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Mikvé: una preparación espiritual para el matrimonio




Por Anita Diamant | Traducción de Samuel Barruecos

El Mikvé, o baño ritual, simboliza el renacimiento de la prometida y la purifica espiritualmente para su casamiento.

Por siglos la prometida judía se ha inmerso en una Mikvé o baño ritual como preparación para su boda. La Mikvé matrimonial era el primer paso que la mujer tomaba hacia una costumbre que sería parte de sus ritmos vitales durante todo el tiempo que durara su vida reproductiva. Para la tradición judía la Mikvé es una parte central a lo largo de toda la vida matrimonial ya que este ritual indica el momento en el que el hombre y mujer pueden volver a tener contacto sexual, siete días después que el flujo menstrual cesa.



La finalidad de la Mikvé no es la limpieza física sino la espiritual, pues antecede siempre a un encuentro con lo santo. Es así como leemos en la Torah que está prescrita la inmersión ritual no solo para mujeres después de su periodo, sino también para los hombres que han tenido emisiones nocturnas.


También aquel escriba quien trabaje en el rollo de la Torah debe sumergirse antes de escribir el Nombre de Dios. Asimismo todos los conversos al judaísmo deben sumergirse en la Mikvé, señalando su nuevo nacimiento como miembros del pueblo de Israel. Y algunos judíos observantes, tanto hombres como mujeres, van a la Mikvé en preparación del Yom Kippur (Día del Perdón), día en el que se tiene la oportunidad de morir a los pecados pasados y comenzar el año con un corazón puro. Hay incluso observantes tan rigurosos (hasidim), que todas las semanas sin excepción, acuden a la Mikvé como parte de su preparación espiritual para el Shabat.

Acorde al Talmud, la fuente original de toda Mikvé es el río que emerge del Edén. Sumergiéndose en cualquier Mikvé, la gente participa en la santidad del Edén y renacen tan puros como Adán y Eva al momento de ser creados. Mikvé también representa el curso natural de la vida. Espiritualmente hablando, es la matriz de la cual los humanos vuelven a entrar al mundo en estado puro.


Para las novias sumergirse en la Mikvé es una promulgación de la transición de soltera a casada. Entrar en la huppah (dosel matrimonial) es una declaración pública del cambio de estatus, mientras que entrar en la Mikvé es un momento privado de transformación espiritual. La oportunidad de comenzar una nueva vida.

Una Mikvé es todo lo opuesto al agua estancada. Es un saludable cuerpo de mayim hayim, o literalmente “agua viva”. Charcas, lagos, ríos y mares son Mikvot (plural de Mikvé) naturales. Para muchos, la Mikvé de una fuente natural es una experiencia más satisfactoria espiritual, emotiva y estéticamente en comparación con la Mikvé bajo techo que más parece una piscina miniatura. Sin embargo, temperatura y clima o presupuesto familiar a menudo son factores decisivos para optar por la Mikvé bajo techo.

La ventaja de la Mikvé bajo techo, la cual debe contener agua fresca de manantial, agua de lluvia o inclusive nieve derretida, es que está calentada a la temperatura corporal.


El rito de purificación es muy simple, consta de dos o tres inmersiones y una bendición. Ya que es algo estrictamente personal, ningún rabino u otro experto religioso de ningún tipo es necesario. Entras al agua desnuda, extiendes los brazos y te sumerges a ti misma hasta que todo el pelo te quede bajo el agua. Los ojos no deben estar cerrados firmemente. Luego pataleas hasta el fondo, y tomas una posición fetal. Debes imaginarte a ti misma tanto como te sea posible como un feto en la placenta de su madre. Luego de salir del agua repites la bendición para la inmersión:

“Barukh ata Adonai Eloheynu Melekh Ha-olam asher kid’shanu, be-mitzvotav vitsivanu al ha’tevilah”.
“Bendito seas Señor, Dios de la creación, quien nos santifica con tus mandamientos y nos ordenas obedecer la inmersión”.

  
El número de las inmersiones varía de acuerdo a la costumbre: dos son las comunes, pero tres también son las tradicionales porque la palabra Mikvé aparece tres veces en la Torá.

  
En casi todas las Mikvot hay una mujer que te asiste en todo tu proceso ritual (universalmente conocida como “la dama del Mikvé”) y si es tu primera vez, lo más seguro es que su presencia te hará sentirte incómoda. Aquí es importante recordar que su función no es juzgarte, sino simplemente asistirte en la correcta ejecución del ritual; durante todo el cual ella permanece callada y pendiente de tus necesidades.

Aunque las inmersiones y bendiciones solo toman unos cuantos minutos, ten en cuenta que la estancia en el Mikvé dura alrededor de una hora. Antes de la inmersión ritual serás conducida a un cuarto de baño privado donde habrás de asearte. El cuarto estará equipado con toallas y posiblemente hasta con cepillos de dientes disponibles, pasta de dientes kosher, shampoo y humectante para el pelo (Cuando llames para hacer una cita pregunta qué es lo que debes traer contigo).


El orden en el que te asees depende completamente de ti, pero debes poner excesiva atención en la limpieza de tus dedos, pies, uñas y orejas. Si hay disponible una tina con agua caliente y la Mikvé no está muy concurrida, tómate tu tiempo y relájate. Considera llevar algún baño de burbujas y una máscara facial. Luego dúchate, enjabona tu pelo y enjuágalo bien. Una vez hayas acabado de ducharte  pasa el hilo dental por tus dientes y cepíllalos. Peina todo tu pelo en la misma dirección. Habrá una toalla o bata para cubrirte antes que estés lista para llamar a la dama del Mikvé.


Ella te llevará a la Mikvé y te inspeccionará para asegurarse que estás lista para sumergirte (esto usualmente no toma más de unos cuantos segundos). Ella entonces te pedirá que te sumerjas  a ti misma y te guiará en las bendiciones. Si ya sabes las oraciones puedes hacerle saber que tú sola vas a recitarlas.

Después regresas al cuarto de baño para vestirte. Y ya esta. Antes de abandonar la Mikvé tómate un tiempo para reflexionar lo que este ritual significó para ti.

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