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Parábola del joven rico: entendimiento espiritual


Un joven rico se acercó a Jesús y le preguntó:

—¿Qué cosa buena debo hacer para tener la vida eterna?

Jesús le respondió:

— Si quieres entrar en la vida guarda los mandamientos.

—¿Cuáles? —preguntó el joven.

Y Jesús le dijo:

—“No mates, no cometas adulterio, no robes, no digas mentiras en perjuicio de nadie, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo”.

—Todo eso ya lo he cumplido —dijo el joven—. ¿Qué más me falta?

Jesús le contestó:

—Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres. Así tendrás riqueza en el cielo. Luego ven y sígueme.

Cuando el joven oyó esto, se fue triste, porque era muy rico (Mateo 19:16-22).


Es importante entender estas Palabras en su correcto significado. Si bien el cumplimiento espiritual de los mandamientos de la Ley se resume en amar a Dios por sobre todas las cosas y a nuestros hermanos como a nosotros mismos (Romanos 13:8 / Gálatas 5:14) hay un nivel superior al que podemos aspirar en la siguiente vida: los tesoros en los cielos.


Y es que según la enseñanza de la Biblia, algunos tendrán más que otros en el reino venidero:

... pero el trabajo de cada cual se verá claramente en el día del juicio; porque ese día vendrá con fuego, y el fuego probará la clase de trabajo que cada uno haya hecho. Si lo que uno construyó es resistente, recibirá su pago; pero si lo que construyó llega a quemarse, perderá su trabajo, aunque él mismo logrará salvarse como quien escapa del fuego. 1 Corintios 3:12-15 (Versión Dios Habla Hoy)
Y dijo a los que estaban allí: Quítenle las mil monedas, y dénselas al que tiene diez mil. Porque al que tiene, se le dará más, y tendrá de sobra; pero al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará. Mateo 25:28-29 (Versión Dios Habla Hoy)


El Señor Jesús tenía la habilidad de comunicarse igual con un campesino que con un acaudalado hombre de negocios en los términos del lenguaje que cada uno pudiera entender.

En realidad lo que Jesús le proponía a aquel joven rico era un extraordinario negocio: vender algo de valor y comprar con el dinero obtenido algo INVALUABLE. Me explico: los bienes terrenales por muy alto que puedan llegar a apreciarse en términos monetarios, dada su condición, siempre tendrán un valor limitado. En cambio, los tesoros celestiales tienen un valor no solamente infinito (ilimitado), sino también eterno.

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Mateo 6:19-20
Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Lucas 12:33-34
Para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros. 1 Pedro 1:4 


Lo que Jesús aconsejaba a aquel rico era vender todas sus posesiones con el fin de adquirir con el dinero obtenido de ello algo de un valor infinitamente superior: tesoros en la eternidad. Claro que por un pequeño lapso de tiempo -lo que durara la vida del hombre en esta tierra- tal vez pasaría incomodidades, pero al iniciar la siguiente vida todo sería diferente pues ya comenzaría a disfrutar de los dividendos de su inversión.



Este sencillo razonamiento lo puede comprender perfectamente cualquier hombre de negocios. Cuando uno se aventura en una inversión debe mantener los gastos personales al mínimo y prepararse a hacer sacrificios. Pero una vez que la inversión comienza a rendir frutos uno puede comenzar a vivir de manera cada vez más holgada. Esto era lo que Jesús estaba aconsejando al joven hombre de negocios: ¡El negocio de su vida!


Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo. Mateo 13:44

Ahora bien, esto debe entusiasmarnos, pues es información privilegiada. En el mundo de los negocios la información privilegiada vale una fortuna. Es información a la que no cualquiera puede tener acceso, pues se obtiene solo mediante un alto costo. Por ejemplo, si un gran inversionista paga por la información cien por ciento confiable de que la próxima temporada el clima va a favorecer las cosechas de naranja y café se apresurará a comprar acciones de la compañías que comercian precisamente esos productos. Antes de las cosechas las acciones estarán baratas, pero cuando comience la venta abundante las acciones de tales compañías se dispararán.


Si a ti que lees estas líneas te dijeran de buena fuente que la próxima semana, por ejemplo, el oro iba a subir a cantidades inimaginables ¿Tú no comprarías todo el oro que te fuera posible? ¿O lo mismo con las acciones de tal compañía que hoy están a precio de regalo mañana van a valer una auténtica fortuna?



Lo que Jesús hizo con aquel joven y de paso con nosotros, fue compartir información privilegiada y de un valor incalculable: nos está diciendo lo que tendrá más valor en la siguiente vida pero que cualquiera puede adquirir hoy.

Asi que en el lenguaje de los negocios la Biblia enseña que debemos hacer uso de nuestros bienes terrenales para adquirir aquellos que tendrán más valor en la siguiente vida.


De la misma forma que ahorras para el retiro (y haces muy bien, por cierto) piensa también en invertir a plazo eterno. Las inversiones que hacemos son a plazo corto, mediano y largo, pero los hijos de Dios añadimos otra modalidad a ese tipo de inversiones: las inversiones a plazo eterno. No hay mayor bienaventuranza que ayudar al necesitado. El Señor recompensará grandemente en la eternidad a aquellos que en esta vida hayan ayudado a los que menos tienen.

Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. Juan 6:27

¿Por qué los ricos no entrarán en el reino de los cielos?

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Mateo 19:23

Para terminar debo aclarar que no es que en sí las riquezas impidan la entrada al reino de los cielos, sino el amor a éstas.

Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Mateo 6:21

Los ricos aman sus bienes terrenales y no quieren separarse de ellos. Ellos no quieren compartir sus riquezas terrenales con los necesitados, esa actitud les impedirá entrar en el reino de los cielos.



Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna. Mateo 25:45-46

Si amamos las riquezas materiales que nos ofrece esta vida en nuestro corazón no habrá espacio para las riquezas espirituales de la siguiente, las cuales se obtienen actuando con compasión por los que menos tienen. No hay absolutamente nada de malo en trabajar y mantener a nuestra familia, siempre y cuando nuestro corazón no se llene de egoísmo.

Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. Marcos 12:29-31

La Biblia nos enseña que el amor a Dios y a nuestros hermanos más que a una emoción está vinculada a la acción de dar. ¡Amemos al Señor y a nuestros hermanos que menos tienen no solo con todas nuestras fuerzas sino también con todo lo que tenemos!

Pero si bien es cierto que ayudar al prójimo en esta vida tiene su recompensa en la siguiente no es el interés de beneficiarnos lo que debe motivarnos, pues eso no es sano para nuestro corazón. Nuestras intenciones al dar siempre deberán de ser puras y nunca con el interés de obtener algún beneficio por ellas. En esto El Señor siempre nos estará ayudando con su Espíritu que nos limpia de toda impureza.

Ver también: 

Todo lo que podamos obtener en esta vida algún día perderá su valor. Pero lo que ganemos en el reino de los cielos nos durará por toda la eternidad. Decide hoy, decide bien. ¡Hasta la próxima!



Ver también:
· Las riquezas verdaderas

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