la fiesta del medio -apartada en tiempo de las otras seis-, Pentecostés, se le dio cumplimiento aquel día en el que el Espíritu Santo descendió del cielo sobre los apóstoles y demás creyentes que estaban reunidos en Jerusalén (Hechos 2:3-4). Con esta fiesta no solo concluía la época de la siega sino que comenzaba la de la cosecha.

Las últimas tres fiestas tienen que ver con el regreso de nuestro Señor, ya no como siervo sufriente, sino en poder y gran gloria, por lo que tales festivales -correspondientes a la época de cosecha- Trompetas, Día del Perdón y Tabernáculos tendrán su cabal cumplimiento profético al final de los tiempos.

El candelabro y las siete fiestas

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También podemos contemplar el candelabro de siete brazos (Apocalipsis 1:12:13 / Apocalipsis 1: 20 / Apocalipsis 2: 5 ) como una guía de las siete fiestas, cuyas luces han sido glorificadas o encendidas (1 Corintios 15:41) hasta el cuarto cumplimiento de ellos, quedando a la espera de los últimos tres que -tal como los otros cuatro- serán encendidos o cumplidos  por el Señor Jesucristo, que es la Palabra y también El Espíritu.

Así, el cumplimiento profético de las siete fiestas, podemos decir -muy brevemente- es el siguiente:

Pascua - El sacrificio del Señor
Panes sin levadura - La santidad del Señor desde su concepción hasta su muerte.
Primicias - La resurrección y ascenso del Señor.

Pentecostés - El descenso del Espíritu Santo.

Trompetas - Anuncio del regreso inminente del Señor
Día del Perdón - El último día de nuestras vidas terrenales y el fin de este mundo como lo conocemos.
Tabernáculos - El regreso de nuestro Señor, la Resurrección de los justos y la celebración en la eternidad.

Las dos épocas

Recordemos que el ciclo agrícola en Israel se dividía en dos épocas: la siega y la cosecha. En torno a la siega ocurrían las cuatro primeras fiestas del año: Pascua, Panes sin levadura, Primicias y Pentecostés; En torno a la cosecha ocurrían las tres últimas fiestas que son: Trompetas, Día del perdón y Tabernáculos.

El Señor Jesucristo al igual que la cebada (símbolo de su cuerpo terrenal), inauguró esta primera época en la que vivimos, época profética de siega (Apocalipsis 14 14-16 / Marcos 4: 26-29 / Mateo 13:30 / Mateo 13:36-43) que nosotros, su iglesia, igual que el trigo en el antiguo Israel concluiremos al ser llevados al Templo celestial como primicias (Mateo 13:30).

Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca. Lucas 21:28


La Palabra de Dios marca que la Fiesta de las Trompetas debe celebrarse el primer día del séptimo mes (Levítico 23:23-25). Por disposición Divina el pueblo medía el tiempo usando un calendario luni-solar (Génesis 1:14). Mientras que los años eran medidos con el sol, los meses eran determinados con la luna. Para los pueblos de la antigüedad el mes era lo que nosotros conocemos como ciclo lunar, por lo que era con lo que ellos llamaron luna nueva -ese esbelto primer brillo del ciclo- con que nuestros padres daban inicio al mes.


Conforme se acercaba ese día, los centinelas del antiguo templo en Israel se turnaban en guardias a fin de que siempre hubiera alguien vigilando el cielo en espera del surgimiento de la luna nueva, hecho que podía suceder en cualquier hora. Noche y día los vigilantes se alternaban para no dejar ni un momento de sondear la bóveda celeste atentos a la aparición de la señal en el cielo. Como no siempre estaba despejado, a veces solo se lograba divisar la luna nueva entre las nubes, en un instante milagroso en que estas se abrían para inmediatamente volverse a cerrar.

Cuando al fin los centinelas divisaban el primer brillo de la luna nueva, daban la alarma soplando sus trompetas (shofares) para que el pueblo supiera que el gran momento al fin había llegado. Por toda la tierra de Israel comenzaba entonces a expandirse el soplo de los shofares o trompetas, hasta que todos en el territorio quedaban advertidos que la luna nueva había aparecido en el firmamento.